Es probable que ninguna palabra defina o coloque mejor el acento sobre la presidencia de Bush que “terrorismo” a pesar de que su gobierno no fue el primero en explotar ese término tan emotivo. Solemos explicar lo que “nos hacen a nosotros” para justificar “lo que les hacemos a ellos,” o planeamos hacerles, siempre formulado engañosamente en términos de intervención humanitaria, promoción de la democracia, o de llevar a otros los beneficios de la civilización occidental lo que Gandhi consideró como una buena idea cuando una vez le preguntaron al respecto.
Ronald Reagan lo explotó en los años ochenta para declarar la “guerra contra el terrorismo internacional” refiriéndose a éste como el “azote del terrorismo” y “la plaga de la época moderna.” Era obvio que lo que planeaba era lanzar su guerra terrorista por encargo de la Contra contra el gobierno sandinista democráticamente elegido de Nicaragua y contra la resistencia del FMLN contra el régimen fascista respaldado por EE.UU. en El Salvador, tal como lo hizo George Bush librando sus guerras de agresión después del 11-S.
Es una artimaña fácil de realizar, y los gobiernos la utilizan todo el tiempo porque siempre funciona. Se asusta suficientemente al público, y acepta casi cualquier cosa pensando que es para proteger su seguridad cuando, en realidad, la conducción de guerras de agresión y la violencia auspiciada por el Estado tienen el efecto contrario. Las actuales guerras de Bush unieron a prácticamente todo el mundo contra EE.UU., incluyendo a una resistencia activa que ataca cada vez más todo lo que sea estadounidense.
George Orwell conocía el poder del lenguaje antes de que la era de la televisión y de Internet lo acentuara exponencialmente. Explicó con qué facilidad el “doble pensamiento” y la “neolengua” nos pueden convencer de que “la guerra es paz, la libertad es la esclavitud, y la ignorancia es la fuerza.” También escribió: “Toda la propaganda bélica, todo el griterío y las mentiras y el odio, provienen invariablemente de (pollos halcones) gente que no combate (y) el Gran Hermano nos...” vigila para estar seguro de que entendamos el mensaje y lo obedezcamos.
En 1946, Orwell escribió sobre “Política y el idioma inglés”: “En nuestra época, el lenguaje y los escritos políticos son ante todo una defensa de lo indefendible” para ocultar lo que se propone su utilizador. Así “Se bombardean poblados indefensos desde el aire, (y) eso lo llaman “pacificación’.” Y el presidente declara una “guerra contra el terrorismo que es, en realidad, una “guerra terrorista” contra objetivos específicos, siempre indefensos, porque ante adversarios capaces de ofrecer resistencia, matones como EE.UU., optan por la diplomacia o por otros medios políticos y económicos, sin llegar a un conflicto abierto.
El término “terrorismo” tiene una prolongada historia, y la referencia a una “guerra contra el terrorismo” data de 100 años o más. El destacado historiador Howard Zinn observó cómo la frase es una contradicción: “¿Cómo puedes hacer la guerra contra el terrorismo, si la guerra es terrorismo (y si) respondes al terrorismo con (más) terrorismo... multiplicas (la cantidad de) terrorismo en el mundo?” Zinn explica que “los gobiernos son terroristas en una escala de enormes dimensiones,” y cuando hacen la guerra el daño causado excede infinitamente todo lo que pueden infligir individuos o grupos.
También es evidente que los actos “terroristas” individuales o de grupos son crímenes, no declaraciones o actos de guerra. De modo que una reacción adecuada a los perpetradores del 11-S habría sido policial, no una excusa para que el Pentágono atacara a otras naciones que no tenían nada que ver.
La “guerra contra el terrorismo” de George Bush comenzó en ese aciago día de septiembre cuando su gobierno no perdió un segundo antes de avivar las llamas del miedo de una nación en estado de choque, lista para creer casi cualquier cosa – verdadera, falsa o entremedio. Y lo hizo gracias a la exagerada enormidad del evento del 11-S manipulado para el máximo efecto político para el aventurerismo imperial agresivo planificado desde mucho antes, que su gobierno de la línea dura tenía pensado y que para lanzarlo necesitaba sólo “un evento catastrófico y [suficientemente] catalizador – como un nuevo Pearl Harbor.” Con los planes elaborados y listos, el presidente y oficiales clave del gobierno aterrorizaron al público con visiones de terrorismo identificadas una y otra vez según lo que se necesitaba para la guerra resultante, hasta llegar a la guerra global en su contra (GLOT por sus siglas en inglés), a la guerra prolongada en su contra, a un nuevo nombre que pronto vendría a reavivar un interés público cada vez más flojo y una creciente desilusión por dos guerras en el extranjero decepcionantes y perdidas.
