Lectura popular de la Biblia
Serie: El Evangelio según Marcos
Marcos 4, 26-29
Serie: El Evangelio según Marcos
Marcos 4, 26-29
EL PRETEXTO
Las iglesias han hecho de la semilla del evangelio un producto transgénico. Han adulterado su contenido para que arroje resultados rápidos, abundantes y con una mínima inversión, sin importar los daños que dicha manipulación ocasiona en la sociedad. Es un seudo evangelio que se vacía de sus contenidos fundamentales y se hace cómplice de una teología castrada y “light”: presentan un evangelio sin cruz, un discipulado sin costo, resurrección sin crucifixión, espiritualidad sin Espíritu, iglesia sin discipulo(a)s, Biblias sin la imagen del siervo sufriente, discipulado sin seguimiento, predicación sin persecución, Reino de Dios sin justicia, y cielo sin esperanza. Como bien lo apuntara Bonnhoffer, un evangelio de la “gracia barata”.
EL TEXTO
El tema del Reino de Dios sigue siendo el eje que atraviesa todas las narraciones del capitulo 4 del evangelio según Marcos. Jesús compara el Reino con una semilla que un hombre echa en la tierra cuyo crecimiento y desarrollo no dependen de este ultimo. De hecho la semilla crece sin que “él sepa como”. Dos elementos se resaltan en esta parábola. 1) El crecimiento de la semilla no depende del agricultor, 2) el desarrollo de la semilla es un misterio para quien la siembra. En la otra parábola Jesús compara el Reino de Dios con un grano de mostaza, que al sembrarse resulta ser una de las semillas más pequeñas, y sin embargo al crecer termina siendo la mayor de todas, a tal punto que sus ramas sirven de refugio a las diversas aves. Este relato resalta dos elementos también: 1) Lo insignificante que pudiera parecer el trabajo a favor de Reino de Dios, 2) Los grandes resultados que genera el Reino. La misión de Jesucristo tiene cierta especificidad. La Palabra se difunde con la esperanza de que germine, eche raíces, crezca y produzca frutos concretos. Estos frutos son la reconciliación de personas y de comunidades enteras con Dios con sus criaturas (Foulkes-Cook). La semilla no se adultera para que produzca frutos a corto plazo, en mayores proporciones y a menor costo. El pueblo de Dios sólo tiene el deber de sembrar la Palabra que libera, cuyo aspecto será para muchos insignificante, pero que al final los resultados operados por el gran agricultor, Dios, arrojará frutos de justicia y liberación.
EL CONTEXTO
La esperanza que se alimenta del mensaje del Reino de Dios no acepta manipulaciones ni se deja embaucar por un sistema que le exige sacrificar su naturaleza liberadora para tener “éxito” según los parámetros de la cultura transgénica. Además la eficacia y desarrollo de la esperanza del Reino no depende de quienes optan por ser agricultores de la vida, sino del mismísimo Dios. Así que el Reino se extiende y se expande sin que podamos muchas veces percatarnos de su dinámica y desarrollo. De allí, que como pueblo nos movemos de las pequeñas acciones a las grandes realizaciones; de las pequeñas esperanzas a las grandes utopías. Lo que nos compete es sembrar la semilla de la liberación y dejar los resultados al Dios de la Vida, el gran agricultor de las Esperanzas de los pueblos oprimidos. No dejemos de hacer nuestro trabajo por pretender hacer el de Dios, y además, hacerlo con una semilla adulterada, domesticada alienante. Que desafío saber que la semilla de a liberación ya está diseminada por toda América latina y los brotes de su crecimiento ya han comenzado a florecer.
Cesar Henríquez Marapacuto
Ministro Evangélico
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