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23 septiembre 2008

La historia oculta de una llamada telefónica histórica: ¿Quiénes grabaron las últimas palabras de Salvador Allende?

Ernesto Carmona

Cada vez que se evoca el golpe militar en Chile se escuchan o citan las últimas palabras de Salvador Allende, difundidas en vivo por radio Magallanes durante la trágica jornada de aquel 11 de septiembre de 1973. La preservación de esta alocución para la historia, que hoy pertenece al patrimonio cultural y político de la humanidad, se debe al trabajo del periodista Guillermo Ravest Santis y del fallecido radio-operador Felipe Amado, ambos de la Magallanes y entonces militantes del partido Comunista, propietario de la desaparecida emisora, que en ese tiempo encabezaba una red nacional de 14 estaciones.

En la historia desconocida del 11 de septiembre chileno hubo muchos héroes anónimos que simplemente supieron hacer su trabajo. Otro fue Julio Soto, el chofer de Salvador Allende quien, en apenas 11 minutos recorrió unos 15 km desde la residencia presidencial al palacio de La Moneda, que hasta esa fecha simbolizaba la sede del poder legítimo. A sus 24 años, Soto evadió el riesgo de encontrarse con militares y carabineros que ya comenzaban a controlar la ciudad y logró trasladar al Presidente al palacio antes que llegaran “ellos”. Hizo un rodeo tan rápido por las zonas despejadas de la urbe congestionada por el tráfico de las 7 de la mañana, que el resto de la escolta tardó en alcanzarlo. Aunque sobrevivió, pagó su eficacia con tortura y cárcel, pero cumplió con su trabajo, según el relato del propio protagonista a Jorge Luna, de Prensa Latina …35 años después. (1) Y Allende pudo estar a tiempo en su lugar de trabajo para dirigirse por radio a su pueblo y a la posteridad. Sin embargo, se conoce muy poco la pequeña historia que rodea la recepción y grabación de las palabras del Presidente.

Ravest, quien era entonces director de la Magallanes, lleva años luchando porque se reconozca su participación en la salida al aire y la conservación de la última llamada telefónica en que Allende improvisó su memorable alocución, a las 9:20 de la mañana del martes 11, cuando las demás radioemisoras afines a su gobierno ya habían sido silenciadas por los militares. Allende habló adolorido, improvisando un discurso breve y magistral que el radio-operador Felipe Amado grabó para la posteridad. Su instinto lo condujo a utilizar una cinta nueva para registrar mejor calidad de sonido, transmitiendo la voz del Presidente sin pérdida de tiempo.

La calidad óptima de la apresurada grabación permitió volver a difundirla perpetuamente. Esa mañana se repitió una vez más, antes que la radio fuera acallada definitivamente, hasta hoy. Ravest y Amado pudieron grabar 40 copias durante los dos días que debieron permanecer en los estudios de la emisora, obligados a la inmovilidad por el toque de queda que impusieron los nuevos gobernantes desde la tarde del 11 al mediodía del jueves 13.

Las breves palabras del Presidente Allende erigieron una suerte de estatua oral, política y moral de un jefe de Estado que supo defender con su vida la Constitución y la ley. Su verbo fue engrandecido por el metal sereno de su voz y una valentía sin precedentes en América Latina. La estatua oral se fortaleció con el tiempo, mucho antes que se levantara cualquier monumento de piedra en su memoria.

Pequeña historia del último discurso

Allende habló cinco veces por radio durante la mañana del Once. Las primeras cuatro alocuciones fueron transmitidas por radio Corporación, del partido Socialista, como cabeza de una red de emisoras afines al gobierno llamada “Voz de la Patria”. Sólo la quinta y última alocución se difundió exclusivamente por radio Magallanes, a las 9,20 horas, porque las demás emisoras leales al Presidente ya habían sido silenciadas. Dominaba el éter una red sediciosa encabezada por radio Agricultura, de los latifundistas agrupados en la Sociedad Nacional de Agricultura.

Los golpistas acallaron temprano las radios favorables al gobierno en una llamada “operación silencio”, conocida hoy por documentos secretos desclasificados de EEUU. Todos los pormenores del plan de golpe estuvieron en conocimiento de la embajada estadounidense con varios días de anterioridad. Por bombardeo aéreo de sus antenas y plantas transmisoras, o presencia física de la soldadesca en sus instalaciones, fueron acallando emisoras como Corporación, del partido Socialista, Portales, radio privada plegada con Allende, Universidad Técnica del Estado (UTE) y Luis Emilio Recabarren, de la central obrera CUT, ambas controladas por el partido Comunista, la radio Nacional, que era una estación privada propiedad del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y, curiosamente, silenciaron también a radio Balmaceda, del partido Demócrata Cristiano (PDC), que apoyó sin reservas el golpe militar bajo el liderazgo del entonces presidente del partido Patricio Aylwin y el ex presidente de la República Eduardo Frei Montalva.

A las 8 horas, en los estudios de la Magallanes se encontraban Ravest; los radio-operadores Felipe Amado y Federico Godoy; los periodistas Leonardo Cáceres, jefe de prensa, Carmen Torres, Jesús Díaz, Ramiro Sepúlveda, jefe del turno de la mañana, Fernando Barraza, conductor del programa Bitácora, Hernán Barahona, reportero político, Ernesto Saúl, redactor de turno, Rubén Adrián Valenzuela y Enrique Contreras, quien trabajó en el turno de toda la noche del 10 al 11.

