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05 octubre 2008

Bolivia: derrota de la derecha

Immanuel Wallerstein

En la sorprendente serie de elecciones en Sudamérica en los últimos cinco años, los más radicales resultados ocurrieron en Bolivia, donde Evo Morales resultó electo presidente. No es porque Morales se plantara en la plataforma más radical. Fue más bien que, en este país donde la mayoría de la población son pueblos indígenas, era la primera vez que una persona indígena era electa presidente de la república. Esto en sí mismo fue una profunda revolución social, y no fue apreciada en lo absoluto por los descendientes de los inmigrantes europeos que siempre han controlado el país.

La gran pregunta cuando Morales fue electo era si podría sostenerse en el cargo, o si la derecha boliviana, tal vez coludida con las fuerzas armadas, podría derrocarlo. Ahora él ha demostrado que puede sostenerse.

Hubo tres elementos principales en su programa. Hoy, el ingreso nacional de Bolivia proviene primordialmente de sus exportaciones de gas, esencialmente a Brasil y Argentina. El gas está localizado en las provincias orientales, la así llamada Media Luna. Y estas áreas son las que tienen los porcentajes menores de pueblos indígenas. La mayoría ahí son descendientes de europeos. Hasta que Morales llegó al poder, los precios a los cuales se vendía el gas eran ridículamente bajos. Y el ingreso se quedaba en gran medida en los gobiernos provinciales del oriente.

Así que Morales buscó renegociar los precios del gas que se exporta. E instituyó un impuesto a los hidrocarburos para que le llegara al gobierno nacional mucho más del ingreso por el gas. Morales intentó utilizar el dinero para la redistribución social por todo el país, lo que por supuesto beneficiaría significativamente a las poblaciones indígenas.

Además, la tierra de las provincias orientales está excepcionalmente mal distribuida. Dos tercios de la tierra pertenecen a un sexto del uno por ciento de la población. Morales quiso limitar las hectáreas que una persona particular pudiera poseer –una forma de reforma agraria importante.

En política exterior, Morales intentó mantener relaciones razonables con Estados Unidos. Continuó aceptando el dinero que Estados Unidos había estado otorgando para las operaciones antinarcóticos, especialmente porque el dinero iba a las fuerzas armadas. Sin embargo, además, dio la bienvenida a la ayuda venezolana y a los médicos cubanos. Era claro que Estados Unidos no estaba contento con Morales y que habría preferido que la derecha boliviana retornara al poder.

La estrategia de esa derecha fue exigir más autonomía para los gobiernos regionales, insinuando, en última instancia, la posibilidad de la secesión –un proyecto que nunca promovieron mientras controlaron el gobierno central. Exigieron un referendo de revocación de mandato de Morales. Pero con esa táctica les salió el tiro por la culata.

Morales aceptó el desafío, y le añadió al referendo de revocación una pregunta de si también debía revocarse el mandato de los nueve prefectos provinciales. En el referendo, Morales obtuvo un contundente 68 por ciento de respaldo, mucho mayor que los votos que obtuviera cuando fue electo originalmente. Siete prefectos fueron reafirmados en su cargo pero dos gobernadores contrarios a Morales fueron echados, lo que permitió a Morales nombrar sucesores.

La derecha en las provincias orientales buscó entonces bloquear las exportaciones de gas. Confiaban en inducir a los gobiernos argentino y brasileño a que presionaran a Morales. Los simpatizantes de Morales comenzaron a manifestarse. El gobernador de la provincia de Pando, Leopoldo Fernández, respondió con represión. Más de 30 manifestantes fueron asesinados en El Porvenir, la ciudad capital. Morales arrestó al gobernador y nombró a un almirante naval nuevo prefecto.

En este punto, la presidenta Michelle Bachelet de Chile convocó a una reunión de emergencia de la organización de los 12 estados sudamericanos, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), para considerar la situación. Los 12 presidentes llegaron a Santiago a la reunión, y de forma unánime adoptaron una resolución del “más pleno y decidido respaldo al gobierno constitucional de la república de Bolivia Evo Morales”, denunciando un posible golpe de Estado. La importancia de esta resolución fue que resultó unánime, y que la firmó aun el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, profundamente pro estadunidense. La resolución fue respaldada por el Grupo de Río, compuesto por 22 países de toda América Latina y el Caribe, incluido México.

