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07 octubre 2008

Nuevo presupuesto, viejos problemas

Jorge Meléndez Preciado

Desde el inicio del gobierno de Miguel de la Madrid (1982), en México se planteaban dos cuestiones fundamentales: la inseguridad y el empleo. Las crisis en las administraciones de Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo dejaron herida la economía y dieron rienda suelta a los policías que hicieron de las suyas.

Veintiséis años después estamos peor. Los sexenios de Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Vicente Fox han ahondado en los problemas mencionados para la conducción del país. Baste decir que en dicho cuarto de siglo es bien sabido que sólo uno de cada 100 delincuentes es aprehendido y en lugar de crear 1 millón de empleos cada año, si acaso se llega a 400 mil cada 365 días. Por ello, más de 500 mil compatriotas emigran, en ese lapso, a Estados Unidos.

El presupuesto del gobierno federal, dado a conocer por el desbordante Agustín Carstens, para 2009, si bien casi no aumenta en relación con el año anterior, si tiene un alza en los rubros aludidos: seguridad y gasto social. En el primero, la elevación será de 33 por ciento y en el segundo, especialmente en los programas sociales, aumentará 25 por ciento.

Las metas que anuncia Hacienda para el año que viene son un crecimiento económico de 3 por ciento y una inflación de 4 por ciento. Las cifras señaladas son importantes, pues en realidad estamos, no obstante lo que se diga, en una baja expectativa para aumentar los empleos: cuando mucho se podrían crear 350 mil plazas, lo que traerá como resultado que muchos vayan a la llamada economía informal (58 por ciento de las ocupaciones actuales). Otros seguirán saliendo del país, y algunos más se dedicarán a tareas nada recomendables.

Necesitamos una economía que aumente más del 5 por ciento, como se había dicho Felipe Calderón en la campaña electoral y luego, ya instalado en Los Pinos, en sus discursos: algo que no sucederá.

Cuando se supo que habría vientos turbulentos en Estados Unidos, los cuales podrían impactarnos seriamente, Felipe y Carstens dijeron: tenemos “un buque de gran calado”, el cual podrá surcar los mares embravecidos sin problemas. Ya vimos que no fue así, pues apenas tendremos un 2.4 por ciento de aumento económico, lo que no es irrisorio para las necesidades presentes.

Lo más grave es que si en este año el 34 por ciento del presupuesto se captaba de la venta petrolera, para el año que viene esa cifra llegará a 36 por ciento: que seguimos dependiendo de la exportación de crudo, por más que se insista en la diversificación de la economía o en las “grandes inversiones” que llegan del exterior.

Según el rubicundo Agustín, la situación de la economía ha sido más complicada de lo esperado. Era lógico y lo advirtieron innumerables voces, dentro y fuera del gobierno. Pero lejos de escucharlas, el problema se “intentó” resolver por medio de anuncios televisivos y declaraciones oficiales que pretendían hacernos sentir que teníamos un país ubicado entre los primeros cinco a nivel mundial (sic). La cruda realidad, una vez más, nos ha puesto en nuestro lugar.

Esta falsedad tampoco es nueva. Recuérdese que Salinas hablaba que llegaríamos a las ligas mayores con la entrada al TLC. Zedillo aseguraba al final de su mandato que íbamos por la ruta correcta y estaríamos en el primer mundo. Y Fox se vanagloriaba que teníamos una situación privilegiada en el orbe y avanzaríamos como nadie económicamente. Los tres insistían en que arreglarían la inseguridad rápidamente. Ahora volvemos a las mismas.

En Educación se otorga un aumento ridículo de 2 por ciento. Esto seguramente traerá recortes en universidades, institutos de educación superior y ciencia y tecnología. Lo que evitará a los jóvenes acceder a una licenciatura o continuar su preparación en sectores importantes de la investigación.

Extrañamente en Comunicaciones y Transportes, sector básico para aminorar la crisis –ya que la construcción genera muchos empleos–, hay una baja de 19 por ciento.

Y la inflación se podrá desatar próximamente: habrá un aumento en las gasolinas (50 por ciento) durante 2009. La situación que viene no es optimista. A prepararse se para una situación de crisis. No hay de otra.


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