También estuvieron presentes el ingeniero Luis Oliva, el subgerente Eulogio Suárez y los locutores Jorge Giacamán y Agustín Fernández, además de dos jóvenes militantes dedicados a tareas de “seguridad” que se quedaron todo el tiempo –dos días– y cuyos nombres nadie registró. Tras una breve reunión, se decidió enviar a la planta transmisora, ubicada en Renca, a pocos kilómetros del centro de Santiago, a la joven reportera Torres, al periodista Díaz y al locutor Fernández para acompañar al “plantero” Sergio Contreras. El joven periodista Valenzuela fue enviado a reportear qué estaba ocurriendo esa mañana en la sede del PDC. Los periodistas Barraza y Barahona abandonaron temprano los estudios, según el relato de Ravest, refrendado por Cáceres, entre otros protagonistas de esta historia todavía con vida. (2)

En la trascripción de las conversaciones secretas de los jefes del golpe, divulgadas una vez desclasificadas años después, el jefe de la aviación Gustavo Leigh conminó a Augusto Pinochet a ocupar rápido la Magallanes. La aviación inició la destrucción de plantas y antenas temprano, pero no hicieron blanco en la Magallanes, en parte por creer equivocadamente que operaba con un transmisor móvil.

La “operación silencio” acalló a todas las radios leales al Presidente Allende, excepto a la Magallanes, que siguió transmitiendo hasta que a algún jefe golpista se le ocurrió enviar tropas a la planta transmisora en Renca. Entonces se apagó la única voz contraria al golpe. Todas las personas que se encontraban allí fueron detenidas, pero curiosamente –en medio del despelote represivo– los militares no allanaron los estudios de la Magallanes en el centro de Santiago, a escasas cuatro cuadras de La Moneda. La planta fue ocupada y silenciada militarmente a las 10,27 horas.

Las cinco alocuciones de Allende

7,55 horas: Allende, quien ya se encontraba en La Moneda, anunció por Corporación y la red “Voz de la Patria” que la Marina había ocupado Valparaíso en un acto de rebelión contra el gobierno legítimo. Llamó a los trabajadores a estar vigilantes en sus sitios de trabajo. Dijo que aún confiaba en una respuesta “de los soldados de la patria que han jurado cumplir con su doctrina. En todo caso –añadió– estoy en La Moneda y me quedaré aquí defendiendo al gobierno que represento por voluntad del pueblo”. A esa hora había poca información sobre la magnitud real de la traición castrense estimulada por las clases propietarias de Chile, los partidos y grupos de derecha y el PDC.

8,15 horas: Allende hizo una segunda intervención, de contenido similar a la primera.

8,45 horas: Más informado de la situación, en su tercera intervención por “ la red La Voz de la Patria” el Presidente ya denunciaba que “hacemos frente a un golpe de Estado en el que participa la mayoría de las Fuerzas Armadas”. Y advertía a los traidores alzados: “Yo no tengo pasta de apóstol ni de Mesías. No tengo condiciones de mártir, soy sólo un luchador social que cumple la tarea que el pueblo me ha dado… Defenderé esta revolución chilena y defenderé el gobierno. No tengo otra alternativa. Sólo acribillándome a balazos podrán impedir mi voluntad de hacer cumplir el programa del pueblo… Compañeros, permanezcan atentos a las informaciones en sus sitios de trabajo, que el compañero Presidente no abandonará a su pueblo ni su sitio de trabajo. Permaneceré aquí en la Moneda inclusive a costa de mi propia vida”.

9,00 horas: La cuarta alocución no fue difundida por la Magallanes, por algún problema que afectó a Corporación o fallas en la conexión, según el relato de Ravest. Los radioescucha de la Magallanes tomaron nota de esas palabras:

“En estos momentos pasan los aviones. Es posible que nos acribillen. Pero sepan que aquí estamos, por lo menos con nuestro ejemplo, que en este país hay hombres que saben cumplir con la obligación que tienen. Yo lo haré por mandato del pueblo y por voluntad consciente de un Presidente que tiene la dignidad del cargo entregado por su pueblo en elecciones libres y democráticas.

“En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la patria, los llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. Ésta es una etapa que será superada. Éste es un momento duro y difícil. Es posible que nos aplasten. Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores, porque la humanidad avanza hacia la conquista de una vida mejor. Pagaré con mi vida la defensa de los principios que son caros a nuestra patria.

“Caerá un baldón sobre aquellos que han vulnerado sus compromisos, faltando a su palabra, roto la doctrina de las Fuerzas Armadas. El pueblo debe estar alerta y vigilante, pero no debe dejarse provocar, ni debe dejarse masacrar, pero también debe defender sus conquistas. Debe defender el derecho a construir con su esfuerzo una vida digna y mejor”.

Salen al aire las últimas palabras de Allende

Radio Magallanes tenía una “plancha”. Éste era el nombre asignado al teléfono a magneto que enlazaba directamente a La Moneda mediante una línea permanentemente viva. En cualquiera de las dos puntas sólo había que dar vuelta a una manivela para activar la línea. De pronto “la plancha” sonó:

9,20 horas: “Era la inconfundible voz del Presidente Allende”, relató Ravest.
–¿Quién habla?, preguntó el Presidente.
–Ravest, compañero…
–Necesito que me saquen al aire inmediatamente, compañero…
–Déme un minuto, para ordenar la grabación…
–No, compañero. Preciso que me saquen al aire inmediatamente, porque no hay tiempo que perder…

Sin separarse del auricular de “la plancha”, Ravest gritó órdenes a pleno pulmón. Leonardo Cáceres corrió al micrófono para anunciar al Presidente. El radio operador Felipe presintió que vivía un instante de la historia y tuvo la buena ocurrencia de anteceder la transmisión con los acordes del himno nacional, que se mezclaron con el anunció de Cáceres.

Así habló Allende por última vez

“Seguramente ésta es la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de radio Portales y radio Corporación.

“Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron... soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino que se ha auto designado, más el señor Mendoza, general rastrero... que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al gobierno, también se ha nominado director general de Carabineros.

“Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un trance histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente.

“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen... ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

“Trabajadores de mi patria: Quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección. El capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara Schneider (3) y que reafirmara el comandante Araya (4), víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas, esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

“Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros; a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días estuvieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas que una sociedad capitalista da a unos pocos. Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron, entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos... porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando la línea férrea, destruyendo los oleoductos y los gasoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de proceder: estaban comprometidos. La historia los juzgará.

“Seguramente radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, lo seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos, mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal a la lealtad de los trabajadores.