La Unasur llamó al diálogo. Morales también llamó al diálogo, aun antes de la resolución de la Unasur. La derecha está entrampada. Su esperanza última era alguna intervención estadunidense. pero Bolivia ha expulsado ahora al embajador estadunidense, Philip Goldberg, por “conspirar contra la democracia”, es decir, con la derecha boliviana. Estados Unidos está ahora retirando sus pequeños proyectos de ayuda en Bolivia. Rusia ha ofrecido cubrir la brecha. Estados Unidos se torna más y más irrelevante en América Latina.

Si uno se pregunta por qué aun Uribe respaldó la resolución, la respuesta es que ningún presidente quiere que la nueva táctica de la secesión reciba apoyo. Estados Unidos intenta también esto en Ecuador, donde también se les revirtió de igual modo, con la gran victoria del referendo por la nueva Constitución del presidente Rafael Correa.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein


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29 septiembre 2008

Nuevo orden geopolítico mundial: fin del Acto Primero

Immanuel Wallerstein

Sería un error subestimar la importancia del acuerdo que el 9 de septiembre tomaron Nicolas Sarkozy de Francia, en su capacidad de actual presidente de la Unión Europea (UE), y Dimitri Medvedev, presidente de Rusia. Es un acuerdo que marca el fin definitivo del Acto Primero del nuevo orden geopolítico mundial.

¿Qué se decidió? Los rusos accedieron a retirar todas sus tropas de lo que se conocen como “áreas centrales de Georgia”, o “Georgia, propiamente”, es decir, las partes de Georgia que los rusos reconocen como Georgia. Estas tropas están siendo remplazadas por 200 monitores de la UE, y es algo que se emprende con base en las garantías ofrecidas por la UE de que no habrá ningún uso de fuerza contra Osetia del Sur y Abjazia.

El asunto del reconocimiento ruso a la independencia de Osetia del Sur y Abjazia se ha dejado abierto por completo. Sarkozy y el ministro de Relaciones Exteriores de la UE, Javier Solana, “esperan” que en el futuro Rusia permita que los monitores de la UE entren en estas áreas. El ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, dijo que no hacen tal promesa y que “todo arreglo de supervisión futura requerirá de la ratificación de los gobiernos de Osetia del Sur y Abjazia”. Lavrov dijo que las tropas rusas se mantendrían en ambas áreas “en el futuro previsible”. Y aunque el secretario del Consejo de Seguridad Nacional de Georgia, Alexander Lomaia, aplaudió las claras fechas límites para la retirada rusa de la Georgia “propiamente dicha”, anotó que era “mala noticia que [el acuerdo] no se refiriera a la integridad territorial [de Georgia]”.

Este acuerdo fue alcanzado por Europa y Rusia, y Estados Unidos no jugó ningún papel diplomático en lo absoluto. Medvedev acusó a Estados Unidos de haber dado su bendición a la acción original georgiana de invadir Osetia del Sur. Dijo que, por el contrario, los europeos son “nuestros socios naturales, nuestros socios clave”.

El presidente de Georgia recibió mucho aliento de John McCain, y el vicepresidente Cheney voló ahí para decir que Estados Unidos daría mil millones de dólares en asistencia para la reconstrucción de Georgia. Pero el secretario de Defensa, Robert Gates, al explicar por qué esta ayuda no incluía asistencia militar y por qué no habría sanciones económicas contra Rusia, dijo: “si actuamos muy precipitadamente, podemos ser nosotros quienes quedemos aislados”.

Así que, ¿cuál es el fondo del asunto? Rusia consiguió en Georgia más o menos lo que quiso. Su reconocimiento “irrevocable” de Osetia del Sur y Abjazia es algo que tal vez pueda canjear en el futuro por un viraje básico en las relaciones de Georgia con Rusia. Si no, no. El hecho es que Europa cree que necesita reconciliarse con Rusia y ha descartado reanudar lo que los chinos llaman “la guerra civil europea”.

