El gobernador Natividad González Parás se encuentra en el peor momento de su vida política, con el narcotráfico en la puerta de su oficina
No hay, en estos momentos, un gobernador más “apanicado” —como lo describen funcionarios federales— que Natividad González Parás en Nuevo León, desbordado por una delincuencia organizada que está metida en el corazón de su gobierno y toca peligrosamente a su hermano. La explosiva mezcla neoleonesa no se detiene en la penetración de los cárteles en su administración, que ha desatado la violencia urbana y los ajusticiamientos, sino que se empalma con crecientes cuestionamientos al presunto tráfico de influencia de su familia, con el apoyo a un aspirante panista a la gubernatura que es socio de despacho de su hermano, y la zozobra regia que empieza a desatar fenómenos socioeconómicos que atacan al tejido social neoleonés.
González Parás está en problemas, con el narco tocando a su puerta y su administración convertida en una coladera donde se desparrama la incertidumbre y la decreciente confiabilidad.
El asesinato del diputado local Mario Ríos la semana pasada en el centro de Monterrey lo ha vuelto a colocar en un torbellino, no sólo por el hecho violento en sí mismo, sino por las ramificaciones del crimen. El mismo día que mataron a Ríos, que era de Cerralvo, González Parás comía en ese municipio del norte del estado con el hijo pródigo local, Roberto González Barrera, uno de los empresarios más importantes del país, lo que motivó que en Monterrey se empezaran a preguntar si era un mensaje para el gobernador.
Ríos ya había sido vetado por González Parás para ser candidato a diputado en el 2003, en buena parte por las mismas razones por las que no pudo ser diputado federal: hace varios años lo detuvo la policía con posesión de droga, y aunque el caso se cayó por falta de pruebas, no pudo limpiar una imagen que se fue deteriorando con el paso de los años, al grado que, socialmente, fue vetado para ingresar a clubes y de formar parte de esos círculos. Ríos fue cobijado también por Roberto Madrazo, quien lo hizo uno de sus operadores en el estado, Coahuila y Tamaulipas durante la campaña presidencial, se convirtió en diputado local como resultado de una historia que tienen fresca las élites regiomontanas y que conectan directamente con la oficina del gobernador.
La línea directa se establece a través de Carlos González, vinculado con un grupo de personas presuntamente relacionadas con el Cártel del Golfo, quien es hermano de Pablo César González, secretario particular de González Parás. Los hermanos González establecieron un fuerte vínculo político con el hermano del gobernador, Luis, con quien impulsaron, por un lado, a Ríos como diputado local, y por el otro al propio Pablo César, como senador suplente de Eloy Cantú, pese a la oposición de éste. Los González han venido despertando tantas sospechas, que en Monterrey se les conoce como “los hermanos Hummer”, por tener esos costosos vehículos que no se pueden respaldar con su historial de ingresos y trabajos.
La influencia de Luis González Parás es tan grande, que hizo que el gobernador juegue contra los intereses del PRI, y esté apoyando al socio de despacho de su hermano para la gubernatura, el panista Fernando Elizondo, ex gobernador interino y ex secretario de Energía en el gobierno de Vicente Fox Quesada, obligando a alcaldes priístas a recibirlo y expresarle apoyo, contra el respaldo que esperarían tener los aspirantes de su partido al cargo, los también senadores Eloy Cantú, que trabajó en el gobierno neoleonés, y Jorge Mendoza, amigo de la juventud de Natividad.
El asesinato de Ríos agravó el frágil equilibrio político en el que se encuentra el gobernador, quien no logró una moción de apoyo de senadores y diputados federales. Tampoco, en el complicado entorno, acudió al acto en el Congreso local que organizó el coordinador priísta e incondicional suyo, Ildefonso Guajardo, porque le sugirieron sus asesores que con el cúmulo de sospechas sobre Ríos no le iba a beneficiar una fotografía junto al ataúd. El crimen volvió a colocar a Nuevo León como el principal campo de batalla hoy en día entre los cárteles del Golfo y de Sinaloa, y la forma como el narcotráfico tiene penetrado a su gobierno y dominado en varias esferas.
Una comunicación radial en el momento en que se estaba ejecutando el asesinato del diputado Ríos muestra claramente esa subordinación ante los cárteles. Cuando unos policías notificaron a la central de policía sobre la balacera, la respuesta que obtuvieron fue contundente: “aléjese de la zona”. Esa orden abrió el espacio a los sicarios para que pudieran huir, como lo hicieron, sin problemas. Las policías municipales de Nuevo León, como muchas otras en el país, sirven al gobierno y a los cárteles de la droga. En términos generales, están más lejanos de cumplir con sus deberes y más cercanos al servicio del narcotráfico, que les paga mensualmente entre 500 y mil 500 pesos. Los narcos en Nuevo León, sin importar cártel, han ido extendiendo sus redes no sólo en los policías de crucero, sino en puestos clave, como los encargados de las plantas de radio —despachadores que mandan, como en el caso del diputado Ríos, las patrullas hacia donde no deberían—, o jefes policiales.
