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15 noviembre 2007

Apuesto a los jóvenes


Rosaura Barahona | 15 Nov 2007 El Norte / Grupo REFORMA


Trabajé 40 años de mi vida con jóvenes. La gran mayoría de ellos no estaban maleados. Había de todo: desorientados, obsesionados con su despertar amoroso y sexual, interesados en salvar al mundo, con ganas de aprender y cambiar, entusiasmados con sus descubrimientos, apasionados por algo y, bueno, los que siempre nadan de muertito y respetan la ley del mínimo esfuerzo.

Pocas cosas me dan más satisfacción y orgullo que toparme con ex alumnos y verlos satisfechos de lo que hacen. Son demasiados para dar nombres, pero están ubicados en el ámbito político, docente, artístico, editorial, deportivo, financiero, empresarial, periodístico, familiar, religioso...

Por eso siempre he apostado a los jóvenes. Sé que no todos actuarán el resto de su vida como deberían, pero no me puedo dar el lujo de pensar que la corrupción los atrapará en sus garras de inmediato porque es condenarme a la desesperanza y eso equivale a morir en vida.

Quizá a veces les doy más crédito del que algunos jóvenes merecen, pero lo hago para compensar las acusaciones que les llueven por todos lados: frívolos, irresponsables, ignorantes, promiscuos, desinteresados, manipulables... No digo que una buena cantidad de ellos no sean algo de eso (o todo); lo que digo es que son muchos más los que están tratando de hacer las cosas bien que quienes no.

Por eso es tan doloroso el caso de Kena Yáñez, a quien la vida, sus conocimientos, su personalidad o las palancas la pusieron en un lugar privilegiado a una edad tempranísima. ¿Y qué se le ocurre hacer? Aprovechar el puesto para corromperse de la manera más burda y barata porque, seguramente, pensó que un funcionario público que no agandalla es un tonto.

Kena es priista, pero podía ser de cualquier partido y dolería lo mismo. Kena es mujer y eso es importante. Se supone (aunque esto sea un nuevo estereotipo) que las mujeres somos más difíciles de corromper que los hombres y mire. Kena dirigía el Instituto Estatal de la Juventud y, por si no lo sabía, era un modelo para muchos jóvenes.

Kena había sido cuestionada por gastar demasiado dinero en el Encuentro Mundial Joven que duró dos días y, también, por haber permitido a su papá usar un vehículo oficial para sus viajes personales.

Kena mandó hacer unas encuestas que resultaron muy costosas. Entonces citó a otro ex funcionario para pedirle que la ayudara a alterar la fecha del contrato, de manera que "pudiera embarrar a mucha gente y, así, los medios no publicarían la nota porque eran demasiados y la culpa se diluía. En cambio, si era sólo ella, sería un notonón".

Todo esto lo sabemos gracias a un video que la perseguirá muchos años de su vida porque ahora es "Kena, la del video". El Gobernador declaró que Yáñez no volverá al IEJ, aunque desea que este tropiezo sea pasajero. Yo soy menos generosa que el mandatario; a mí me parece que deberían vetarla para puestos públicos el resto de su vida.

Y, por favor, no me escriban diciéndome que, en ese caso, muchos deberían estar vetados porque es verdad, pero si no empezamos por uno(a), ¿cuándo cambiarán las cosas?

La educación se mama y Kena no tenía mucho de dónde mamar, dado que su propio padre en vez de guiarla por el camino debido, aprovechó un auto pagado por el pueblo para cuestiones personales. Si Kena lo ignoraba, el padre debió explicarle la diferencia entre lo público y lo privado.

¿Que muchos funcionarios hacen lo mismo? No deberían. Si la norma es lo que hacen los funcionarios y no lo que dice la ley, ¿para qué tenemos leyes y pagamos a los diputados para que las hagan y modifiquen?

Los jóvenes deben pensar que es difícil resistir la tentación del dinero, pero cuando se es honesto y decente nunca lo es. Tampoco deben pensar que todos los funcionarios son corruptos; hay muchos decentes, pero ésos no llaman la atención. Menos, pensar que quien no agandalla es idiota. Y todavía menos, que la estrategia de involucrar a los demás para repartir la responsabilidad de su transa fue inteligente. Fue todo lo contrario. Ojalá Kena sea una excepción. Vender un futuro promisorio por unos cuantos pesos no es común.

Pero, a pesar de todo, sigo apostando a los jóvenes.

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