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16 octubre 2006

Del PROCESO de Jalisco

Abusos de Poder

Hermenegildo Olguín Reza

Exvicerrector de la Universidad de Guadalajara, Ricardo Gutiérrez Padilla, ahora simpatizante del PAN, arremete contra Raúl Padilla, “el jefe político del Grupo UdeG”. Lo acusa de “usar políticamente” a esa institución, de concentrar “el poder en perjuicio de la universidad” y critica las millonarias inversiones en el Teatro Diana, la Feria Internacional del Libro y el Centro Cultural Universitario, de las que demanda se auditen. Además, lo acusa de distorsionar las funciones de la UdeG al convertirla en “promotora de espectáculos”.

Hace tres años Ricardo Gutiérrez Padilla, exvicerrector ejecutivo de la Universidad de Guadalajara (UdeG), fue mencionado como un fuerte contendiente a la rectoría general.

Ahora, mientras muchos se niegan a hablar del Grupo UdeG con la lejana esperanza de volver a su seno, él accede a desenredar los detalles de los acontecimientos que vivió a partir de 1989, cuando ingresó de tiempo completo a la institución.

–Tuvo usted una carrera rápida y siempre ascendente en la universidad –se le plantea.

–Sí, fue rápida. Raúl tenía un proyecto encantador. Eran los tiempos de la juventud y el mundo estaba abierto para todo. Me comprometí con la reforma en la UdeG. Algo se atoró en el camino, algo falló después...

–¿En qué no estuvo de acuerdo?

–En el uso político de la universidad. Hay un poder concentrado en Raúl Padilla, que sólo perjudica a la institución. Se necesita una transición a una nueva etapa, que él ya no puede dirigir.

–Y ahora, de plano hasta lo corren...

–La decisión de perseguirme se tomó el pasado 3 de julio en una reunión de Raúl con su grupo político, donde se emitió la fatwa (condena): fuera Ricardo Gutiérrez y todo lo que huela a él.

–¿Quiénes más estaban en esa reunión?

–No sé. Es fácil saber quiénes son, pero en la realidad es uno solo: Raúl Padilla. Él es quien decidió todo.

Recuerda su llegada a la UdeG:

“Yo terminaba mi maestría en biología celular, había aplicado para inscribirme en el programa de Ciencia, Tecnología y Sociedad del Instituto Tecnológico de Massachusetts, y fui aceptado. Me acerqué a la UdeG y me comentaron que podía convertirme en embajador académico para buscar convenios de colaboración. Fui a hablar con Raúl Padilla en 1989, recién nombrado rector general de la universidad; no me recibió él directamente sino su secretario particular, David Zaragoza, y él me envió con Armando Macías. En el ínterin estalló el conflicto universitario y me empezaron a pedir opiniones, que yo creo eran frescas, de alguien que no había participado en procesos políticos de ninguna especie.

“Después de varios cargos me ofrecieron la Coordinación General Académica de la Facultad de Ciencias. Macías me invitó a trabajar de manera parcial en la Secretaría Auxiliar y luego fui director adjunto de los programas estratégicos de la universidad. Adquirí cargos de mayor responsabilidad. En 1994 se creó la Vicerrectoría, y con Víctor González llegué a esa oficina como secretario cuando Misael Gradilla era el vicerrector. Después, en 2001, me nombraron vicerrector ejecutivo.”

–¿Se sentía parte del grupo o como alguien independiente?

–Sí fui parte del grupo, pero siempre me sentí distinto. Mis ideas de libertad siempre han sido las mismas. Yo no soy una persona dócil, que condescienda a lo que no le parece adecuado, a lo que no tenga sustento o razón lógica, política o ética.

–¿Cómo valora el período de González Romero?

–Yo fui un colaborador muy cercano de su rectoría. Fui el secretario técnico de la Vicerrectoría. Creo no cegarme si digo que fue un rector que intentó en todo momento conducir a la universidad a un terreno cada vez más académico y, sin embargo, no logró llegar al punto de no retorno que hubiera implicado que la universidad entrara a una dinámica eminentemente académica...

