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15 junio 2007

POLINOMIOS DE LA DEMOCRACIA (Parte 1)


Es innegable que desde tiempos prehistóricos el ser humano siempre ha buscado formas mas evolucionadas de convivencia social, desde los primeros homínidos antropoides que se organizaban en tareas diferentes con fines de alimentación, protección y subsistencia, hasta los futuros sistemas de democracia digital directa donde con solo apretar un botón, estaremos construyendo acciones de magnitud y orden interplanetarios (por ejemplo, las elecciones locales de un futuro sistema de varias lunas habitadas por nosotros).


Sin embargo, hemos visto que desde que Platón soñaba con ciertas formas democráticas en sus propuestas teóricas, tuvieron que pasar lentos y pesados siglos enteros para que un evento como la Revolución Francesa lograra asestar el golpe a las dictaduras, alimentadas por ese irrefrenable instinto biosocial del hombre económico – animal político que todos llevamos dentro, y que de vez en cuando -de vez en siempre diría yo-, ese instinto erosiona las plurales formas políticas, económicas y sociales que tanto trabajo cuesta construir.

Pese al hecho, los pensadores de la democracia han ideado nuevos mecanismos para llevar a cabo con más eficacia, eficiencia y salud organizativa la voluntad de los gobernados sobre los gobernantes, pues nunca es nuevo que algunos gobernantes quieren abusar de sus gobernados. No obstante, gobernados y gobernantes tienen algo en común que les ha acompañado desde la prehistoria, todos corresponden a la misma especie biológica, principal argumento -creemos- que sostiene a la democracia, ¿por que unos han de gobernar sobre otros si todos somos iguales? ¿con que derecho? ¿son seres superiores? ¿son mas bonitos? ¿en que me diferencía a mi gobernante sobre el gobernado y viceversa si en esencia somos lo mismo? Ese fue uno de los postulados -muy escondidos- que dieron origen a los sistemas democráticos y a los levantamientos de los pueblos contra sus dirigentes en diversas partes del planeta una vez que la democracia se esparció como semilla de diente de león.

No obstante y entre los alborotos sobre “ahora quien carajos y como carajos nos va a gobernar” surge la idea mas o menos simple: ¿y por que no el pueblo se elige a si mismo? yo ciudadano deseo que otro ciudadano sea quien tome las decisiones y me represente, pero no alguien de realeza feudal, aristócrata o clerical, yo plebeyo quiero ser gobernado por otro simple plebeyo, un ciudadano como cualquiera igual que yo, y no alguien que cree ser descendiente de dioses.

Paternalismo Sin embargo y pese a cualquier derrocamiento dictatorial, no está demás saber exactamente, por que el ser humano requiere que lo gobiernen: la razón es otra vez, una razón biológica.

Dentro de este planeta con recursos naturales limitados surgen civilizaciones humanas, mismas que al tener necesidades de todo tipo comienzan a interactuar entre sí para ver “quien o quienes y de que forma los coordine”. Hemos observado dos causas del origen de los sistemas de gobierno: la supervivencia alimenticia y el instinto biológico. La primera se origina en los tiempos prehistóricos donde los clanes son “coordinados por el mas fuerte” para fines de caza y recolección de alimento. La segunda causa que trasciende hasta nuestros días se origina por que al momento de nacer, nuestra forma de vida inteligente psicológicamente tiende a reproducir en muchos ámbitos la sensación de protección que le proporciona el útero materno, por lo que a veces mira en el Gobierno la reproducción subconsciente de la protección materna que necesita. Los seres humanos ven al Estado como un padre-madre donde este adquiere tintes paternalistas, ello no es otra cosa que el instinto genético de reproducir en el Estado la protección que brinda el concepto “padre-madre-tutor-progenitor”. De ahí surge la concepción de que el Estado-Padre-Madre “está obligado” a procurar el desarrollo de la “población-hijo”. Por esta razón psicológica muy escondida en el subconsciente, la mayoría de los seres humanos requieren de un sistema de gobierno , aunque para los que ya se dieron cuenta nos sea totalmente indiferente e indistinto la existencia del mismo.

De esa manera, la democracia quedó implícitamente definida en varias formas polinómicas, la principal de todas ellas: la Democracia Formal.

Democracia Formal Representativa. También llamada Democracia Política, Democracia Electoral o Democracia Constitucional, la cual es en teoría, un bello y complicado tejido de pactos sobre reglas de juego para los mecanismos que determinan el concurso de los ciudadanos en la elección de los gobernantes en medio de un ámbito plural y competitivo. Implica la posibilidad de un cambio regular de los grupos de conducción política donde es indispensable la libre competencia, tiene un carácter arbitral entre las distintas posiciones, interviene en los mecanismos que ponen en práctica las garantías de igualdad frente a la ley, remite la legalidad positiva y vigente a espacios públicos de acción colectiva, a posibilidades del ejercicio de derechos políticos, implica soberanía, Estado de Derecho, vigencia de libertades, garantías individuales, circulación de ideas e información, sufragio universal, pluripartidismo, interrelaciona mayorías con minorías, articula representados y representantes, garantiza sistemas institucionales para el acceso a la transparencia del poder público, salvaguarda la legitimidad de la diversidad, la tolerancia y los métodos de convivencia, permite la expresión del disenso buscando la pluralidad del consenso formulando decisiones colectivas, los derechos ciudadanos de opinión, reunión, asociación y elección se garantizan jurídicamente, se subordinan los poderes públicos a las leyes generales, se produce el sufragio periódico, limpio y sin coacción, con igualdad de oportunidades. Esto es en esencia la democracia formal... (continuará)

Fuente: APIA VIRTUAL, Fernando Alcaraz.

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