Florence Toussaint
Las recientes apariciones mediáticas de Vicente Fox no hacen sino confirmar lo que se ha dicho de manera reiterada: el expresidente sufre de una insaciable vocación de protagonismo, no importa que ésta se tiña de tonterías, ignorancia y ridículo.
Le es imposible quedarse callado. Continúa viviendo en foxilandia y aún no asume que dejó de ser primer mandatario para convertirse en un ciudadano más. Y con sus desplantes sigue agraviando a una parte de los mexicanos que no votaron por él y que tampoco lo hicieron por Felipe Calderón. Habrá que recordarle que su abanderado sólo obtuvo 35% de los sufragios depositados. Y que esa cifra fue manipulada de manera tan poco clara que muchos dudan de su veracidad.
Poco a poco comienzan a aparecer los datos que confirman el uso de los medios en el sexenio pasado. De acuerdo con Global Marketers, la Presidencia de la República estuvo entre los 10 anunciantes con mayor inversión, tanto en 2004 como en 2005. El gasto reportado en 2004 fue de 35 millones de dólares. Al año siguiente, el dispendio aumentó 117.1% para llegar a los 76 millones de dólares. La dependencia ocupó el cuarto lugar. Se colocó después del grupo Televisa, Procter & Gamble y el grupo Salinas. Antes de Unilever, de la Cámara de Diputados (en quinto lugar), Pepsico, Coca-Cola, Orfeón y Bimbo.
Debe señalarse que, en la misma línea dispendiosa de la Presidencia, se situó la Cámara de Diputados. Los recursos públicos invertidos en publicidad fueron de 42 millones de dólares en 2004 y de 63 millones de dólares en 2005. Un aumento entre un período y otro de 50%. Estos números aluden, por un lado, a la necesidad de los diputados de congraciarse con sus votantes, ya que desde la Presidencia se les atacó constantemente. Recuérdese incluso el slogan “Quítale el freno al cambio”, de la campaña electoral del PAN en 2003, que aludía directamente a los legisladores que se negaron a aceptar los llamados “cambios estructurales”, es decir, la privatización de electricidad y petróleo. Sin embargo, nada justifica el derroche de dinero en publicidad.
Tanto el Ejecutivo como el Legislativo mexicanos forman parte de un informe internacional sobre inversión publicitaria. Esto los coloca en la misma clasificación que las empresas. O sea, se anuncian como si fueran parte del mercado y buscaran clientes.
En 2005, en el ámbito mundial, los 100 anunciantes mayores invirtieron 98 mil 27 millones de dólares en publicidad, a través de todos los medios. El aumento entre 2004 y 2005 fue de apenas 4.5%. Esto significó una contracción en casi todas las inserciones de las compañías, pues el aumento es muy pequeño. En México, en ciertas empresas se reflejó la tendencia a la baja: Televisa, Procter & Gamble, Pepsico y Bimbo disminuyeron su inversión. La aumentaron Orfeón en 129%; Coca-Cola, 80.4%; Unilever, 16.6%, y el grupo Salinas, 6.1%, además de la Presidencia y el Congreso, según se indica arriba.
En 2005, Unilever aparece en el segundo lugar mundial con un gasto de 4 mil 27 millones de dólares; en México erogó 75 millones de dólares y sin embargo se colocó por debajo de la Presidencia de la República. En el mundo, Procter & Gamble ocupa los primeros lugares en gasto publicitario en medios. En 2005, encabezó la lista con 8 mil 19 millones de dólares; en México, ocupó el segundo sitio con 95 millones, retrayendo su participación 13%. La Presidencia se colocó dos lugares debajo de la compañía con mayor gasto en el planeta. Y la Cámara de Diputados, cuatro. Supongo que estarán orgullosos de dilapidar así el patrimonio de los mexicanos en lugar de invertir en educación, salud o infraestructura petrolera.
Este gasto indica, además, un subsidio disfrazado a los medios privados, y en especial a la televisión. Mientras tanto, las televisoras del Estado obtienen recortes a su de por sí menguado presupuesto anual de 100 a 150 millones de pesos, es decir, 10 y 15 millones de dólares.
