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15 octubre 2007

La maniobra de Rivera

Por: Eduardo Ibarra Aguirre

Marrullero y con amplia capacidad de maniobra está resultando el arzobispo primado de México.


Norberto Rivera Carrera se revela como un extraordinario político a la vieja usanza, que oficia en la catedral, despacha en la calle de Durango y acuerda en comilonas en restaurantes de cinco estrellas, en los que tiene muy buena fama por las espléndidas propinas que deja y el número de comensales que lo acompañan y de los que él paga la cuenta.


El duranguense nativo de La Purísima, Tepehuanes, maniobra desesperadamente para que su feligresía, la opinión pública y publicada lo erijan en víctima de los malvados perredistas y ciudadanos sin partido que ejercen su derecho a la libertad de expresión con protestas dominicales por lo que consideran justificaciones cínicas y hasta provocadoras de Rivera sobre “el fraude electoral de 2006”.

Protestan, sobre todo, por el presunto encubrimiento del cardenal al sacerdote pederasta Nicolás Aguilar Rivera, violador reincidente de menores, cuando el primero se desempeñaba como obispo de Tehuacan, Puebla. Católicos de diversos orígenes y filiaciones o no a organismos civiles de defensa de los derechos humanos, denuncian domingo a domingo la complacencia con que se desempeña la jerarquía católica mexicana con el creciente número de sacerdotes y jerarcas practicantes de la paidofilia. Allí está el depredador sexual Marcial Maciel Degollado, quien pagó sus infamias con el retiro religioso que generosamente le impuso Benedicto XVI. Le recuerdo que el usuario de semen para sus dolencias es tío en segundo grado de Martha María Sahagún Jiménez y que ésta se desempeñó como tesorera de Legionarios de Cristo.

Rivera pretende ocultar esta motivación de la protesta ciudadana con los buenos oficios de la telecracia que sabe bien que los dueños del dinero, como Lorenzo Sertvije Sendra, castigaron con el retiro de la publicidad a CNI Canal 40 o premiaron el silencio con pautas generosas. Y aún lo hacen.

Los criticables manotazos que algunos manifestantes dieron al vehiculo del arzobispo en el que iba acompañado de su señora madre, fueron magnificados por Rivera Carrera al equiparar su situación con la que padeció el cardenal Jesús Posadas Ocampo, asesinado por narcotraficantes en el aeropuerto de Guadalajara, dizque al confundirlo con uno de los suyos, pero del cártel de enfrente.

El verdadero peligro que corre el presunto protector de pederastas no está entre los ciudadanos decepcionados e indignados por la doble moral que distingue al alto mando del ejército de negro, el de las sotanas, el más antiguo, disciplinado e influyente de la aldea global.

Las luces rojas están encendidas para Norberto Rivera, pero en la Corte Superior de California, Estados Unidos, donde el próximo miércoles decidirá si tiene o no jurisdicción para resolver sobre la demanda interpuesta en su contra por presunta protección al pederasta Aguilar, prófugo de la justicia.

Genaro García Luna y Joel Ortega Cuevas pueden brindarle más escoltas de los que ya cuidan al cardenal, equipos de vigilancia y filmación para que nadie interrumpa las homilías –auténticas tomas de posición política-, pero de muy poco servirán frente a la decisión judicial a tomarse en Los Angeles. Vamos: ni siquiera el abogado Steven Selsberg, quien suele atender los asuntos jurídicos de Carlos Slim Helú en Estados Unidos, puede hacer gran cosa.

El cardenal “creado y publicado” por Juan Pablo II el 18 de enero de 1998 y con la colocación del birrete cardenalicio en el consistorio del 21 de febrero del mismo año, vive un vía crucis judicial y político -en Estados Unidos porque en México nadie lo molesta- desde que su colega angelino Roger Michael Mahoney sostuvo que el primero le envió al presunto pederasta sin notificación de sus delitos, ni avisarle de su peligrosidad. Y las evidencias se acumulan.

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