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22 agosto 2008
Riesgo si se cierran normales en el país
17 junio 2007
>> en pocas palabras <<
«EL tema es: “Mi Papá”»
2. — El espejo en el que quiero reflejarme
3. — Un ejemplo a seguir
4. — Un consejero de cabecera
5. — Un muro donde se estrella la adversidad
6. — Un severo líder con el corazón de niño
7. — El tronco de mi árbol genealógico
8. — El soporte económico de la casa
9. — El que siempre está dispuesto a todo
10. — El dulce compañero de mamá
11. — La persona en la que siempre puedo confiar
12. — Lo es todo: médico, maestro, poeta, ingeniero, mecánico
13. — A pesar de que el brillo de mamá es tan fuerte que lo eclipsa: sobrevive generosamente
14. — Rector de la conducta familiar
15. — Caballero a todas luces, sin lugar a dudas, y me atrevo a pensar:
— Gabriel de 11 años de edad
QUE PASA, USA? (R)
En Estados Unidos se nos cayó lo «Licenciados»
Debo confesar que, al llegar a Estados Unidos, “se me cayó algo.”
Lo que nunca me dijeron es que, dentro de ese precio, iba también mi título profesional.
Porque cuando uno llega aquí, lo primero que se nos cae son nuestros apreciados títulos de “Doctor,” “Ingeniero,” “Arquitecto” o el supertaquillero “Licenciado.”
Así que el “Licenciado” Zapata se convirtió en... Mr. Zapata (Mister Zapata). Un título compartido por otros 150 millones de personas que viven en Estados Unidos. (Y a quienes, seguramente, su trabajo NO “les costó”.)
(Tanto, que muchas mantienen el título de MISS muuuuuuucho después de que verdaderamente lo merezcan. Pero esa es otra historia).
O sea, para ser abogado o médico en EU, uno debe tener estudios de postgrado, antes de ser aceptado en este selecto grupo de profesionistas. Cuatro años de universidad no son nada.
“Yo fui militar, estoy jubilado”, respondió. “Y cuando llegué aquí vine a hacer de todo. No importa que allá fuera coronel o general, aquí no puedo esperar que me hagan caravanas por eso”.
Han habido casos que, de no resultar patéticos, serían graciosos: padres que privan a toda la familia por graduar a su hijo con un título universitario. Aunque el muchacho acabe chambeando de algo totalmente distinto.
Pero casi ninguna busca licenciados ni médicos.
No, la mayoría de las empresas buscan técnicos. Científicos, ingenieros, quizá. Pero no porque sus títulos suenen bonito, sino porque son las carreras más necesitadas por la industria. No solo en Estados-Unidos, sino en el mundo.
Lo contrario para nosotros, los “humanistas”: Desdichadamente para los que estudiamos “licenciaturas”, nuestros conocimientos son muy ofertados y poco demandados.
“Yo llegué aquí con mi título de dentista de México”, contaba una destacada odontóloga mexicana viviendo en Dallas. “Me dolió ver que aquí no me lo valían, tuve que comenzar a estudiar la misma carrera de nuevo en Estados Unidos. Y me sorprendí de lo diferente que es la manera de trabajar, de la manera de enseñar y practicar. Me benefició”.
A los gringos, no. Muchísimo menos a los “paisanos” que se han partido la espalda trabajando años acá para lograr lo que tienen hoy.
© «La Crónica» | CÉSAR FERNANDO ZAPATA
06 febrero 2007
Video - LA importancia de Inversion en EDUCACIÓN
22 diciembre 2006
La educación rural
Aquel día, desde que entré a la escuela llamé la atención y fui llamada “maestra”, demostrándome el amor que se les tiene a los maestros y el respeto que aún se conserva en este lugar.
Mi observación al entrar a uno de los grupos fue como a los alumnos les interesa aprender por medio del televisor, desde que se enciende éste, todos permanecen atentos, en silencio y aguardando con ansiedad la clase televisora.