Muchos escritores, presentes y pasados, han escrito sobre el terrorismo con sus definiciones y análisis. A continuación mencionamos a cuatro destacados críticos políticos y sociales, pero comenzamos con una definición oficial para encuadrar lo que sigue:
Cómo el Código estadounidense define el terrorismo
Bajo el Código de EE.UU., el “terrorismo internacional” incluye actividades que involucran:
(a) “actos violentos o actos peligrosos para la vida humana que constituyen una violación de las leyes penales de EE.UU. o de cualquier Estado, o que constituirían una infracción criminal si fueran cometidas dentro de la jurisdicción de EE.UU. o de cualquier Estado;”
(b) que tienen el propósito de:
1) “intimidar o coercer a una población civil;
2) influenciar la política de un gobierno mediante la intimidación o la coerción; o
3) afectar la conducta de un gobierno mediante la destrucción masiva, el asesinato, o el secuestro; y
(c) que ocurren sobre todo fuera de la jurisdicción territorial de EE.UU....”
El Concepto Operativo para Terrorismo del Ejército de EE.UU. (TRADOC Pamphlet No. 525-37, 1984) abrevia la definición mencionada para que sea “el uso calculado de la violencia o de la amenaza de violencia para lograr objetivos que son políticos, religiosos, o ideológicos en su naturaleza... mediante la intimidación, la coerción, o infundiendo temor.”
Eqbal Ahmad sobre el terrorismo
Antes de su prematura muerte, el activista y erudito indio Eqbal Ahmad habló del tema del terrorismo en una de sus últimas conferencias en público en la Universidad de Colorado en octubre de 1998. Seven Stories Press publicó posteriormente su presentación en uno de sus libros breves de la Open Media Series, intitulado "Terrorism, Theirs and Ours." [Terrorismo, el suyo y el nuestro] Su conferencia, en su momento, fue profética a la luz de los eventos del 11 de septiembre, lo que hace que sus comentarios sean especialmente relevantes.
Comenzó con la cita de un discurso en 1984 del Secretario de Estado de Reagan, George Shultz, en el que calificó al terrorismo de “barbarie moderna, una forma de violencia política, una amenaza para la civilización occidental, una amenaza para los valores morales occidentales” y más, mientras que en ningún momento llegó a definirlo porque eso “involucraría un compromiso con el análisis, la comprensión y la adhesión a algunas normas de coherencia” que no son consistentes con el modo como este país lo explota para propósitos políticos. También habría puesto al descubierto el largo historial de Washington en el apoyo a los peores tipos de regímenes terroristas en todo el mundo en Indonesia, en Irán bajo el shah, en Centroamérica, con los generales fascistas sudamericanos, Marcos en las Filipinas, Pol Pot y Sadam en sus peores tiempos, los actuales regímenes saudí y egipcio, Israel en los Territorios Palestinos Ocupados (OPT), y en el caso del pueblo de Grecia, que pagó un precio enorme, los coroneles griegos que EE.UU. llevó al poder a fines de los años sesenta, algo que la gente en ese país aún no nos ha perdonado.
Ahmad siguió diciendo: ¿Qué es (por lo tanto) el terrorismo? Nuestra primera tarea es definir esa porquería, llamarla por su nombre, darle alguna descripción, otra que el “equivalente moral de (nuestros) fundadores de la nación (o) una ofensa moral a la civilización occidental.” Citó al diccionario Webster como una fuente que dice. “El terrorismo es un miedo intenso, avasallador... el uso de métodos aterrorizadores de gobierno o de resistencia a un gobierno.” Es simple, va al grano, justo, y Ahmad, la califica de una definición de “gran virtud. Se concentra en el uso de la violencia coercitiva... que es utilizada ilegalmente, extra-constitucionalmente, para coercer” diciendo que es verdad porque es lo que es el terrorismo, sea si es cometido por gobiernos, grupos, o por individuos. Esta definición omite lo que Ahmad considera que no corresponde – la motivación, sea justa o no la causa, porque “los motivos difieren, (pero) no importan.”