“El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

“Trabajadores de mi patria: Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición, pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

“¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

“Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”. (5)

La Magallanes siguió “en el aire” más de una hora

Después de las últimas palabras de Allende, la voz del locutor Giacaman identificó varias veces la emisora: “Esta es radio Magallanes, la voz de la patria, la voz del pueblo, transmitiendo por una red de emisoras patriotas que están resistiendo el golpe fascista de un sector de las fuerzas armadas y de los partidos políticos que no han sabido cumplir con el primer deber que se debe a la patria: respetar la Constitución”.

Más tarde repitieron la alocución y sacaron al aire un par de llamadas de dirigentes políticos, dando instrucciones al pueblo y a la clase trabajadora. Entretanto, la red de radios golpistas que encabezaba Agricultura repetía monótonamente el “Bando militar número uno” de la autoproclamada junta de gobierno que – entre otras– profería esta amenaza: “La prensa, radiodifusoras y canales adictos a la Unidad Popular deben suspender sus actividades informativas a partir de este instante. De lo contrario recibirán castigo aéreo y terrestre”.

Para mantener la continuidad de la transmisión con un mensaje diferente, el periodista Saúl escribió este texto que leyó Giacamán, según los recuerdos de Ravest:

“Llamamos a los trabajadores, a los pobladores, a defender el gobierno popular, a defender al Presidente de la República, a rodear la Moneda para detener el golpe.

“Llamamos a los soldados patriotas, a los soldados que son hijos del pueblo, a plegarse al bando de los trabajadores, al bando de los patriotas.

“Cada minuto que pasa es decisivo. Cada cosa que hagamos es urgente. Radio Magallanes, la voz del pueblo, la voz de la patria, que representa sus valores democráticos y constitucionales, está en el aire y podrá desaparecer en cualquier instante.

“¡Al golpe se resiste con fuerza, con entereza, no dejándose intimidar! ¡Somos tres millones de trabajadores contra 50 mil golpistas!

“La mejor arma son los puños, las máquinas, las herramientas, las palas. ¡Pueblo de Chile: a no dejarse aplastar por el fascismo! ¡A luchar por las conquistas conseguidas en tres años de combates fervorosos! ¡A no dejarse derrotar ni desanimar! ¡Cada minuto que pasa corre a favor de nosotros! ¡Viva Chile!”.

Así transcurrió la mañana del Once en la Magallanes hasta que salió del aire a las 10,27 horas. Después, las cuatro personas que continuaban en los estudios –Ravest, Amado y los dos jóvenes de “seguridad”– se dedicaron a hacer “limpieza”, eliminando documentos comprometedores antes del allanamiento que, empero, nunca se produjo… El hallazgo fortuito en un armario de una caja de pequeños rollos de cinta magnética les inspiró la tarea de grabar 40 copias de calidad óptima con las últimas palabras de Salvador Allende. Y se hizo un trabajo que permitió cumplir para la posteridad lo que anunciara el Presidente: “Seguramente radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, lo seguirán oyendo”.

La otra petite histoire

Por razones desconocidas, la versión real de este episodio histórico fue cambiada por los propietarios de la emisora. Las autoridades del partido Comunista transfirieron el rol de Ravest al periodista Hernán Barahona, quien falleció el 15 de junio de 2008 víctima de un penoso cáncer que lo mantuvo postrado los últimos tres años de su vida.

Ravest impugnó esa “otra historia”, pero nadie le hizo caso. El cambio de roles fue una evidente decisión político-partidaria. Como muchas otras personas, Barahona difundió, reprodujo, distribuyó y envió al exterior algunas de las 40 cintas. Pero la apropiación del rol de Ravest respecto a las últimas palabras del Presidente Allende resultó una brasa ardiente para la escasa gente que conocía cabalmente este episodio, en particular debido a la amistad con el pretendido protagonista y a su larga postración. La mezcla de amistad antigua más sentimientos de lástima, pesar y solidaridad con un amigo enfermo quizás inhibió incluso a quienes pudieron contar la verdadera historia. Hubo muchos comentarios en privado, en que algunos desconocedores de los entretelones encontraron que la disputa de roles entre dos periodistas comunistas era otra noticia sensacional mantenida oculta. Pero nadie publicó la verdadera historia. Quienes se atrevieron a disentir de la versión revisada fueron víctima de presiones o imprecaciones variadas e incluso insultantes. Sin embargo no hubo debate público serio sobre el asunto. Y en Chile escasean los medios capaces de acoger una controversia como ésa. Sólo la desaparecida revista mensual Rocinante se refirió al tema en 2003 en un artículo firmado por el propio Ravest bajo el título “Salvando el último discurso de Salvador Allende” y otro texto de Leonardo Cáceres. (6)

Ravest acudió ante los tribunales éticos del Colegio de Periodistas reclamando que la usurpación de roles es sinónimo de conducta no ética. El Tribunal Regional de Ética y Disciplina del Consejo Metropolitano del Colegio (Tred) reconoció –el 5 de diciembre de 2007– su participación en la recepción, transmisión y rescate de las últimas palabras del Presidente Allende, pero declinó sancionar a Barahona por encontrarse imposibilitado de prestar declaración ante el fiscal de esa primera instancia. (7) La decisión definitiva del Tribunal Nacional de Ética y Disciplina (Trined) ratificó el 7 de abril de 2008 la participación de Ravest en la grabación y rescate del discurso, pero también declinó sancionar a la otra parte por “la usurpación de roles” alegando “prescripción”, entre otros argumentos. (8) El objetivo del reclamo era establecer la cuestión de los roles como lesión ética, pero ambos tribunales reconocieron el papel desempeñado por el acusador Ravest, quien se propone contar la historia en dos capítulos de su libro de memorias –todavía inédito– “Pretérito Imperfecto”.

Epílogo en un poema de bar

E pur si muove, podría alegar Ravest. “Y sin embargo se mueve”, emulando a Galilei. En el fondo, ambos fallos reconocieron su trabajo y el del radio-operador Amado, quien murió trágicamente después del golpe.

