La Resurrección de Jesús
Los testigos de Jehová enseñan que Jesús resucitó, pero que lo hizo "como espíritu". En forma más específica, enseñan que en la resurrección Su cuerpo permaneció muerto, pero que la tumba quedó vacía porque Dios escondió el cuerpo en otro lugar.
Note el contraste entre la enseñanza de Cristo, cuando dijo que El resucitaría Su cuerpo, y la doctrina de los testigos de Jehová:
"Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho" (Juan 2:19-22).
Cristo profetizó que levantaría Su cuerpo. ¿Hubieran creído los discípulos si la profecía del Señor hubiese estado errada, y no hubiera resucitado Su cuerpo, sino únicamente Su Espíritu?
La opción es clara. Tenemos que creer en la poderosa enseñanza de la Biblia -que Cristo anunció que resucitaría Su cuerpo y lo hizo-, o en el débil razonamiento de hombres que afirman que El no lo hizo.
Si Cristo no hubiera resucitado en la forma en que había dicho, una buena ocasión para explicar lo que realmente sucedió hubiera sido cuando las mujeres fueron a la tumba, la encontraron vacía y vieron a un ángel que les explicó: "No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto". Si el Señor no hubiera resucitado como había dicho, ¿por qué dijo el ángel: "Ha resucitado, como dijo"?
Ese hubiera sido el momento oportuno para explicar: "El fue resucitado espiritualmente, luego Dios tomó Su cuerpo y lo escondió". La doctrina antibíblica de que el cuerpo de Cristo no resucitó de entre los muertos, sino que fue sacado y escondido, se originó en la mente de hombres y contradice la Palabra de Jehová.
Para leer profecías del Antiguo Testamento que enseñan que Cristo resucitaría de entre los muertos, vea Salmos 16:10 e Isaías 53:10-12.
Había Sido Levantado y lo Demostró
Los discípulos tenían la tendencia a creer en fantasmas, es decir, en espíritus que a veces se materializaban en cuerpos para que la gente pudiera verlos. Antes, cuando los discípulos vieron a Cristo caminando sobre el agua, pensaron que habían visto un fantasma (Mateo 14:26; Marcos 6:49). Puesto que El sabía que en esta ocasión estaban pensando lo mismo, hizo lo necesario para probarles que ese era realmente Su cuerpo:
"Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos" (Lucas 24:37-43).
Note que primero Jesús dijo: "Yo mismo soy", y luego demostró que poseía carne y huesos reales.
Cuando personas que no estuvieron allí contradicen este relato, y afirman que los discípulos vieron una criatura espiritual, usted debe decidir si creerá en la palabra de ellos o en la Palabra de Jehová.
Aunque al principio les pareció irreal, después de ver y tocar el cuerpo de Cristo, con las heridas en Sus manos y pies, los discípulos creyeron y "volvieron a Jerusalén con gran gozo" (Lucas 24:52). Cuando pensaron que estaban viendo un espíritu, se sintieron "espantados y atemorizados". Cuando supieron que era Cristo mismo, que tenía carne y huesos, y que podía comer, experimentaron "gran gozo". El gozo de creer en la resurrección de Cristo es una bendición que usted puede y debe sentir.
Tomás no estuvo presente cuando Jesús mostró a los discípulos Su cuerpo resucitado, y él no creyó en el testimonio de ellos. Incluso, a los que habían estado allí, les dijo que él no creería a menos que pudiera tocar las heridas. Jesús visitó otra vez a los discípulos y, lo que le dijo a Tomás, le ayudará a usted también:
"Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron" (Juan 20:27-29).
Ver y tocar el cuerpo y las heridas de Cristo convenció a Tomás; sin embargo, por medio de este pasaje, Jesús también le habla a usted: "Felices son los que no ven, y creen". ¿Le es difícil creer? No dé por sentado que Jesús estuvo equivocado porque Sus palabras contradicen lo que le han dicho personas que usted respeta. ¡Pruébelo! Crea que El es su Señor y su Dios, quien realmente resucitó de entre los muertos. "Bienaventurados los que no vieron, y creyeron".
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