–¿Se requería realizar una ruptura con Padilla López?

–Yo no creo que sea necesaria esa ruptura. Es que el jefe político del Grupo UdeG tiene que entrar en razón, entender que todo el poder tan concentrado que ha acumulado no lo ha estado usando en beneficio de la universidad. Esa ha sido siempre mi pelea. No es posible tanto poder.

–¿De qué otra manera se podría cambiar a la UdeG?

–Tiene que haber una sustitución paulatina, pactada, en la que cada vez más pese y se pondere la lógica académica y cada vez menos prevalezca la lógica política.

–¿Y eso lo dijo frente a Raúl Padilla?

–Claro, durante los últimos 15 años de mi vida, todo el tiempo lo estuve diciendo e insistí en todos estos temas: la transparencia, las auditorías, la legalidad en todos los procesos universitarios.

–¿Y qué decía Raúl Padilla?

–Pregúntaselo a él. Yo te contesto lo mío. Raúl tenía extraordinarias ideas, era realmente encantador su proyecto. Entonces soplaban vientos de cambio. Se derribaron los muros, se reconfiguraba la geopolítica, la filosofía tuvo una sacudida importantísima...

“Hay que sumar a eso el entusiasmo, la juventud, el universo tan rico de posibilidades que nos sedujo a muchos, entre otros a mí. Yo me decidí por el proyecto de cambio en la UdeG porque soy un apasionado ciudadano, y me entregué a mi labor. Nunca me fui a Boston, renuncié a todo, rediseñé toda mi vida personal. En los primeros años yo salía de mi oficina a las 2 o 3 de la madrugada, y en la mañana siguiente yo era el primero en llegar.”

–¿Y al final qué pasó?

–Después de muchos años de insistir, tras una serie de evidencias a las que no podía cegarme, llegué a la conclusión de que no tenía ningún sentido entregar ni un momento más de mi vida, cuando se habían terminado las posibilidades de que el grupo de Padilla cediera el poder a favor de un gran proyecto de cambio local, regional o hasta nacional.

–¿Eso fue a la llegada de José Trinidad Padilla, a la rectoría o después?

–En 2001 Trino me invitó a ser el vicerrector ejecutivo y tuvimos una extraordinaria relación, basada en un principio de acuerdo: la universidad es primero y ante todo. Iríamos hasta el fondo por un proyecto de cambio que quedó a medio camino en la rectoría de González Romero. Le apostamos a una transición suave, sin rupturas, para llegar de una manera decidida a una nueva época de la UdeG: transparente, plural. La idea era desplazar los intereses políticos de manera que no contaminaran a la universidad.

“No se pudo ni una ni otra cosa. El Grupo UdeG ha encontrado muchas dificultades para ir más allá de los límites universitarios; ha perdido reiteradamente en casi todos los procesos políticos en los que ha participado fuera de la institución. Eso ha creado un enorme tapón que hace que se acumule la presión interna. Si no hay una vía de desfogue de los deseos, de los anhelos políticos, del poder, surgen problemas. Eso pasó aquí: todo se atascó, se sintió un aire casi irrespirable, cuando menos para mí. Fue entre 2001 y octubre de 2003 cuando salí.”



La farsa



–¿Cuál era la situación académica de la universidad cuando usted salió?

–Probablemente se ha estirado esa transición por los intereses de los que hablé. Que está mejor la UdeG con respecto a 1989, claro que sí, pero está muy por debajo de las expectativas que teníamos. Nos costó mucho trabajo vencer las resistencias para entrar a procesos de acreditación académica, que ahora todo mundo presume. Sería suficiente revisar las actas de las reuniones de los consejos de rectores; en demasiadas ocasiones se insistió allí en no sacar públicamente lo que se decía, eran carencias y situaciones inconvenientes.

“Nos costó mucho trabajo crear un modelo organizado de gestión y administración, el llamado P3E, Programa de Planeación, Programación, Presupuestación y Evaluación, que permitía que cada quien, dentro de su autonomía relativa, en los departamentos, en grupos de investigación, ubicara cuál era su participación en la misión institucional y pudiera planificar sus actividades. En el papel lo logramos, el Consejo General Universitario lo aprobó.”