Ronald Reagan lo explotó en los años ochenta para declarar la “guerra contra el terrorismo internacional” refiriéndose a éste como el “azote del terrorismo” y “la plaga de la época moderna.” Era obvio que lo que planeaba era lanzar su guerra terrorista por encargo de la Contra contra el gobierno sandinista democráticamente elegido de Nicaragua y contra la resistencia del FMLN contra el régimen fascista respaldado por EE.UU. en El Salvador, tal como lo hizo George Bush librando sus guerras de agresión después del 11-S.
Es una artimaña fácil de realizar, y los gobiernos la utilizan todo el tiempo porque siempre funciona. Se asusta suficientemente al público, y acepta casi cualquier cosa pensando que es para proteger su seguridad cuando, en realidad, la conducción de guerras de agresión y la violencia auspiciada por el Estado tienen el efecto contrario. Las actuales guerras de Bush unieron a prácticamente todo el mundo contra EE.UU., incluyendo a una resistencia activa que ataca cada vez más todo lo que sea estadounidense.
George Orwell conocía el poder del lenguaje antes de que la era de la televisión y de Internet lo acentuara exponencialmente. Explicó con qué facilidad el “doble pensamiento” y la “neolengua” nos pueden convencer de que “la guerra es paz, la libertad es la esclavitud, y la ignorancia es la fuerza.” También escribió: “Toda la propaganda bélica, todo el griterío y las mentiras y el odio, provienen invariablemente de (pollos halcones) gente que no combate (y) el Gran Hermano nos...” vigila para estar seguro de que entendamos el mensaje y lo obedezcamos.
En 1946, Orwell escribió sobre “Política y el idioma inglés”: “En nuestra época, el lenguaje y los escritos políticos son ante todo una defensa de lo indefendible” para ocultar lo que se propone su utilizador. Así “Se bombardean poblados indefensos desde el aire, (y) eso lo llaman “pacificación’.” Y el presidente declara una “guerra contra el terrorismo que es, en realidad, una “guerra terrorista” contra objetivos específicos, siempre indefensos, porque ante adversarios capaces de ofrecer resistencia, matones como EE.UU., optan por la diplomacia o por otros medios políticos y económicos, sin llegar a un conflicto abierto.
El término “terrorismo” tiene una prolongada historia, y la referencia a una “guerra contra el terrorismo” data de 100 años o más. El destacado historiador Howard Zinn observó cómo la frase es una contradicción: “¿Cómo puedes hacer la guerra contra el terrorismo, si la guerra es terrorismo (y si) respondes al terrorismo con (más) terrorismo... multiplicas (la cantidad de) terrorismo en el mundo?” Zinn explica que “los gobiernos son terroristas en una escala de enormes dimensiones,” y cuando hacen la guerra el daño causado excede infinitamente todo lo que pueden infligir individuos o grupos.
También es evidente que los actos “terroristas” individuales o de grupos son crímenes, no declaraciones o actos de guerra. De modo que una reacción adecuada a los perpetradores del 11-S habría sido policial, no una excusa para que el Pentágono atacara a otras naciones que no tenían nada que ver.
La “guerra contra el terrorismo” de George Bush comenzó en ese aciago día de septiembre cuando su gobierno no perdió un segundo antes de avivar las llamas del miedo de una nación en estado de choque, lista para creer casi cualquier cosa – verdadera, falsa o entremedio. Y lo hizo gracias a la exagerada enormidad del evento del 11-S manipulado para el máximo efecto político para el aventurerismo imperial agresivo planificado desde mucho antes, que su gobierno de la línea dura tenía pensado y que para lanzarlo necesitaba sólo “un evento catastrófico y [suficientemente] catalizador – como un nuevo Pearl Harbor.” Con los planes elaborados y listos, el presidente y oficiales clave del gobierno aterrorizaron al público con visiones de terrorismo identificadas una y otra vez según lo que se necesitaba para la guerra resultante, hasta llegar a la guerra global en su contra (GLOT por sus siglas en inglés), a la guerra prolongada en su contra, a un nuevo nombre que pronto vendría a reavivar un interés público cada vez más flojo y una creciente desilusión por dos guerras en el extranjero decepcionantes y perdidas.