Estados Unidos se percata de que no tiene cartas reales con qué jugar. Entre tanto, en Medio Oriente sus aliados más cercanos lo rechazan públicamente. En Irak, el primer ministro Maliki se ha vuelto un negociador muy rudo en torno a la continuada presencia de las tropas estadunidenses, y no es imposible que, si Estados Unidos no hace más concesiones importantes, los acuerdos actuales que terminan el 31 de diciembre simplemente se agoten.

En Afganistán, el presidente Karzai está tan exasperado con las misiones de bombardeo de las tropas especiales estadunidenses que ha exigido “una revisión de la presencia de tropas estadunidenses y de la OTAN en el país”, en lo que CBS News llama un “discurso de palabras ásperas”. La provocación inmediata fue un ataque aéreo en Azizabad que el ejército estadunidense alega que dejó pocas bajas y que estaba dirigido contra los talibanes. Los afganos insisten en que no había talibanes ahí y que un gran número de civiles fue asesinado. Cuando los funcionarios de Naciones Unidas y otros dieron credibilidad a la versión afgana, el general estadunidense de mayor rango en Afganistán, David McKiernan, se retractó de la posición estadunidense e hizo un llamado a que se emprendiera una investigación estadunidense de alto nivel, a cargo de un general venido de Estados Unidos.

Y en Pakistán, el presidente Bush autorizó la persecución álgida de los talibanes de Afganistán a Pakistán, contraviniendo la advertencia del Consejo Nacional de Inteligencia de que esto conllevaría “un alto riesgo de desestabilizar más al gobierno y al ejército paquistaníes”. La incursión consiguió lo que el New York Times llama “una declaración inusualmente fuerte” del jefe del ejército paquistaní, el general Asfaq Kayani, quien dijo que sus fuerzas defenderían la soberanía paquistaní “a toda costa”. Dado que el gobierno estadunidense ha considerado al general Kayani como su fuerte simpatizante en Pakistán, esto no es exactamente lo que Estados Unidos quería escuchar.

Así que, ignorado en Georgia, y atacado por sus aliados más cercanos en Irak, Afganistán y Pakistán, Estados Unidos se encuentra algo descontento por cómo entra en las realidades del mundo posterior a la guerra fría, en el cual tiene que jugar con reglas nuevas que le resultan muy poco de su agrado.

Entre tanto, como nota al margen, irónica y no carente de importancia, el 10 de septiembre se celebró en Ginebra un importante desarrollo de la física de partículas, cuando el laboratorio de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (conocido como CERN, por sus siglas en francés) logró un avance científico importantísimo después de 14 años de trabajo y un gasto de 8 mil millones de dólares. Fue un momento tan importante en la ciencia mundial que sus contrapartes estadunidenses en el Fermilab de Batavia, Illinois, abrieron botellas de champaña a las 4:38 de la mañana para celebrar. Sin embargo, Pier Oddone, el director del Fermilab, admitió que era un “momento agridulce”. Hasta 1993, Estados Unidos era la autoridad en la física de partículas. Ese año, el Congreso estadunidense, inundado de confianza en sí mismo por haber “ganado” la guerra fría, consideraba que resultaba muy costoso construir el tipo de supercolisionador necesario para este avance de la física de partículas –ahora que geopolíticamente era ya algo innecesario. Los europeos tomaron una decisión muy diferente y Estados Unidos se halla ahora en un segundo lugar aquí también.

Llamo a esto el fin del Acto Primero porque ha sellado la realidad de una arena geopolítica verdaderamente multilateral. Por supuesto, hay otros actos por venir. Y cualquier amante del teatro sabe que el Acto Primero meramente establece quiénes son los actores. Es en el Acto Segundo donde vemos lo que ocurre realmente. Y luego ocurre el Acto Tercero con el desenlace.

© Immanuel Wallerstein

Traducción: Ramón Vera Herrera


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