–¿Lo dijo desde el principio, en esas reuniones?

–Claro que sí. Fueron batallas campales.

El P3E, explica, era un plan integral de información planteado como un sistema inteligente. Luego ampliaron la plataforma para que las actividades diarias de la universidad se hicieran en línea con terminales de bancos y accesos por internet, que ahora todo mundo usa.

El problema, continúa, no fue estructural, de tecnología ni de recursos, “fue una resistencia entre el deber ser y lo otro. El sistema no hace concesiones, no interpreta a la medida de los intereses de los líderes políticos, no permite actividades que no estén dentro de cierto rango. Se pactó políticamente con el Grupo UdeG, se aprobó y se puso por escrito, pero en los hechos fue pura farsa”.

Por ejemplo, dice, todos los movimientos de dinero deberían registrarse cotidianamente en el sitio de la red llamado compras UdeG. Pero “salvo cuatro o cinco acciones, no hay prácticamente ningún registro de dichas compras de la institución desde 2003 hasta la fecha. No se respetan las normas internas y así los altos funcionarios de la universidad presumen ser transparentes, eficientes y honestos”.



Antidemocracia



Las fricciones de Gutiérrez Padilla dentro del Grupo Universidad comenzaron desde el propio año de su ingreso, 1989, y se agravaron hasta que salió. Las más tensas ocurrieron entre 2002 y 2003.

–Trinidad Padilla me dio todo su apoyo hasta que llegamos a ese punto que llamo de quiebre y de no retorno que, al igual que en la anterior rectoría, no se pudo cruzar. Los miembros del grupo hicieron presión muy fuerte sobre él, al grado que tuvo que empezar a hacer concesiones y hasta cierto sentido claudicar.

–¿Raúl Padilla le comentó de todo esto?

–Raúl siempre dice una cosa y hace otra. Siempre dijo: es maravilloso, es lo que necesitamos, pero todo el tiempo, a través de sus operadores, trabajó para dinamitar el proceso.

–¿Y cómo llegaron a las fricciones finales?

–Llegó un momento en que no pudieron aguantar la situación los operadores de Raúl, y como estaba todo claro, porque se habían aprobado los cambios del P3E, pensaron que la única manera de reventarlo era filtrando información a los medios. Cuando se preparó el primer presupuesto de egresos en ese marco, ellos no aguantaron más.

–¿Se sentía solo?

–Al principio no, pero al final de ese período del que hablo, sí, definitivamente me sentí solo. Supe que era tiempo de irme.

–Lo cesaron.

–Quieren presentar como un cese lo que es un problema distinto; en el aspecto laboral no tiene la más mínima importancia, el derecho me asiste. En los hechos yo tengo una licencia que debe concluir hasta el 2 de enero de 2007. Mientras tanto no pueden cesarme. La Junta de Conciliación resolverá a mi favor. Lo importante no es eso, y los medios han querido manejarlo desde esa óptica. Lo que importa es el trasfondo y tiene que ver con los proyectos para la universidad.

–Se dice que todo el problema se reduce a que usted quiere contender por la rectoría general...

–Hay una serie de imprecisiones que han circulado en los medios de comunicación. Yo no he dicho que voy a lanzar mi candidatura por la rectoría. Me preguntaron que si estoy dispuesto a ser rector y contesté que sí, en tanto que la comunidad universitaria piense que yo soy la mejor opción, pero también he comentado que el tipo de liderazgo que requiere la universidad no es como el del Grupo UdeG, ni siquiera como el mío. La universidad debe darse la oportunidad de tener un rector académico y de amplia cultura; digamos, como el escritor Fernando del Paso, el investigador Jaime Sánchez Susarrey, el doctor Emilio Riba Siniesta, Jorge Puig Arévalo –Premio Nacional de Ciencias–, Eduardo López Moreno Romero –consultor de vivienda en la ONU–... Personas talentosísimas que podrían ser, esos sí, buenos rectores.