La penetración del narco con las policías en Nuevo León surgió de manera intempestiva ante los ojos de todo el público el año pasado, cuando el comandante de la Agencia Estatal de Investigaciones, Marcelo Garza, fue asesinado en septiembre en San Pedro, municipio en los suburbios afluentes de Monterrey. El otro nombre de un alto funcionario que ha salido como sospechoso de vinculación con uno de los cárteles es el del secretario de Gobierno de Nuevo León, Rogelio Cerda, a quien públicamente ya amenazaron de muerte y cuyo nombre aparece como sospechoso en un informe del Cisen. Cerda, muy cercano al secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Roberto Campa, niega tajantemente cualquier vinculación, y ha dicho que las autoridades federales le han comunicado verbalmente que no hay nada en su contra, y que lo que se pretende es atemorizarlo. De cualquier forma, hay otros elementos que no lo ayudan ni a él ni al gobernador, como cuando en la cena de despedida del cónsul estadounidense, Luis G. Moreno, un experto en narcotráfico, éste vetó a Cerda de acudir al homenaje, y el gobernador tuvo que aceptar ese rechazo pese a que él era el anfitrión.
González Parás está “apanicado” porque, como aseguró un alto funcionario federal, “muchos en su gobierno están metidos con el narco”. Las sospechas del narco en las puertas de la oficina del gobernador tienen el respaldo de investigaciones federales, pero todavía no se ha tomado la decisión de hacerlas públicas. Los fantasmas a su alrededor lo tienen aprisionado y prisionero, y políticamente parece, como lo definió un estratega priísta, “tocado de muerte”.
(c) eluniversal.com raymundo rivapalacio 20 junio 2007
1 comentario:
Les dejo esta nota:
Descartan mejore seguridad con cambio de mandos
Por: Nancy Lorena Gómez y Nohelia Guadalupe Núñez
El diputado federal del PAN Cristian Castaño y el líder de la Canaco consideran improbable que nuevos mandos terminen con la inseguridad en Nuevo León.
La posible salida de altos mandos de seguridad del estado, no garantiza que la inseguridad disminuya pues no se deben solapar, en caso de que existan, a las personas de gobierno que están involucras con la delincuencia, esto lo aseguró el diputado federal del PAN Cristian Castaño.
"Es evidente y ha sido evidente la presencia de elementos federales de los elementos del Ejército mexicano, el asunto es que aunque trajeran a todo el Ejército a sitiar todos los municipios de Nuevo León, de nada va a servir si se siguen solapando, si es que hay personas que tienen responsabilidad pública y que estén involucradas con actividades del crimen organizado", señaló el legislador federal.
Puntualizó que la esperanza de detener los problemas en el estado, no debe ponerse en la presencia de elementos federales y mucho menos responsabilizar a la federación de lo que ocurre, por esto pidió que se deben revisar los mandos para detectar si existe alguien que encubre a los delincuentes.
Esto luego de que en días pasados el gobernador del estado, José Natividad González Parás, dejara entrever la posibilidad de llegar a cambiar a los titulares de dependencias dedicadas a combatir el crimen organizado.
"Avisan que a lo mejor hacen unos cambios en los responsables de los mecanismos de seguridad en función del Fórum, y lo que piensa la gente es que ojalá y el evento se pudiera quedar para siempre, lo que menos interesa es que haya seguridad para un evento, importa más que haya seguridad para nuestra comunidad, barrios y colonias, ojalá y no fuera una visión cortoplasiasta", comentó Castaño.
Afirmó que después de que termine dicho evento que empezará el septiembre la gente teme que la inseguridad vuelva a hacerse presente con robo, ejecuciones y secuestros, esto luego de que en días pasados se anunció la llegada de una gran cantidad de elementos para cuidar y proteger a los que acudirán al festejo internacional.
CAMBIOS EN GABINETE NO TERMINARAN CON INSEGURIDAD La Cámara Nacional de Comercio de Monterrey consideró que los probables cambios en el gabinete del gobernador Natividad González Parás, no son la solución para erradicar el problema de inseguridad, así lo manifestó su presidente Jesús Marcos Giacomán.
"Hasta ahorita no ha habido cambios en seguridad, nosotros como Cámara de Comercio creemos que cambiar a los jefes no ataca el problema de raíz".
"El problema de raíz lo atacan, contratando más policías, pagándoles mejor, dándoles un mejor modus vivendi para su familia capacitándolos más, y lo que pedimos es que haya más coordinación, el hecho de que cambien a un jefe policiaco o un secretario de seguridad, no va a arreglar las cosas, hasta las puede empeorar", manifestó.
El líder de los comerciantes reconoció que quizás estos cambios sean necesarios, pero lo más negativo que se puede presentar es tener elementos policíacos inconformes, ya que dijo que no es fácil otorgar capacitación a los elementos policiacos no sólo de la entidad, sino del país, ya que dijo que estos están acostumbrados a un modus vivendi, en el que no cuentan con prestaciones como crédito para vivienda, créditos bancarios, entre otras prestaciones.
"Mientras no haya más coordinación, se pongan a trabajar todos juntos y el policía no se sienta seguro, porque como lo han sacado algunas televisoras los policías los sacan con uniformes casi como harapos (...) nadie se preocupa por ayudar al policía, creen que porque algunas empresas les damos algunos regalos el día del policía, eso no es nada, al policía hay que ayudarlo darle buena casa, ropa y una vida digna".
"Necesitamos una gerencia que se preocupe por la dignidad del policía", expresó.
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