>> Una lucha a bajo costo contra titanes financieros <<
El mes pasado, uno de los investigadores del Procurador General de Nueva York, Eliot Spitzer,* revisaba en una oficina en Manhattan una pila de documentos obtenidos con una orden judicial. De pronto, dio un grito, golpeó su taza de café contra la mesa y se fue corriendo por el pasillo.
El hallazgo, recuerdan las personas que estaban en la oficina, era un correo electrónico de un empleado de Marsh & McLennan Cos. que solicitaba una cotización falsa de una aseguradora para que Marsh dirigiera negocios hacia un proveedor favorecido.
El detective: Craig Winters, un pasante de 27 años.
Sin aliento, llegó a la oficina de su jefe, Matthew Gaul, situada en el piso 23, para mostrarle la evidencia. “Para mí esto era increíble”, afirma Winters, un alumno de segundo año en la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York (NYU).
Semanas después, Spitzer demandó a Marsh, acusando al mayor corredor de seguros del mundo de manipulación de licitaciones. La querella condujo al despido del presidente ejecutivo de la compañía el lunes y allanó el camino para una revisión general de la forma en que la industria hace negocios.
El enfoque sigiloso de Winters deja en evidencia la actitud luchadora y de bajo costo que emplea la oficina de Spitzer en su lucha ontra las empresas más grandes del mundo, incluyendo firmas de valores y compañías de fondos de inversión.
Existen muchos críticos que creen que la oficina de Spitzer se excede en su celo investigativo, pero eso no le ha impedido convertirse en un imán para una amplia cantidad de estudiantes de las mejores escuelas de Derecho de Estados Unidos y también algunos abogados veteranos de la Procuraduría General de Justicia y de bufetes legales de gran prestigio.
Algo que su nuevo lugar de trabajo no tiene es una biblioteca elegante y llena de libros. Meses antes de que la oficina iniciara sus explosivas acusaciones contra la industria de seguros, el 14 de octubre, sus mejores abogados decidieron que necesitaban aprender más sobre estos temas complejos.
Entonces el experto en seguros de la oficina, Melvin Goldberg, Sub-Procurador General, fue a una sucursal de la Biblioteca Pública de Brooklyn y sacó la única copia de un libro clásico sobre la industria aseguradora.
El epicentro de la campaña del Procurador General para hacer una limpieza de la industria de los servicios financieros está en un edificio alto en el sur de Manhattan. Ocupa nueve pisos que se parecen más a una oficina de una revista de Derecho de una facultad que a un estudio jurídico corporativo y aloja a 343 de los 617 abogados de Spitzer.
Trabajan con un presupuesto relativamente modesto: alrededor de US$63 millones del presupuesto anual de US$197 millones del Procurador General que se destina a monitorear las empresas. En comparación, l principal regulador de la industria de finanzas, la Comisión de Bolsas y Valores, ha propuesto un presupuesto de US$913 millones para el año fiscal 2005.
La oficina de Spitzer selecciona cientos de pasantes al año—alumnos de pregrado y posgrado— de entre miles de postulantes. NYU por su cuenta, que ofrece US$4,000 en estipendios a sus alumnos de Derecho que encuentran pasantías orientadas al servicio público, presenta más de cien solicitudes.
“Por supuesto que es uno de los trabajos de mayor perfil en Nueva York, especialmente si uno está interesado en temas de querellas y delitos administrativos”, dice Benjamin Brodsky, un compañero de Winters.
David Brown, responsable de la División de Protección de Inversiones, ha contratado a más y más pasantes. Brown se desempeñó como abogado de Goldman Sachs Group Inc., donde ganaba alrededor de US$500,000 al año. En busca de un trabajo con más sentido después de los atentados del 11 de septiembre, renunció en 2003 para ir a trabajar con Spitzer por un sueldo de US$92,000 anuales.
Desde entonces, el abogado de 46 años ha ascendido a un puesto donde cobra US$125,000 por año.
La publicidad lograda por la oficina de Spitzer ha producido una avalancha cada vez mayor de pistas, miles de correos electrónicos, llamadas a sus teléfonos gratuitos y cartas al mes. Dos funcionarios en a ciudad de Albany están a cargo de revisar la correspondencia y asegurarse de que las pistas más importantes terminen en manos del responsable de la oficina indicada. Pero a veces, las cartas aterrizan directamente en los despachos de los abogados de mayor rango.
Una carta anónima dirigida a Brown ayudó a poner en marcha la investigación de la industria aseguradora en marzo.
© El Norte 28 10 2004 «The Wall Street Journal»
* Eliot Spitzer fue electo Gobernador de Nueva York (Democrata) en 2006.
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