Por Benjamín Castro
Tengo un disco con algunas piezas de de Franz Shubert que disfruto mucho cuando puedo escucharlo. En el viene incluido el Ave Maria cantada por Luciano Pavarotti quien murió ayer. Cuando lo escucho disfruto enormemente la voz del tenor pero disfruto mas tratando de entender el porque Schubert escribió el Ave Maria, el porque decidió evocar esas emociones con un canto religioso. Schubert (1797-1828) junto con Mendelsohn y poetas como Federico Schiller, Enrique Heine o como el propio Beethoven , formaban parte del movimiento filosófico, político y artístico al que algunos llamaba "clasicismo Alemán" y del que formaron parte los hermanos Humboldt también , uno de los cuales inspiro la revolución de independencia en México. Schubert solía trabar con Mendelsohn convirtiendo música y canciones populares en sus poderosos y hermosísimos "lieders" o canciones. Usaban las canciones populares para imprimirles profundidad dramática y belleza musical. De hecho, hace poco me entere de que Schubert colaboraba con su amigo Mendelsohn para transformar las canciones religiosas judías en música para todos contribuyendo así al renacimiento Yadish que buscaba hacer que los judíos dejaran sus costumbres sectarias y participarán en la cultura universal y en la sociedad en que vivían. Cuando todo esto ocurría en Europa, en América, la revolución de independencia de los Estados Unidos, iniciada en 1776 y consolidada en 1789, se convirtió en el centro de atracción de todas las mentes pensantes y de los movimientos filosóficos de casi todo el mundo. Esa revolución que por primera vez --y no la francesa como dicen algunos historiadores mentirosos—inspiro el surgimiento de una nación de hombre libres, abolió los títulos de nobleza y, sobre todo, creo un sistema económico que garantizaba esa libertad. Benjamín Franklin fue quizá la figura de mayor influencia en el mundo de ese momento pues pudo inspirara a Beethoven como también a Humboldt y al propio Heine.
Cuando Pavarroti canta a Shubert o cuando canta a Verdi no demuestra entender las ideas envueltas en esas obras. Pavarotti es un miembro de la generación de los "babe boomers". Inicio su carrera en 1961 y en 1963 recibió la consagración sustituyendo a Di Stefano en el Covent Garden de Londres para una opera de Puccini. Mas o menos en los mismos años en que la inteligencia británica lanzaba "la ola inglesa" de The Beatles sobre el mundo para promover la contracultura del rock y las drogas. Durante los años 60s, 70s y 80s, con la contracultura del rock se impuso la ideología británica del "pluralismo", la idea de que la verdad no existía y que la búsqueda del placer lo era todo. Pavarotti pertenece a esa generación con una pobre formación moral filosófica y con mucha pasión por los placeres neoyorkinos. Pavarotti junto con Domingo—aunque este un poco menos --, convirtieron la opera en "divertimento", sin ideas, sin propósito ninguno. Todo lo contrario a lo que buscaba la obra de Verdi en "Baile de Mascaras" o en "Don Carlos ".
Pavarotti cantó a los clásicos y canto a Verdi sin comprender las ideas y brindando solo el placer de la voz que tenía y que las obras de estas figuras hacían relucir. Después quiso llevar la opera al pueblo pero quitándole a esta todo rastro de ideas profundas y exhibiendo solo el brillo de su voz. Después hizo los "Tres tenores" con otros dos cantantes, Placido Domingo y José Carreras, quienes también buscaban llevar "la opera a las masas" como lo puso el periódico español. Los tres tenores pasaron ser otro "entertaiment" o entretenimiento controlado por Hollywood y después la industria del entretenimiento hizo a los tenores cantar junto con "voces diminutas" saturadas de cocaína y otras drogas como Joe Cocker o el "potrillo, las Spice Girls e incluso The Rolling Stone. Pavarotti defendió ese proyecto; se ufanaba de que "hemos llevado la opera a 1,500 millones de seres humanos". Y tal vez lo hizo. Quizá su rebelión vino de darse cuenta que las familias de la oligarquía usurpan y mantienen a la cultura clásica secuestrada en lugares como The Metropolitan Opera House de Nueva York, el Covent Garden de Londres o la Scala de Milán. Quizás por eso quisieron popularizarla creando los Tres Tenores y asociándose a las estrellas de la contracultura paradójicamente controladas por la misma mafia oligárquica que controla el mundo de la opera. Querían "democratizar" la opera. Entendían la enfermedad pero no tenían la medicina correcta.
Pero si Pavarotti o el propio Placido Domingo fuera no solo cantantes sino artistas clásicos como Schubert, Beethoven, Schiller o Goethe hubieran encontrado ideas para difundir, para educar "a l pueblo" sobre "conceptos profundos a cerca del hombre , la sociedad y el universo",como señala el poeta Shelley que debe hacer el arte. Pero la generación "68ochera" rechazó esos conceptos y se concentro en lo sensual y la sinceridad de sentimientos. Pavarotti era así, no podía ser de otro modo.
Afortunadamente la historia no termina en esta generación. Habrá de surgir alguien con la voz de Pavarotti pero con el corazón y la mente de Schubert o de Beethoven, o de Verdi.
EL LEGADO DE PAVAROTTI
Al hablar de la muerte de Luciano Pavarotti, algunos periódicos de España o de países latinoamericanos lo definen como el hombre que "llevo la opera a las masas" o como "el que acerco la opera al gran público". Otros reportajes hablan de las críticas que Pavarotti vivió cuando creo, junto con Placido Domingo y José Carrera, el espectáculo llamado "los Tres Tenores" que fue, lo dicen todos, un "negocio millonario". ---Aquí en Nuevo León no pudimos disfrutarlo precisamente por el inicio de la enfermedad de Pavarotti. Frente a esas críticas Pavarotti se defendía diciendo que con es espectáculo habían llevado la opera de millones de seres humanos. Al parecer, tanto Pavarotti como Domingo o Carreras buscaban eso precisamente, acercar la opera a la gente común, a la que no tiene educación musical o que no tienen dinero para ir a la Scala de Milán o al Metropolitan Opera House de Nueva York ,o a los conciertos organizados casi exclusivamente para los ricos y potentados de nuestro país. Querían "democratizar" el bel canto.
Había pues, una buena intención en la idea de Pavarotti de "comercializar la opera". No era solo la búsqueda de dinero lo que lo movía. Por eso, todos aquellos que de alguna manera disfrutamos con el canto de Pavarotti debemos retomar su legado y reconocer que la cultura no esta llegando al pueblo al que se le deja solo la llamada "cultura popular" o "entretenimiento", que manipula sus pasiones y les impide desarrollarse plenamente como seres humanos. Ojala que nuestros gobernantes tomen la bandera que Pavarotti condujo hasta antes de su muerte: La de liberar la cultura clásica secuestrada hoy en día en las grandes casas de opera a donde solo acceden los pudientes y los poderosos. El autor es miembro del Movimiento Internacional del economista Lyndon H. LaRouche.
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