Los alumnos son de escasos recursos y no cuentan con uniformes completos, llevando en lugar de tenis, zapatos para la clase de educación física y a pesar del frío que hay por la altitud se presentan con ropa ligera no contando con la adecuada para el clima, puesto que no tienen dinero para adquirir las necesarias.
En esta escuela sólo hay tres grupos, primero, segundo y tercer grado de secundaria, con sesenta y ocho alumnos en total.
Conversando con el director me mencionaba que es muy difícil que los alumnos terminen la secundaria, ya que muchos de ellos hacen hasta dos horas de camino para poder llegar a la escuela, pese a esto, los alumnos llegan con los pies mojados, con frío y exhaustos del camino, pero con los rostros llenos de alegría de comenzar un nuevo día de escuela.
En ese lugar, aún no llega la tecnología (Internet, celular, etcétera) apenas será instalada la enciclomedia, teniendo tan sólo cuatro computadoras, el material de laboratorio es escaso, sin embargo, el director muestra una gran iniciativa para mejorar las herramientas y brindar una educación con calidad.
La puerta de la escuela permanece abierta a toda hora, las bardas no son altas, ni llenas de protección a diferencias de las de la Ciudad, son más libres, pero respetan esta libertad.
Como mencioné anteriormente sin tecnología los alumnos aún en la adolescencia no tienen pensamientos de suicidio, de vivir a la moda, a pesar de que hay televisión, no son contaminados por los programas, simplemente por que no tienen tiempo, pues, laboran ayudando a sus padres trabajando en la tierra, creando en ellos un carácter de responsabilidad.
Por lo contrario, Molango, desde los alumnos, los maestros y la educación es diferente, pues ya existe la tecnología, la modernidad y por lo tanto la comodidad.
Jamás olvidaré al director de Tlaxcoya, ya que esta visita me enseñó a que realmente la educación podrá ser limitada por escasos recursos, pero saldrá adelante cuando tan sólo una persona quiera hacer algo por su gente.
Personalmente el gobierno debería de mostrar mayor preocupación por las escuelas rurales y no deberían de existir telésecundarias en el Distrito Federal, empezando por el número de alumnos que conforman un grupo (hablando de 40 alumnos) donde el profesor no les brinda la atención debida y el alumno carece de educación.
Entrevisté a los alumnos tanto rurales como urbanos y los del Distrito Federal sólo asisten a la telésecundaria porque les mandan sus padres y no pasar de ser vendedores ambulantes (copiando el oficio de sus padres) a lo contrario de los alumnos rurales que anhelan tener una carrera y poder superarse para ayudar a sus familias.
Pude aprender a valorar y ver la necesidad de mi gente, desde un gis, hasta un balón se cuidaban, siendo estos su mayor tesoro.
Los profesores deberíamos de aprender a amar nuestra carrera, pues nuestra labor es preparar no sólo a hombres y mujeres para un futuro, sino a hombres y mujeres que son el presente de nuestro país.
Testimonio otorgado por una persona que su fin es una revolución social que afecte a su país para que llegue a su objetivo: la democracia.
20 diciembre 2006
Educación de calidad
¿Calidad de la educación o calidad en los conocimientos?
Esta pregunta, que pocos nos habíamos hecho, quedó aclarada por el Prof. Antonio Padilla Arroyo, investigador del Centro de Estudios Universitarios de la UAEM, a través de un maravilloso ensayo publicado por la Revista “EDUCATIVA” (No. 10) del Estado de México.
Es muy satisfactorio comprobar que no es indispensable salir del país y cursar estudios de posgrado en prestigiadas universidades de Estados Unidos o de Europa para tener una clara visión de lo que implica la “calidad educativa” con la que, por cierto, nos han menospreciado internacionalmente por el bajo puntaje que obtuvimos en la evaluación realizada hace poco en México.
Personalmente no tengo la suerte de conocer al maestro Padilla, sin embargo, creo poder imaginarlo al leer su texto. Una persona comprometida con el país y, sobre todo, con los mexicanos. Voy a transcribir a continuación algunos párrafos del ensayo mencionado para referirme después a la luz que nos da, tanto a maestros como a padres y alumnos, la visión de este maestro mexicano.