Muchos escritores, presentes y pasados, han escrito sobre el terrorismo con sus definiciones y análisis. A continuación mencionamos a cuatro destacados críticos políticos y sociales, pero comenzamos con una definición oficial para encuadrar lo que sigue:
Cómo el Código estadounidense define el terrorismo
Bajo el Código de EE.UU., el “terrorismo internacional” incluye actividades que involucran:
(a) “actos violentos o actos peligrosos para la vida humana que constituyen una violación de las leyes penales de EE.UU. o de cualquier Estado, o que constituirían una infracción criminal si fueran cometidas dentro de la jurisdicción de EE.UU. o de cualquier Estado;”
(b) que tienen el propósito de:
1) “intimidar o coercer a una población civil;
2) influenciar la política de un gobierno mediante la intimidación o la coerción; o
3) afectar la conducta de un gobierno mediante la destrucción masiva, el asesinato, o el secuestro; y
(c) que ocurren sobre todo fuera de la jurisdicción territorial de EE.UU....”
El Concepto Operativo para Terrorismo del Ejército de EE.UU. (TRADOC Pamphlet No. 525-37, 1984) abrevia la definición mencionada para que sea “el uso calculado de la violencia o de la amenaza de violencia para lograr objetivos que son políticos, religiosos, o ideológicos en su naturaleza... mediante la intimidación, la coerción, o infundiendo temor.”
Eqbal Ahmad sobre el terrorismo
Antes de su prematura muerte, el activista y erudito indio Eqbal Ahmad habló del tema del terrorismo en una de sus últimas conferencias en público en la Universidad de Colorado en octubre de 1998. Seven Stories Press publicó posteriormente su presentación en uno de sus libros breves de la Open Media Series, intitulado "Terrorism, Theirs and Ours." [Terrorismo, el suyo y el nuestro] Su conferencia, en su momento, fue profética a la luz de los eventos del 11 de septiembre, lo que hace que sus comentarios sean especialmente relevantes.
Comenzó con la cita de un discurso en 1984 del Secretario de Estado de Reagan, George Shultz, en el que calificó al terrorismo de “barbarie moderna, una forma de violencia política, una amenaza para la civilización occidental, una amenaza para los valores morales occidentales” y más, mientras que en ningún momento llegó a definirlo porque eso “involucraría un compromiso con el análisis, la comprensión y la adhesión a algunas normas de coherencia” que no son consistentes con el modo como este país lo explota para propósitos políticos. También habría puesto al descubierto el largo historial de Washington en el apoyo a los peores tipos de regímenes terroristas en todo el mundo en Indonesia, en Irán bajo el shah, en Centroamérica, con los generales fascistas sudamericanos, Marcos en las Filipinas, Pol Pot y Sadam en sus peores tiempos, los actuales regímenes saudí y egipcio, Israel en los Territorios Palestinos Ocupados (OPT), y en el caso del pueblo de Grecia, que pagó un precio enorme, los coroneles griegos que EE.UU. llevó al poder a fines de los años sesenta, algo que la gente en ese país aún no nos ha perdonado.
Ahmad siguió diciendo: ¿Qué es (por lo tanto) el terrorismo? Nuestra primera tarea es definir esa porquería, llamarla por su nombre, darle alguna descripción, otra que el “equivalente moral de (nuestros) fundadores de la nación (o) una ofensa moral a la civilización occidental.” Citó al diccionario Webster como una fuente que dice. “El terrorismo es un miedo intenso, avasallador... el uso de métodos aterrorizadores de gobierno o de resistencia a un gobierno.” Es simple, va al grano, justo, y Ahmad, la califica de una definición de “gran virtud. Se concentra en el uso de la violencia coercitiva... que es utilizada ilegalmente, extra-constitucionalmente, para coercer” diciendo que es verdad porque es lo que es el terrorismo, sea si es cometido por gobiernos, grupos, o por individuos. Esta definición omite lo que Ahmad considera que no corresponde – la motivación, sea justa o no la causa, porque “los motivos difieren, (pero) no importan.”
Fuente: Stephen Lendman, Global Research. Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens. Nota completa aquí.
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