Las recientes apariciones mediáticas de Vicente Fox no hacen sino confirmar lo que se ha dicho de manera reiterada: el expresidente sufre de una insaciable vocación de protagonismo, no importa que ésta se tiña de tonterías, ignorancia y ridículo.
Le es imposible quedarse callado. Continúa viviendo en foxilandia y aún no asume que dejó de ser primer mandatario para convertirse en un ciudadano más. Y con sus desplantes sigue agraviando a una parte de los mexicanos que no votaron por él y que tampoco lo hicieron por Felipe Calderón. Habrá que recordarle que su abanderado sólo obtuvo 35% de los sufragios depositados. Y que esa cifra fue manipulada de manera tan poco clara que muchos dudan de su veracidad.
Poco a poco comienzan a aparecer los datos que confirman el uso de los medios en el sexenio pasado. De acuerdo con Global Marketers, la Presidencia de la República estuvo entre los 10 anunciantes con mayor inversión, tanto en 2004 como en 2005. El gasto reportado en 2004 fue de 35 millones de dólares. Al año siguiente, el dispendio aumentó 117.1% para llegar a los 76 millones de dólares. La dependencia ocupó el cuarto lugar. Se colocó después del grupo Televisa, Procter & Gamble y el grupo Salinas. Antes de Unilever, de la Cámara de Diputados (en quinto lugar), Pepsico, Coca-Cola, Orfeón y Bimbo.
Debe señalarse que, en la misma línea dispendiosa de la Presidencia, se situó la Cámara de Diputados. Los recursos públicos invertidos en publicidad fueron de 42 millones de dólares en 2004 y de 63 millones de dólares en 2005. Un aumento entre un período y otro de 50%. Estos números aluden, por un lado, a la necesidad de los diputados de congraciarse con sus votantes, ya que desde la Presidencia se les atacó constantemente. Recuérdese incluso el slogan “Quítale el freno al cambio”, de la campaña electoral del PAN en 2003, que aludía directamente a los legisladores que se negaron a aceptar los llamados “cambios estructurales”, es decir, la privatización de electricidad y petróleo. Sin embargo, nada justifica el derroche de dinero en publicidad.
Tanto el Ejecutivo como el Legislativo mexicanos forman parte de un informe internacional sobre inversión publicitaria. Esto los coloca en la misma clasificación que las empresas. O sea, se anuncian como si fueran parte del mercado y buscaran clientes.
En 2005, en el ámbito mundial, los 100 anunciantes mayores invirtieron 98 mil 27 millones de dólares en publicidad, a través de todos los medios. El aumento entre 2004 y 2005 fue de apenas 4.5%. Esto significó una contracción en casi todas las inserciones de las compañías, pues el aumento es muy pequeño. En México, en ciertas empresas se reflejó la tendencia a la baja: Televisa, Procter & Gamble, Pepsico y Bimbo disminuyeron su inversión. La aumentaron Orfeón en 129%; Coca-Cola, 80.4%; Unilever, 16.6%, y el grupo Salinas, 6.1%, además de la Presidencia y el Congreso, según se indica arriba.
En 2005, Unilever aparece en el segundo lugar mundial con un gasto de 4 mil 27 millones de dólares; en México erogó 75 millones de dólares y sin embargo se colocó por debajo de la Presidencia de la República. En el mundo, Procter & Gamble ocupa los primeros lugares en gasto publicitario en medios. En 2005, encabezó la lista con 8 mil 19 millones de dólares; en México, ocupó el segundo sitio con 95 millones, retrayendo su participación 13%. La Presidencia se colocó dos lugares debajo de la compañía con mayor gasto en el planeta. Y la Cámara de Diputados, cuatro. Supongo que estarán orgullosos de dilapidar así el patrimonio de los mexicanos en lugar de invertir en educación, salud o infraestructura petrolera.
Este gasto indica, además, un subsidio disfrazado a los medios privados, y en especial a la televisión. Mientras tanto, las televisoras del Estado obtienen recortes a su de por sí menguado presupuesto anual de 100 a 150 millones de pesos, es decir, 10 y 15 millones de dólares.
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