Cuando Barahona falleció hubo conmoción y sentimientos de pesar, no sólo en el gremio de periodistas. Su amigo poeta Carlos Cifuentes López le dedicó su Oración por Hernán Barahona o Conversaciones de Bar, publicada el 16 de junio 2008 (9). Allí despide al amigo y brinda por la amistad entre ambos. Los versos de dos estrofas dicen lo siguiente:

–¿Viejo
es cierto
lo del último discurso
de Allende
que rescataste
de la Radio Magallanes?

-Para ser honesto
la mitad
de la historia
es mentira
y la otra mitad…
también.

-¡Salud por eso¡
Larga vida
a los muertos
que se niegan
a dejarnos.

Notas:
2) Correspondencia con Guillermo Ravest –residente en México– y texto de su libro “Pretérito Imperfecto”, aún inédito, y conversación con Leonardo Cáceres. El libro de Ravest está siendo considerado para su publicación por editorial LOM, de Chile.
3) René Schneider Chereau, asesinado por el fascismo el 25 de octubre de 1970. Las armas utilizadas fueron proveídas por la CIA vía valija diplomática de la embajada de EEUU. El asesinato se proponía crear condiciones para un golpe que impidiera la asunción de Allende el 4 de septiembre de ese mismo año, nueve días después.
4) Capitán de Navío Arturo Araya Peters, edecán naval del Presidente Allende, asesinado en su hogar durante la noche del 26 al 27 de julio de 1973. El móvil del crimen fue desestabilizar al gobierno y amedrentar a los oficiales leales a la Constitución y la ley, 44 días antes del golpe militar.
6) Rocinante, edición Nº 58, páginas 7, 8 y 9, agosto de 2003.

08 septiembre 2008

A 35 años de Salvador Allende: El lado oscuro del Chile de hoy

Ernesto Carmona

¿Qué ha cambiado en Chile desde que fue derribado el gobierno democráticamente elegido de Salvador Allende? Han transcurrido 35 años, 17 de dictadura militar y 18 de “transición a la democracia” conducida por una coalición hegemonizada por los partidos Socialista, Demócrata Cristiano y Por la Democracia, seguidos de otros menores, como el partido Radical, llamada Concertación de Partidos por la Democracia.

La primera observación es que la “transición” lleva ya más tiempo que la dictadura. Pero las condiciones de vida del pueblo han empeorado dramáticamente desde la época de Allende. Y hay poca cabida para protestar. Hoy existe una perversa democracia formal que limita el acceso de los pobres a la política y excluye de cualquier participación a la minoría comunista y a otros grupos izquierdistas. Existe un sistema binominal de elecciones que fue creado precisamente para que dos grandes bloques –la derecha y la Concertación– se alternen perpetuamente en el poder, tal como ocurre con los demócratas y republicanos en EEUU.

El fin de la dictadura no fue sólo el resultado de la lucha del pueblo, que aportó generosamente su sangre, instigado por quienes hoy gobiernan al país, sino que prevaleció un acuerdo político impulsado por los mismos factores internacionales que provocaron la caída de Salvador Allende, es decir, EEUU, la CIA, la USAID, el Fondo Nacional para la Democracia (NED, su sigla en inglés) y las grandes corporaciones transnacionales, cuyos negocios de explotación de los recursos naturales mejoraron notoriamente en estos últimos 18 años, según todos los indicadores. Los sectores que producen mayores ganancias al capital local e internacional son la minería del cobre, que es 70% privada, y la industria de la celulosa que se extrae de los bosques del territorio indígena, entre muchos otros rubros.

Neo-derecha “progresista”

La dictadura sigue presente, pero con otra apariencia, en el exitoso modelo de “desarrollo democrático” que padece Chile, pero que se exporta como imagen envidiable para otros países. La carta magna de la dictadura, que data de 1980, ha sido legitimada por sucesivas reformas constitucionales “de parche” concertadas por el gobierno con la derecha parlamentaria. Cada vez que tienen la oportunidad, las organizacionales patronales de la derecha económica manifiestan su satisfacción por la marcha de sus negocios bajo la administración concertacionista, particularmente bajo el sexenio presidencial de Ricardo Lagos (2000-2006).

En estos 18 años de “transición a la democracia”, la Concertación se convirtió en una neo-derecha, con tintura socialista y social cristiana, como ocurrió antes con los partidos “progresistas” en Europa y en otras latitudes, donde la social democracia imitó a la democracia cristiana como nueva expresión partidaria renovada de la derecha tradicional. El socialismo de hoy no es el mismo de los tiempos de Allende. El partido del presidente inmolado que pretendió realizar reformas sociales involuciona por el mismo camino que siguieron antes sus colegas socialistas de España y Francia, los laboristas del Reino Unido, el partido “trabalhista” de Brasil y tantos otros. El Chile de hoy se puede transitar libremente pero por carreteras privadas. Santiago tiene una red de autopistas urbanas que cobran. La gente se ve triste porque está endeudada, aunque existe algo de trabajo, pero precario y “flexibilizado”. Los empleadores no tienen que complicarse con la seguridad social de sus trabajadores. La educación, la salud y la previsión social se han privatizado, convirtiéndose en negocios o “industrias”

Una nueva clase política de apariencia “democrática y progresista” se incrustó en la superestructura del poder del Estado para administrar la expoliación del pueblo chileno y de sus recursos naturales con mayor “eficiencia” que los militares y con pocos reclamos de los trabajadores, gracias al control de la Concertación sobre la Central Unica de Trabajadores (CUT). Esa clase política también ha puesto en marcha un proceso de corrupción a expensas de los fondos públicos sin precedentes en la historia política republicana del país.

Los rebeldes son jovenes

Los disidentes, incluidos cientos de miles de izquierdistas allendistas, no tienen cabida en esta democracia, porque el sistema electoral binominal les bloquea su acceso al Parlamento. Los jóvenes se niegan a inscribirse voluntariamente en los registros electorales. O sea, rehúsan adquirir el derecho al voto. Una vez inscritos tendrían la obligación de concurrir a votar a riesgo de severas sanciones. Si el derecho a voto no se ejerce, en Chile hay castigo. Y el gobierno pretende legislar una inscripción automática al cumplirse la mayoría de edad de 18 años, manteniendo la obligatoriedad del voto, en un esfuerzo desesperado por recuperar la representatividad perdida. Paradojalmente, quienes se oponen a esta medida totalitaria son los propios herederos políticos del pinochetismo que ahora juegan al populismo electoral al mejor estilo del Partido Popular español.

