Por Alfredo Velarde
Ocho años de persistente y fragmentado reflujo durante los oscuros años de la espuria administración de Juan Ramón De la Fuente , hacían pensar que la incipiente aunque todavía endeble coordinación que hoy se vincula en derredor de la Asamblea Universitaria (AU), no era posible. Ni mucho menos marchar. Y en sus tímidos alcances y ostensibles límites, mostró y demostró que es posible reflotar la articulación de un necesario y urgente movimiento universitario –que hay que cuidar como la niña de los ojos- constituido a partir de la preocupación compartida por alentar una vigorosa democratización de fondo para la UNAM.
Este fue, sin duda, el principal elemento del balance positivo que arrojó la realización de la primera movilización en contra de la imposición de rector en la máxima casa de estudios, del pasado viernes 9 de noviembre en su itinerario del monumento a Álvaro Obregón a Ciudad Universitaria.
Apenas pocos cientos de compañeros que, en su concurrir a la pequeña marcha de una tarde invernal, se colocaron como el núcleo descontento más activo y crítico contra la mascarada sucesoria en la UNAM , justo cuando la unilateral auscultación entre los aspirantes ha concluido y la Junta de Gobierno (JG) delibera sobre quién será el nuevo ungido llamado, no a dirigir , sino a dominar a la importante institución educativa, presa de los grupos de interés más conservadores que la ven y la usan como un aparentemente invulnerable coto de poder suyo y feudo irrenunciable del odioso principio de autoridad que debe subvertirse en favor de la comunidad y sus hoy manipuladas funciones sustantivas.
La correctísima iniciativa de la AU , contra la imposición de rector, sin embargo, parece insuficiente todavía en momentos en que el tiempo apremia para hacerse oír por la sordera instituida que no cesa en sus contraproducentes ponderaciones sobre lo conveniente del dudoso método de designación autoritaria del rector y su máxima autoridad, colocado ahí por consigna y no por la consciente elección definida a través de la participación activa, dinámica y crítica de los universitarios constreñidos a ser, bajo el odioso proceder discrecional que pisotea dicho reclamo legítimo, en meros convidados de piedra que no generen estridencias a la “normalidad institucional” colocada por AU en la mira de su cuestionamiento.
Y aunque parezca tarde la organización en ciernes, y no alcance aún para detener la ignominia repetidora de la larga historia de las imposiciones que conoce la UNAM , es preciso persistir en lucha, socializando y divulgando nuestros argumentos que, como se sabe, son plenamente legítimos ante la impertinente legalidad universitaria caduca que se ha podrido de largo tiempo atrás, por mucho que sus beneficiarios finjan que ello no es así o que, en última instancia, traten inútilmente de convencernos de que el proceso de imposición es mejor y preferible a destapar la caja de Pandora que una alternativa de elección colectiva de las autoridades, afirman, podría traer consigo. De manera que, así las cosas, es preciso acumular la fuerza opositora para devenir en factor político contrario a la dinámica de imposición que la cúspide decisoria de la UNAM persigue disfuncionalmente perpetrar.
Pero la acumulación de fuerzas para el naciente movimiento universitario democratizador, sólo será posible en la medida en que trabaje con prontitud para denunciar con agitación y propaganda lo que se cocina, aspirando a que su resultado más inmediato, pueda ser la organización de la resistencia desde antes, durante y sobre todo después de que la misma imposición ocurra.
La denuncia contra la imposición de parte de la AU , su movilización correspondiente, y su esperado producto organizativo que la haga crecer, es el reto más urgente para el proceso de la sin embargo creciente resistencia que no debe ser minimizada, y sí, por contrario, alentada desde todos los espacios posibles de los tres sectores de estudiantes, profesores y trabajadores democráticos y críticos.
Sobra decir, al respecto, que como en otros momentos anteriores, los estudiantes están llamados a ser la vanguardia empírico-decisiva de la lucha universitaria que recién comienza, de nuevo, mientras la fragmentación y el desánimo del golpeado sector académico y el cooptado movimiento sindical corporativo, enfrenta los retos de sacudirse la polilla burocrática de sus suplantadores liderazgos caducos, a fin de fortalecer a la naciente, correcta y necesaria resistencia que, empero, crece y se mueve.
En nada ayuda a la AU , por ejemplo, el debate, si no falso, sí sumamente estéril, que en su filas se ha perfilado entre una postura “garridista” , por definirla de algún modo, y otra, en mucho desorbitada, que clama por la “abolición de la rectoría” , cuando en todo caso lo que habría que postular, como definición estratégica, en concordancia con la afirmación del perfil autónomo de ésta lucha, que peleamos por el autogobierno de la universidad .
Mal harían los sectores “antigarridistas” de la AU , si apostaran por abrir un frente interno de divergencia principista a su coordinación horizontal, justo cuando Luís Javier Garrido (quien sabe muy bien que está vetado por la JG ), ha sido el único de los universitarios auscultados, que tuvo los arrestos de ir a la antidemocrática Junta , a denunciar el carácter antidemocrático del proceso , según lo consignó con oportunidad la prensa ( La Jornada , 9 de Noviembre).
Y esto implica que, ante lo que se viene, lejos de fabricar una divergencia interna y artificial que nos debilite, es preciso refrendar la cercanía entre la AU y Luís Javier Garrido quien, como la intachable personalidad universitaria que representa, de genuina vocación democrática, constituye la posibilidad de una formidable alianza que está llamada a ganar mucha autoridad moral ante la imposición de rector, decisión ya tomada, pero que la JG espera cuándo hará del conocimiento público, achicando los tiempos para la respuesta organizada de los universitarios y que, según ellos, el vacacionazo decembrino, como siempre, sofocaría. Indudablemente, de esa comprensión, se desprenderá la madurez de la AU para devenir en el ariete contra la imposición que se cocina en la UNAM y que tanto se requiere.
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