“La calidad de la educación está asociada, o debiera estarlo, a la importancia de los conocimientos que se crean, se distribuyen y se difunden en una sociedad mediante las instituciones sociales y educativas, desde la familia hasta las universidades.
“En este sentido, la calidad de los conocimientos está enormemente influida por los actores sociales que tienen la capacidad de “decidir” y “determinar” cuáles de ellos son útiles y necesarios. Se trata de una selección que se apoya en juicios de valor, de una elección ética que implica la adopción y aplicación de una o varias concepciones del hombre, la sociedad y la naturaleza, de las relaciones que se establecen entre sí; de diversas formas de construir el conocimiento y de su empleo para ponerlo al servicio de la condición humana”.
Con esto nos queda claro que los conocimientos que ha de impartir a sus habitantes el aparato educativo (llámese familia, escuela o sociedad) serán de calidad en tanto estén íntimamente ligados a la concepción del hombre y sus necesidades materiales y espirituales, definida por la cultura a la que pertenecen. Por lo tanto, válidos para ellos y su particular ritmo de desarrollo. Obviamente, sin dejar a un lado los avances tecnológicos que impone la globalización, pero, considerando en primer término que la calidad de los conocimientos sólo podrá demostrarse en la medida que éstos contribuyan a la resolución de las carencias y necesidades de los individuos y de los grupos sociales mayoritarios.
De aquí que México haya obtenido un bajo nivel en su calidad educativa, pues los parámetros con los que fue medida, no corresponden a su concepción de hombre y sus necesidades.
En el concierto universal de la globalización, la enseñanza en nuestro país apenas alcanza a competir con habilidades y destrezas manuales. Pero en el sentido ético tiene mucho más que ofrecer porque si bien la clase obrera y campesina (que son la mayoría) desconoce la tecnología de punta y los sitios web, lo otro, que sí conoce, lo pone al servicio de su comunidad. El conocimiento adquirido en la práctica de artes y oficios lo aplica de inmediato en la resolución de los problemas “urgentes” para combatir la miseria. Esto habla de cierta calidad del conocimiento, que no fue considerada en la pasada evaluación. La calidad de compartir y divulgar la experiencia para que sirva a los demás.
Dice el maestro Padilla:
“El conocimiento no puede ser de calidad si se orienta a un vaciamiento social; a la renuncia a comprender la complejidad de la realidad humana y al compromiso ético de mitigar, por lo menos en la parte que nos corresponde, la miseria humana. La inteligencia, el pensamiento, la pasión, la democracia y la verdad son los valores éticos que elevan la calidad de la enseñanza y de los conocimiento”.
“Las nuevas tecnologías educativas están transformándose rápidamente. Es indispensable no quedar al margen de ellas, lo cual sería un grave contrasentido. Pero es necesaria una apropiación que requiere pensar en los “fines sociales” que pueden alcanzarse con ellas, y no adoptarlas por simple imitación; organizarlas en función de la difusión del conocimiento científico, técnico, artístico y humanístico que cubra al mayor número de habitantes de nuestro país.
“No podemos permanecer inmóviles en espera de que la realidad virtual, que producen las inteligencias artificiales, el tecnoarte, la nonotecnología, etc. oscurezcan o borren las razas, las clases sociales y las historias por el solo efecto de la “comunicación o la interconexión en el ciberespacio; sino el reconocimiento de éstas para difundir la solidaridad, el respeto, la tolerancia y la pluralidad. En suma, poner la técnica al servicio de la inteligencia y la emoción como nos enseña la actividad artística”.