Cuando algunos sindicatos que no están bajo el control de la Concertación y ciertos sectores de la sociedad chilena manifiestan su descontento con el nuevo modelo político-económico que favorece a los ricos, son brutalmente reprimidos por el gobierno nominalmente “socialista”, en nombre del sagrado sistema legal heredado de la dictadura que garantiza la expoliación neoliberal. Los más afectados han sido los sindicatos de trabajadores subcontratados –o tercerizados con empleo precario y “flexible”–, los estudiantes y la etnia mapuche, cuyo territorio permanece ocupado militarmente por años, sin nada que envidiarle a Palestina. Y al igual que Israel, Chile hace caso omiso a las recomendaciones de los organismos de derechos humanos de Naciones Unidas. La región mapuche, con sus habitantes en extrema pobreza perpetua, es un territorio ocupado por Carabineros bajo permanente estado de sitio, mientras sus tierras son explotadas por las industrias madereras de los grupos económicos más ricos de Chile.

El gobierno de la socialista Michele Bachelet eligió el camino de la represión, hasta con 1.500 detenciones de jóvenes estudiantes en el mes de julio 2008. La policía militarizada de Carabineros ejerce una brutalidad sin restricciones, incluso en detenciones regulares ordenadas por algún tribunal. El fallecimiento del jefe policial en un accidente aéreo en Panamá, mientras andaba de compras con su familia y ciertos allegados, fue convertido en tragedia nacional por el gobierno y los medios de comunicación, con duelo oficial y un derroche propagandístico que elevó al difunto a la categoría de un santo.

El rol de los medios

Todo esto ocurre mientras existe una creciente criminalización de la protesta civil, que comenzó reduciendo a 14 años la responsabilidad penal de los jóvenes. Los estudiantes que protestan en las calles corren el riesgo de ser procesados como autores de crímenes, no de desórdenes públicos, como ya ocurre en países como El Salvador, que hizo suya la ley antiterrorista de EEUU, la Patriot Act. Sin embargo, cuando un estudiante de 15 años es detenido y apaleado por Carabineros en las calles de cualquier ciudad, debe permanecer detenido hasta que sus padres vayan a rescatarlo a la comisaría. Es decir, hay un doble estándar entre los derechos ciudadanos y la responsabilidad penal que siempre opera contra los jóvenes.

El debate parlamentario se realizada entre cuatro paredes, casi igual que en los tiempos de la dictadura, sólo que ahora la sala es más grande y hay más protagonistas de la clase política disfrutando de un salario que pagan “todos los chilenos”. Tampoco hay debate público democrático en la prensa, donde no hay acceso para todas las opiniones ni existe cabida para los críticos y disidentes. Los grandes medios de comunicación –cuya propiedad está súper concentrada– apoyan las medidas represivas y demás políticas del gobierno que son del agrado de los grupos económicos y de los poderes fácticos. Los medios practican un doble juego de apoyo y crítica, aunque las portadas más populares se dedican a temas banales. Dos empresarios controlan la prensa escrita del país, Agustín Edwards y Alvaro Saieh, a través de sus diarios insignia El Mercurio y La Tercera. La televisión exhibe el mismo signo ideológico, estigmatiza las protestas sociales, cultiva la banalidad y criminaliza peyorativamente a sus protagonistas a través de todos los canales. El candidato presidencial Sebastián Piñera, que es la versión local de Silvio Berlusconi, tiene su propio canal de televisión, mientras otro responde al Vaticano, un tercero pertenece al multimillonario Ricardo Claro, del Opus Dei, otros dos pertenecen al magnate mexicano Angel González y el canal del Estado es co-gobernador por los intereses comunes de un directorio acordado en cuotas entre la derecha y la Concertación.

Diputados “elegidos” a dedo

Resulta imposible describir in extenso en una simple crónica al Chile de hoy, a 35 años de la muerte de Salvador Allende. Hay múltiples brochazos para pintar esta situación. Por ejemplo, en estos días los chilenos se enteraron de la asunción de un nuevo diputado que jamás fue sometido al voto popular. Se trata del reemplazante socialista del fallecido Juan Bustos, presidente de la Cámara. La ley permitió que el sucesor fuera designado a dedo por el partido del difunto. El premio recayó en Marcelo Schilling, que se hizo célebre como organizador de “La Oficina”, una instancia de espionaje interno creada por Patricio Aylwin (2000-2004) que Ricardo Lagos convirtió en la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI), para vigilar a los disidentes domésticos.

Los empresarios exportadores de productos primarios como uvas, manzanas y peras llevan años quejándose de la devaluación del dólar, que es un fenómeno mundial, no chileno. Con dinero proveniente de las ventas del 30% del cobre que el Estado sigue poseyendo (Allende nacionalizó el 100% de ese recurso), el Banco Central destinó 8 mil millones de dólares para comprar dólares durante todo 2008, haciendo subir artificialmente el precio de la divisa extranjera en el mercado interno a fin de beneficiar a los exportadores. Con esta medida se desató una inflación que eleva dramáticamente el costo de la vida y de la energía, que es básicamente importada como gas de Argentina. De paso, se violó una de las sagradas normas de la economía neoliberal, al manipular “la mano libre del mercado”, pero esto no le importa a los diarios como El Mercurio, que defienden a sangre y fuego el neoliberalismo. El ministro de Hacienda Andrés Velasco llegó a decir que las últimas cifras de aumento del desempleo son buenas porque indican que hay más gente buscando trabajo (sic).

