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15 junio 2007

El espejo de México

La guerra es la paz

la libertad es la esclavitud,

la ignorancia es la fuerza

George Orwell

Oaxaca está en paz y refleja

un clima de tranquilidad

Ulises Ruiz, 10 de mayo de 2007

A un año del estallido del conflicto magisterial, Oaxaca es el espejo de México. El proceso de derechización avanza a pasos agigantados, pero también avanza la rebeldía que busca y, en ocasiones, encuentra nuevos caminos. La pobreza en la que vive aproximadamente el 67% de los oaxaqueños (2 millones 349 mil 570 personas de un total de 3 millones 506 mil 821, según cifras oficiales) y la desigualdad “son una característica que les impiden formar parte activa en la sociedad”, según el Banco Mundial. [1]

Crisol de culturas indígenas y mestizas, en los últimos años la capital del estado se ha transformado en un inmenso aparador para turistas que aporta mucho dinero a inversionistas locales, nacionales y extranjeros, pero muy poco a los ciudadanos de a pie. Con la llegada de Ulises Ruiz Ortiz (URO) a gobernador a finales de 2004, esta situación se vio exacerbada por un renovado ciclo autoritario, caracterizado por el uso discrecional de recursos públicos, el incremento del narcotráfico, la destrucción del patrimonio histórico y natural, el hostigamiento a medios de comunicación independientes, y todo tipo de represión. Hombre torpe y despiadado, Ruiz Ortiz no triunfó en las urnas, sino, como Felipe Calderón, por la vía del fraude.

Las guerras de URO

Lejos de ser un rezago del pasado, el despotismo que impera en Oaxaca sintetiza y ejemplifica las agudas contradicciones del México actual. Algunos hablan, al respecto, de un larvado proceso de fascistización. [2] Sin adentrarnos en el debate, el hecho es que la derecha arcaica y oligárquica en el poder impulsa una modernización agresiva y excluyente mientras que, a la par, emerge una insurgencia social amplia, inédita y amenazadora. Esta derecha va por todo; no busca legitimidad ni acuerdos sino, únicamente, enriquecerse y perpetuarse a sí misma. En Oaxaca y en otras partes, su programa es el mismo: desmantelar los últimos vestigios del Estado social, someter al país a las necesidades del capital transnacional y acabar con cuanto huele a izquierda. Los matices políticos y las guerras intestinas –que sí las hay- importan poco pues, más allá de las disputas cuando es necesario esta derecha aglutina no solamente al PAN, sino a buena parte del PRI e, incluso, de la llamada izquierda institucional.

La perpetuación en el cargo de URO y el sustento que ha recibido por parte de dos ejecutivos federales consecutivos (el de Vicente Fox y el de Felipe Calderón) no desentonan con el panorama nacional: los primeros meses de la nueva administración panista se caracterizan por la militarización de las principales regiones indígenas del país, numerosos asesinatos perpetrados por el ejército y la solicitud a Estados Unidos de implementar en México un “Plan Colombia” con la excusa de la lucha contra el narcotráfico. [3]

En el caso del gobernante oaxaqueño, su carácter arbitrario se percibió desde su campaña electoral. El 27 de julio del 2004, en un acto proselitista llevado a cabo en Huautla de Jiménez, sus secuaces mataron a palos al profesor Serafín García por el único delito de oponerse a su candidatura. Como muchos otros, el crimen quedó impune. [4]

El 1 de agosto, día de los comicios, el sistema de conteo de votos se cayó tres veces, de manera que el “triunfo” de URO –apodado el mapache mayor [5] - fue impugnado por la coalición “Todos Somos Oaxaca” abanderada por Gabino Cué. No sirvió de nada: las cartas ya estaban echadas pues, al parecer, la gubernatura fue un pago por la guerra sucia que, años antes, URO había coordinado en Tabasco contra Andrés Manuel López Obrador, archienemigo del precandidato presidencial del PRI, Roberto Madrazo.