Resulta muy grato escuchar estas palabras llenas de sabiduría, porque en la práctica nos encontramos diariamente con esa idolatría por los avances tecnológicos que puestos en las manos de alumnos sin criterio, sin un conocimiento mínimo sobre la historia de México y la filosofía se vuelven armas contra su formación humanística. He recibido trabajos de alumnos que conocen la forma de entrar a Internet y bajar cualquier tipo de información que, tras ser encontrada y no leída, los alumnos imprimen para presentar trabajos con una excelente apariencia, pero sin haber comprendido el contenido ni el objetivo de la tarea. Esto los aleja poco a poco de los libros, de las bibliotecas y de las enciclopedias donde se encuentra la gran aventura de la humanidad. Obtener una información aislada evita su ubicación en el contexto en que fue formulada, restando así la posibilidad de que se comprenda la razón de su contenido. Existen instituciones que han sustituido un reglamento básico de civilidad por una lista de accesorios “indispensables” para aceptar a sus alumnos (consistente en: Lap-top, calculadora científica, agenda electrónica, quemador de discos, etc.). Por supuesto, a esto habrá que agregar un teléfono celular, un automóvil y una tarjeta (junior) de crédito para cubrir las emergencias de su educación de calidad. Desafortunadamente no son pocos los padres de familia que hacen un enorme esfuerzo por tener a sus hijos en estas instituciones a las que ven como una inversión puesto que al salir de ellas los hijos tienen acceso a empleos que ofrece la banca, las trasnacionales o los gobiernos estatales y federal (donde se inscribe: “Inútil acudir egresados de la UNAM”). Yo no culpo a los jóvenes de tener esas aspiraciones, es lo que se vende a través de los medios masivos de comunicación. Por eso los maestros estamos obligados a hacer la contraparte, a infundir en nuestros alumnos los valores perdidos, a fomentar el trabajo colectivo, la participación oral en las clases, la lectura conjunta para rescatar grandes enseñanzas de vida; de fondo y no de forma.
Por otra parte, mientras las instituciones privadas ofrecen esta calidad educativa, las escuelas y universidades públicas no pueden cubrir la demanda que requiere el país, no digamos con este tipo de calidad sino en la cobertura. Miles de jóvenes son rechazados del nivel medio y superior, no por su bajo nivel educativo como nos lo han hecho creer simplemente porque no se ha creado la política adecuada para cubrir la demanda. Al respecto el maestro Padilla dice:
“En la práctica, el discurso de la calidad de la educación ha servido para justificar una política de exclusión de importantes sectores de la sociedad mexicana, dejando de lado una de las discusiones más trascendentes, es decir la calidad de los conocimientos.
“Ya grave resulta por sí misma la política de exclusión, pero más seria es la desigualdad creciente en el goce y disfrute de bienes y servicios culturales por sus consecuencias devastadoras para generaciones futuras. Es indispensable buscar estrategias sociales y educativas que permitan contrarrestar los efectos de la política de exclusión en materia educativa; de garantizar el acceso a un número mayor de jóvenes a la educación superior, en particular a las universidades. Esto no pretende seguir alentando expectativas “falsas” entre los jóvenes, de mejoramiento social por vías de la meritocracia académica, sino de ofrecer el acceso al conocimiento universal con lo que ello implica”.
Para concretar y aprovechar estas ideas conviene que los maestros tomemos el papel que nos corresponde dentro de la sociedad. Hacer la lectura de lo que la política educativa del gobierno pretende en realidad, y tomar una actitud responsable de acuerdo a nuestras convicciones. No es difícil transmitir esto a los padres, a los alumnos y la comunidad, menos aún en la situación en la que actualmente se encuentran muchas familias al no poder resolver económicamente la educación de sus hijos. Elaborar un proyecto de vida ajeno a nuestras posibilidades nos produce frustración, pero si logramos que el disfrute de los bienes culturales acumulados por la humanidad llegue a un número creciente de jóvenes evitaremos el desconcierto y, por qué no, la desolación en un mundo ficticio al que tal vez no conviene pertenecer.
Se me ocurre por principio la lectura orientada, la difusión de nuestra historia y nuestras costumbres, de nuestra forma de vida familiar, del respeto a la naturaleza y el disfrute del arte en cualquiera de sus manifestaciones. Se me ocurre el diálogo, donde el intercambio de ideas sea el objetivo principal...Tomar en cuenta el punto de vista de los demás y enriquecernos con él, para que un día con el mismo respeto los demás se enriquezcan con nuestra forma se ser y de pensar.