…Y echaron a mi vecino…

Chile fue el país más golpeado por el retrógrado experimento neoliberal mundial que comenzó en los años 70. Precisamente para esa experimentación con un pueblo atado, encarcelado o asesinado, sin capacidad de reclamar, se estableció una dictadura militar. Hoy sus cifras macroeconómicas son buenas, se muestran como ejemplares para otros países, pero los números benefician exclusivamente a los que ya son ricos y al capital extranjero. Los grandes empresarios suelen decir por televisión que ahora sí el país va por “el camino correcto” del crecimiento. Pero crecimiento ¿para dónde? ¿Hacía qué?... Mientras yo escribía esta historia en esta mañana de lunes, vino la policía, un tribunal y la fuerza policial a desalojar y lanzar a la calle a mi vecino de clase media porque no ha pagado su departamento… Como diría Bertold Brecha, ¿cuándo vendrán por mí?...

Foto: Salvador Allende.

23 junio 2008

Preguntas sobre una frustrada operación de la CIA en Chile

Un episodio hasta hoy desconocido de la guerra de Bush

Por Ernesto Carmona*

El Plan Condor, un sistema para secuestrar, torturar y eliminar físicamente a cualquier persona por sus ideas o tendencias políticas, que funcionó en América Latina, sobre todo en época de las dictaduras de Pinochet en Chile y Videla en Argentina, bajo auspicio de los EEUU sigue vigente hoy bajo otra forma y modalidad. Estas redes mundiales de represión trabajan a escala internacional y son capaces de actuar y secuestrar a cualquier persona y violar cualquier soberanía, incluso bajo régimen democrático. Cuentan con la complicidad de ciertas esferas estatales en el país donde intervienen. El caso chileno.

En Chile están ocurriendo cosas tan extrañas como una fallida operación secreta de la CIA para secuestrar en Iquique a un ciudadano libanés supuestamente vinculado a Hezbollah. Esta historia, revelada por el diario de gobierno La Nación, no tuvo ninguna repercusión. Nadie preguntó quién autorizó esas operaciones extranjeras que suponen el ingreso de armas, equipos de espionaje y efectivos que en cualquier país ameritarían una autorización del Congreso Nacional.

La historia de espionaje CIA, relatada por Luis Narváez y Javier Rebolledo en el diario La Nación [1] del domingo 8 de junio, ocurrió en 2002, bajo el gobierno de Ricardo Lagos, pero salió a la luz en un informe reciente del departamento de Estado.

Bajo el título «El frustrado secuestro de la CIA», el diario asegura que en marzo pasado, un informe del Departamento de Estado norteamericano confirmó un episodio hasta hoy desconocido de la guerra de Bush contra el terrorismo islámico.

Con autorización oficial, la CIA practicó seguimientos, escuchas telefónicas y fotografías a árabes residentes en Iquique. Pero la colaboración se acabó cuando la agencia intentó plagiar a un ciudadano libanés vinculado a Hezbollah y la policía civil se negó a ser parte en el secuestro. Pareciera que la Agencia Nacional de Inteligencia de Chile (ANI) no enfrentó esta amenaza «terrorista», porque La Nación no le atribuye ningún protagonismo en esta intriga internacional, sino a una rama de la Policía de Investigaciones llamada Jefatura de Inteligencia Policial (Jipol).

¿Quién es el ciudadano libanés? El matutino asegura que le cambió la identidad para protegerlo, llamándolo «Arafat Ismail».
Se trataría de un comerciante que se instaló en la zona franca de Iquique después de la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre 2001. Sin embargo, pareciera que la presa de la CIA era Assad Ahmad Barakat, supuestamente vinculado a «Arafat Ismail».

Para la CIA, Barakat es la cara visible de los negocios de una supuesta red de Hezbollah en Ciudad del Este, Paraguay, zona franca enclavada en la Triple Frontera con Argentina y Brasil, paraíso del contrabando y la falsificación industrial de relojes Rolex, cámaras, perfumes y toda clase de productos de “marca”.

Según La Nación para «la Secretaría de Prevención del Terrorismo de Paraguay, Barakat es jefe militar de Hezbollah en la triple frontera. De acuerdo a los antecedentes que maneja investigaciones, ingresó a Chile el 25 de junio de 2001, momento en que realizó los trámites para concretar su solicitud de residencia, registrando como domicilio particular Avenida Arturo Prat número 2748, departamento 11, Iquique". El diario dice que es el mismo domicilio que después dio "Ismail».

La Nación aseguró que una «fresca mañana de marzo de 2002 un equipo de agentes encubiertos de la CIA en Iquique preparaba la que sería una de las acciones más audaces en la región». Añadió que «cinco personajes esperaban las órdenes del líder del grupo, una mujer robusta e impecablemente vestida, que se movilizaba en un vehículo con patente roja: era M. T. Para el común de la gente, ella sólo cumplía labores diplomáticas, pero en verdad era la jefa de la CIA en Chile».

Destino: Guantánamo

La Nación : «El plan que tenían los estadounidenses parecía simple. Harían todos los arreglos para que ingresara un avión de transporte indetectable a los radares. Aterrizaría a poca distancia de Iquique, en pleno desierto. Los policías chilenos debían cumplir con el trabajo operativo: apresar al libanés y transportarlo hasta el lugar. Ahí terminaba su labor. Si bien los estadounidenses no comentaron donde lo llevarían, señalaron que necesitaban urgentemente someterlo a un interrogatorio. Aunque nunca se conversó de manera explícita, los agentes de la policía civil sabían que su destino sería la cárcel de Guantánamo o algún centro clandestino. Lo que sí se encargaron de asegurar los integrantes de la CIA es que Chile no se vería involucrado, ni siquiera de forma indirecta, en la operación. Se informaría oficialmente que Ismail había sido apresado dentro de las fronteras de Estados Unidos. Como argumento a su favor, los estadounidenses contaban que cuando Arafat Ismail ingresó a Chile, entregó como domicilio privado el mismo departamento de calle Arturo Prat en que había fijado su residencia Barakat».