No obstante, Ricardo Gutiérrez asegura que Raúl Padilla “sigue jugando con las personas que tiene a su alcance, mientras respondan y defiendan sus intereses. El tema de la sucesión democrática y transparente es uno de los más grandes anhelos que tenemos los universitarios”.

Añade que la aspiración de muchos es convertir el Consejo de la UdeG en una Junta de Gobierno integrada por personas de elevada calidad académica, profesional y con legitimidad social, que pudieran elegir al rector como se hace en la UNAM. Se dice que esta sería una opción antidemocrática porque es un pequeño grupo el que tomaría la decisión, pero tiene la ventaja de que rompe con los “pequeños feudos de líderes universitarios que participan en una especie de bolsa política interna en el reparto de las posiciones”.



Negocios, la prioridad



El exfuncionario critica que el Grupo Universidad tenga empresas como el teatro Diana, además de realizar la Feria Internacional del Libro (FIL) y la Muestra de Cine, negocios en los que se invierten millones de pesos, a la vez que se destinan menos de 50 mil pesos al año en el programa de promoción de la lectura.

Además, dice que la universidad padece la baja calidad de muchos maestros, espacios insuficientes para atender la demanda educativa, un atraso tecnológico lacerante en muchos planteles, y sin embargo se construye el Centro Cultural Universitario, que tiene un costo de más de 4 mil millones de pesos.

De todas formas, agrega, al final la inversión en el Centro Cultural “no será menor a 10 mil millones de pesos, es decir, mil millones de dólares”. Así pasó con el teatro Diana: dijeron que costó 120 millones, pero en realidad rebasó los 250 millones, revela. “¿Cómo es posible que se invierta esa cantidad para que una empresa privada como OCESA tenga un sitio más para la presentación de sus artistas? ¿Qué ha ganado la UdeG con eso? Dicen que la formación de públicos. ¿Para que oigan a la Banda Machos? Eso simplemente es ser promotor de espectáculos. Esa es una de las muchas distorsiones que Padilla López le impone a la UdeG”, asesta el entrevistado.

–Usted mismo dijo públicamente que no había división en la universidad a raíz de la denuncia de María Luisa Armendáriz.

–No importa lo que diga el Grupo UdeG ni lo que diga yo, sino que sepamos cuáles son los hechos reales. Y para eso hay que auditar.

–¿Cuando fue vicerrector no encontró datos fidedignos de irregularidades en áreas como la FIL?

–No. Todos los asuntos delicados en materia de auditorías en la FIL, el Centro de Estudios de Opinión y en otras empresas, se manejaron siempre con sigilo y lejos de la Vicerrectoría. Ese tipo de asuntos los han manejado la Secretaría General, la Coordinación de las Empresas Universitarias, la Coordinación General Administrativa y la Contraloría. Creo que hay que revisar toda la estructura, pero al mismo tiempo hace falta una auditoría sin ánimo persecutorio, pero que permita hacer un ejercicio verdadero de introspección.

–Curiosamente, el PAN insiste en la auditoría a la UdeG y usted ha ingresado recientemente a ese partido.

–Yo ingresé al PAN el 4 de julio de 2005, primero porque quiero ser un ciudadano pleno y me sumo a otros ciudadanos que piensan en México como un país mejor. Escogí el PAN porque comparto la filosofía general, porque no podría hacerlo en los otros partidos donde la clase universitaria opera. No me imagino con esa fauna.

–Pero ahora anda con la fauna de El Yunque...

–No hay grupo perfecto. Más allá de ese tipo de corrientes, me siento a gusto en el PAN. Me invitaron a apoyar la campaña de Emilio González, formo parte del Consejo Nacional de Comunidad; al mismo tiempo del CEN me pidieron opiniones sobre el tema de la educación nacional para la plataforma de Felipe Calderón.

–Usted dijo en los medios locales que Raúl Padilla es un débil mental...

–Es una distorsión. Le dije a un reportero que Raúl me parece una persona emocionalmente débil, que ahorita dice una cosa y luego otra, pero nunca dije “débil mental”. Es alguien voluble, cambiante.

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