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11 junio 2007

>> en pocas palabras <<

Poco a poco

El "poco a poco" ganó. Los gradualistas ganaron. Los conservadores se impusieron. Los amantes del actuar pausado se salieron con la suya. Pero el resultado lo estamos viendo ahora a paso acelerado: el País es un desastre, por la corrupción rampante, la inseguridad y el sentido de total impotencia que prevalece en la sociedad.

La mentalidad de "poco a poco" ganó y los cambios necesarios se difirieron durante décadas. Las leyes avanzaron a base de parches sobre parches, hasta hacerlas totalmente incomprensibles y bromosas. Para ejemplo, la propia Constitución. Ahora estamos pagando las consecuencias.

La democracia fue transportada en carreta. No debe extrañarnos que llegó tarde y cansada por el tedioso viaje. Muchísimas personas estaban convencidas de que México no estaba listo para la democracia. Desde los 80, y antes, sabíamos que el sistema político estaba podrido, pero los gradualistas defendían lo que Vargas Llosa bautizó como "la dictadura perfecta". Todavía hoy, importantes reformas electorales se regatean.

En materia de transparencia también se ha tomado la línea gradualista. La cultura, nos dicen, hay que ir cambiándola poco a poco. Creen que es problema de publicidad y se gastan millonarias cantidades en anuncios en la prensa, radio y televisión. Las solicitudes de información se burocratizan porque estamos en manos de quienes están convencidos de que la cosa es calmada.

En materia judicial, tenemos el sistema más arcaico y lento del planeta. Pero en esta materia, de nueva cuenta, no existe el menor sentido de urgencia. El Gobierno genera apariencias de que está trabajando en el problema; de nuevo no tienen prisa o noción de lo que realmente se necesita.

En un problema tan sencillo y tan obvio como lo es prohibir fumar en lugares públicos, también se sigue la línea del menor esfuerzo. Mientras tanto, más y más jovencitos y jovencitas se siguen contaminando unos a otros con el vicio del cigarro, ante la mirada indolente de quienes se dicen ser nuestros gobernantes.

El estado de derecho es un contagio positivo. Sólo que se requiere un mínimo de cumplimiento de la ley para que sus efectos empiecen a notarse. Existe un umbral al que hay que llegar antes de que se cambie la marea en el sentido contrario del actual. Desgraciadamente, ese umbral está cada vez más distante porque los primeros en violar la ley son los propios funcionarios.

Cristina Díaz, la Alcadesa priista de Guadalupe, está confesa públicamente de que se negó a enviar policías durante un atraco masivo a clientes de un casino que duró casi una hora. Y, sin embargo, a pesar de su gravísimo abandono de funciones sigue en su puesto. Y todavía peor aún, está convencidísima de que hizo lo correcto. Y seguramente Nati también está convencido de que ella y él están lo correcto al sostenerla en el puesto.

Este ejemplo, así de sencillo y claro, demuestra que existe toda una generación de funcionarios que viven encapsulados, incapaces de leer la realidad actual. Desgraciadamente, tienen por contraparte a ciudadanos que ya están culturizados para no esperar nada de los funcionarios ni de la ley.

Natividad González Parás ha sido uno de los grandes exponentes del gradualismo, un verdadero maestro en la técnica de diferir las exigencias de la sociedad, tanto en lo democrático como en materia de transparencia como en materia de administración de justicia.

Desgraciadamente, hace cuatro años Nuevo León voto por él. Ahora, vamos pa'trás con González Parás, pero a paso acelerado. Y aparentemente, no tenemos un mecanismo legal que permita abortar este sexenio de retroceso acelerado.

Claro, que después de tantos años de indolencia ciudadana, no podíamos esperar otra cosa.

(c) Javier Livas Cantu - El Norte - 11 junio 2007

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