El «reportaje» se basa también en un informe publicado el 30 de marzo de 2007 por el Departamento de Estado «donde comunica detalladamente al Congreso de su país las actividades realizadas en todo el mundo a partir del 11/S de 2001, especialmente las de los últimos años». Según ese documento, "funcionarios (chilenos) monitorearon posibles vínculos entre extremistas de la Zona de Libre Comercio de Iquique (Zofri) y los del área de la Triple Frontera, cuando aumentan los lazos comerciales entre ambas áreas".

En lo medular, el diario destacó “la cooperación desde un comienzo con Estados Unidos una vez firmados los convenios sobre la lucha antiterrorista tras los ataques en Nueva York y Washington”. Y añadió que “en la práctica, esto derivó en un intercambio no sólo a nivel policial, sino en la creación de un sistema que facilitó la intervención, en toda Sudamérica, de los organismos de inteligencia de EEUU, especialmente de la Agencia Central de Inteligencia, (CIA)”.

Entrado marzo de 2002, “los funcionarios de la CIA eran cada vez más insistentes respecto a la necesidad de apresar a Arafat Ismail”, dijo La Nación. “Un testigo ocular de una tensa conversación entre la diplomática y uno de los jefes del grupo de policías chilenos aseguró a La Nación Domingo que "se hizo una petición explícita para que el equipo chileno apresara al libanés en el menor tiempo posible".

¿Policías «buenos»?

Pero también existirían policías «buenos», o por lo menos respetuosos del estado de derecho.
La Nación: «La presión que ejercieron los agentes de la CIA fue extremadamente fuerte. Al arduo trabajo de los seguimientos, escuchas telefónicas, fotografías y análisis a las empresas de los ciudadanos de origen libanés en Chile, ahora se sumaba la voluntad expresa de la inteligencia estadounidense de cometer una acción que, para los chilenos, era absolutamente ilegal y contraria al Estado de Derecho».

Según el diario, «los detectives se ciñeron la Constitución chilena y se excusaron señalando que no tenían una orden judicial ni razones concretas para sospechar que Ismail había cometido un ilícito en territorio nacional. La misma fuente, relató que ‘la funcionaria dijo que lo único que teníamos que hacer era agarrarlo y llevarlo para que ellos lo sacaran en un avión’. Los policías chilenos insistieron en que llevar a cabo esa acción importaba una abierta violación a los derechos de Ismail, lo que, según las mismas fuentes, a la larga resultó determinante para evitar el secuestro».

«No sólo era una acción ilegal y contraria al Estado de Derecho. Si hubiésemos colaborado, habríamos puesto al país en riesgo máximo de recibir una represalia de alguno de los movimientos islámicos fundamentalistas, como ha ocurrido en otros países", aseguró a La Nación “un alto jefe policial de la época».

El diario afirmó que “los antecedentes con que cuenta este medio indican que los funcionarios chilenos que se negaron a cumplir la misión especial de la CIA, dieron cuenta al director de la Jipol, Luis Henríquez”.

Epílogo y preguntas que nadie formula

El epílogo fue que “Arafat Ismail” abandonó Chile “por su cuenta” a mediados de 2002 y no fue a parar con sus huesos y en secreto a Guantánamo donde 270 seres humanos se pudren en una inhumana “prisión preventiva” acusados de “terrorismo”, muchos sin saber de qué se les acusa y la mayoría sin que se les hayan formulado cargos específicos, excepto 19 juicios militares sin ninguna garantía de equidad, todavía no iniciados y ahora en tela de juicio por una decisión de la Suprema Corte del 13 de junio permitiendo por tercera vez que los detenidos acudan a tribunales civiles federales donde el gobierno de Bush debe justificar sus acusaciones.

Las dos decisiones anteriores de la Corte no fueron tomadas en cuenta por el “estado de derecho” impuesto por la virtual dictadura de Bush. Y un segundo epílogo fue que en octubre 2002, M.T., la funcionaria de la embajada de EEUU en Chile y encargada de la CIA también abandonó el país”.

Pero más allá de la CIA haya terminado frustrada, quedan flotando muchas preguntas sin respuesta:

–¿Quién o quiénes autorizaron el ingreso de estos agentes al país?

–¿Cómo ingresaron los agentes de la CIA al país?

–¿Con qué documentos de identidad pasaron las fronteras y el control de la Policía Internacional?

–¿Con qué armamento e instrumentos tecnológicos de persecución y utilización policial ingresaron al país y cuánto dinero acreditaron para su estadía en Chile?

–Si ingresaron con documentación falsa, ¿fueron advertidos los policías que controlan el ingreso al país de cualquier ciudadano?

–¿Qué lección sacaron los detectives de Policía Internacional tras su experiencia con el ingreso de Alberto Fujimori a Santiago en 2005?

–¿Cuántos procedimientos de control policial se violaron con el ingreso de los agentes CIA?

–¿Quiénes elaboraron y archivaron las bitácoras de ingreso de los agentes de la CIA a Chile?

–¿Qué vehículos ingresaron al país?, ¿utilizaron placas diplomáticas para desplazarse en Chile?, ¿eran vehículos de la Embajada o vehículos arrendados a empresas chilenas colaboradoras de la CIA?

–¿En qué lugares y cuándo se alojaron los agentes durante su permanencia en Santiago, Iquique y otras ciudades del país?

–¿Cuáles fueron sus contactos con la ANI en Santiago, con los policías de Investigaciones y con funcionarios del Gobierno?

–¿Contaron con el apoyo logístico de otras embajadas, aparte de la de Estados Unidos?

–¿Qué han dicho sobre este tema los voceros del Gobierno, de la policía de Investigaciones, ministerio del Interior, Relaciones Exteriores?

Etcétera. Todas estas preguntas pueden originar a su vez otras interrogantes. Pero nadie las formula.

Fuente: Red Voltaire

Ernesto Carmona

Ernesto Carmona es consejero nacional del Colegio de Periodistas de Chile y secretario ejecutivo de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (Ciap) de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap). Ernesto Carmona es miembro de la Red Voltaire y del movimiento Axis for Peace.