Como sea, el primer acto del flamante gobernador fue desencadenar otra guerra, ahora contra un periódico local independiente, Noticias de Oaxaca, juzgado reo del crimen de disidencia. El 17 de junio de 2005, porros dirigidos por el diputado priista y “líder sindical”, David Aguilar, irrumpieron en los locales del diario. Ante la negativa de la redacción para sumarse a una “huelga”, los asaltantes retuvieron a los 31 periodistas presentes durante más de un mes. [6]

Sin embargo, Noticias siguió saliendo pues los secuestrados encontraron la manera de sacar la información por medio de internet y el periódico se empezó a imprimir en Tuxtepec, a más de 200 kilómetros de Oaxaca. Cuando la policía de Ruiz Ortiz dispuso interceptar las camionetas que lo transportaban, su dueño, Ericel Gómez, alquiló una avioneta para que los voceadores lo recogieran directamente en el aeropuerto, con la ayuda del sindicato de los maestros. La disputa siguió, el tiraje bajó considerablemente, pero al final, Noticias logró sobrevivir al acoso oficial. Radicalizó, eso sí, su línea editorial volviéndose el periódico más vendido de la entidad. URO cosechaba así su primera derrota.

Otro suceso característico es la agresión contra Santiago Xanica, una comunidad indígena zapoteca enclavada en la Sierra Sur que desde hacía años luchaba por el respeto de sus derechos colectivos. En diciembre de 2004, a los pocos días de la toma de posesión de URO, el ejército empezó a patrullar la localidad y el 15 de enero de 2005, la policia preventiva estatal abrió un fuego cruzado contra unos 80 indígenas que se hallaban haciendo un tequio cerca del panteón municipal. En la acción fue herido de gravedad Abraham Ramírez Vázquez, dirigente del Comité por la Defensa de los Derechos Indígenas (CODEDI). Puesto que en el tiempo de los asesinos las víctimas son siempre culpables, el luchador social fue detenido sin cargos y hasta la fecha se encuentra preso en el penal de Pochutla. [7]

Poco después, URO se embarcó en una costosa y ecológicamente nociva reestructuración del zócalo de Oaxaca que le ganó la antipatía de la clase media local, pero le permitió distribuir enormes cantidades de dinero entre sus allegados.

Hacia finales de mayo de 2006, ya había en Oaxaca unos setenta prisioneros políticos. No satisfecho, el gobernador abrió el fuego contra la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación que cuenta con unos 70,000 afiliados y una larga tradición de luchas independientes.

Desde hacía años, en proximidad del día del maestro (15 de mayo), los profesores instalaban un plantón en el centro de la ciudad para plantear sus reivindicaciones. La ciudadanía se quejaba, gruñía, pero raramente les regateaba su simpatía. Catalizadores de la conciencia social, entregados a su trabajo y conocedores profundos de la realidad local, los maestros son muy respetados en la entidad.

En esa ocasión, pedían la homologación de su magro salario a los estándares nacionales, una demanda que involucraba también a las autoridades federales. En la primavera de 2006, sin embargo, se cerraron todas las puertas de la negociación. URO lanzó amenazas intentando manipular a una de las fracciones del movimiento en contra de otra mientras que el gobierno federal panista se desentendió del asunto pensando de asestar así un golpe certero al PRI.

El plantón arrancó el 22 de mayo, sin encontrar mayor eco en la población. Envalentonado, el 14 de junio, URO ordenó su desalojo confiando en el efecto sorpresa. Hacia las 4:50 de la madrugada, agentes de varias corporaciones respaldados por helicópteros que arrojaban granadas tóxicas agredieron a los profesores disparando con armas de fuego. Además de causar pánico entre la población, los policías destruyeron todo lo que pudieron, incluyendo las instalaciones de la emisora magisterial, “Radio Plantón”. El saldo fue de unos 200 heridos, además de un número indeterminado de desaparecidos.

URO mostraba así su talante para hacer frente a la inconformidad social, tal y como lo había hecho semanas antes en Atenco el gobernador –también priista- del Estado de México, Enrique Peña Nieto, con la colaboración entusiasta del ejecutivo federal panista. [8] En vísperas de las elecciones presidenciales, el gobernador de Oaxaca enviaba, además, el mensaje de su jefe, Roberto Madrazo: el PRI es el partido del orden. Por entonces, las elecciones ya estaban ensangrentadas.

Genial nota LEANLA TODA AQUÍ, su fuente: Claudio Albertani, Rebelión

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