13 septiembre 2007

Los Mil Días de la Unidad Popular

Por Millán

Se cumple en este mes de septiembre del 2006, el 37 aniversario de que por primera vez en la historia una fuerza política de izquierda llegara al gobierno por la vía de las elecciones; y al mismo tiempo se cumplen 34 años del derrocamiento de esa misma fuerza por la vía de las armas a manos de la CIA y el ejercito de Chile, marcándose de esa manera los históricos mil días de La Unidad Popular.

Después de tres intentos fallidos previos por ganar la presidencia de Chile, debido a fraudes, campañas de desprestigio y divisionismos de partido, Salvador Allende Gossens candidato por La Unidad Popular (coalición de los partidos Socialistas, Comunistas y Organizaciones Sociales Chilenos) logró finalmente en las elecciones presidenciales del año 1970 obtener los votos suficientes para alcanzar la primera magistratura de aquel país Sudamericano. El acontecimiento fue objeto de admiracion mundial por tratarse de un hecho inédito, era la primera vez en la historia que una fuerza política de izquierda que agrupaba a las principales corrientes anti-capitalistas triunfaba en las urnas contra el imperio del dinero sin que la derecha reaccionaria pudiera hacer nada. En otras partes de América y del resto del mundo, la izquierda siempre había tenido que desplazar a la oligarquía explotadora mediante la revolución armada, tal y como fue en los casos de Cuba y después en Viet Nam . Representó pues, el primer triunfo democrático auténtico del pueblo en el mundo.

Estos son algunos fragmentos del que fue su primer discurso: “La victoria alcanzada hoy por ustedes tiene una honda significación nacional. Desde aquí declaro, solemnemente, que respetaré los derechos de todos los chilenos. Pero también declaro y quiero que lo sepan definitivamente, que al llegar a La Moneda, y siendo el pueblo gobierno, cumpliremos el compromiso histórico que hemos contraído, de convertir en realidad el programa de Unidad Popular.

Para los que están el la pampa o en la estepa, para los que están en el litoral, para los que laboran en la precordillera, para la sencilla ama de casa, para el catedrático universitario, para el joven estudiante, el pequeño comerciante e industrial, para el hombre y la mujer de Chile, para el joven de la tierra nuestra, para todos ellos, el compromiso que yo contraigo ante mi conciencia y ante el pueblo –actor fundamental de esta victoria- es ser auténticamente leal en la tarea común y colectiva. Lo he dicho: mi único anhelo es ser para ustedes el compañero presidente.

En Washington, Richard Nixon ordeno evitar que Allende asumiera la presidencia, pero el comandante en jefe del Ejército de Chile, general Rene Schneider , quien había jurado lealtad al gobierno legítimamente electo de Allende se negó a obedecer. Ante su negativa Nixon lo mando asesinar. A pesar de todo, Allende tomó posesión de su cargo y empezó a aplicar su plan de gobierno, en el que figuraban como puntos primordiales la nacionalización del cobre chileno, la reforma agraria, congelación de los precios de las mercancías y aumento de los salarios de los trabajadores.

Desde el primer año los resultados fueron excelentes; creó empleos para el 20% de la población desempleada, la inflación no aumentó y la economía creció un 8%, pero la oligarquía en el poder encabezada por la ultraderechista Democracia Cristiana no se resignaba a ver perdidos sus privilegios por lo que organizó un plan de acciones para sabotear la economía y culpar a Allende . Durante los siguientes dos años dinamitaron puentes, cortaron vías férreas, destruyeron oleoductos y conspiraron con EE.UU. para sobornar a los altos mandos del ejército y organizar un golpe militar. Desafortunadamente tuvieron éxito e hicieron quebrar al país.

Nixon y su secretario de estado Henry Kissinger promovieron un boicot contra el gobierno de Allende mediante la negación de créditos externos a Chile y solicitaron el embargo del cobre chileno. El general rastrero al servicio de la CIA Augusto Pinochet con la ayuda de los Generales traidores a su patria Merino, Leight y Mendoza destituyeron al General Carlos Prats nuevo jefe de las fuerzas armadas y tomaron las ciudades el 11 de Septiembre de 1973. Cientos de miles de personas fueron encerradas en el Estadio Nacional.

Allende se refugio en el Palacio de La Moneda con un pequeño grupo de valientes para resistir el ataque de los tanques y la aviación que no tuvieron escrúpulos en aplicar toda su brutalidad al bombardear al presidente y a sus seguidores sin ninguna contemplación.

Estas fueron sus ultimas palabras transmitidas por Radio Magallanes a toda la población desde de su puesto de resistencia antes de caer: “Trabajadores de mi patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que solo fue un interprete de grandes anhelos de justicia, que empeño su palabra de que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el ultimo en que puedo dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: El capital extranjero, el imperialismo, unidos a la reacción, crearon el clima para que las fuerzas armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el General Schneider víctima del mismo sector que hoy estará en sus casas esperando, con mano ajena, reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Trabajadores de mi patria, tengan fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho mas temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor ¡Viva Chile! ¡Viva el Pueblo! ¡Vivan los Trabajadores!

Allende nunca volvió a ser visto con vida, el parte de guerra que recibió el fascista Pinochet solo decía lo siguiente: «Misión cumplida. Moneda tomada, presidente muerto» . Así terminó uno de los periodos mas grandiosos que ha vivido el pueblo chileno y que el mundo tuvo oportunidad de ver, el gobierno de los Mil días de la Unidad Popular , e inició una de las más feroces dictaduras que ha conocido nuestra historia durante los siguientes 17 años. Pero las cuestiones sociales y económicas que dieron sentido a Allende , como hombre de pensamiento político y utópico, están hoy vigentes con más fuerza que nunca. Hoy como ayer podemos decir con él: “El atraso, la ignorancia, el hambre de nuestras naciones y de todos los pueblos del tercer mundo, existen y persisten porque resulta lucrativo para unos cuantos privilegiados. Ha llegado el día de decir ¡Basta! ¡Basta a la explotación económica! ¡Basta a la desigualdad socia! ¡Basta a la opresión política!” .

Después de más de tres décadas, la izquierda gobierna nuevamente Chile, si de veras es izquierda, su obligación es hacer honor a la memoria de Allende y reivindicar su lucha.