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16 abril 2007

El desastre, el exodo...

La violencia cotidiana y el colapso económico en Irak han provocado una catástrofe humanitaria en ese país: millones de personas carecen de alimentación, agua potable, servicios de salud y empleo, lo que desató un éxodo de iraquíes a otras regiones del país o hacia otras naciones, que se ven rebasadas por la llegada de refugiados. Ante la indolencia de la comunidad internacional, Naciones Unidas lanza voces de alarma.

GINEBRA.- Coches bomba calcinados, cadáveres esparcidos por las calles, heridos, transeúntes atónitos. Día tras día se repiten las imágenes de la violencia que enluta a Irak.

Según la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Irak (MANUI), en 2006 esa violencia tuvo como consecuencia 34 mil civiles muertos y 36 mil heridos, o sea un promedio de 93 muertos y 98 heridos diarios. Estas cifras –ubicadas por debajo del número real de víctimas, según varias ONG independientes– ilustran “solamente” parte de la tragedia que vive el pueblo iraquí. Otras estadísticas permiten medir la amplitud de la creciente catástrofe humanitaria que lo azota.

Astrid van Genderen Stort, vocera del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), con sede en esta ciudad, explica a la reportera:

De una población de 26 millones de iraquíes, “más de 2 millones huyeron del país, mientras que 1 millón 900 mil dejaron su domicilio para irse a vivir a otra región de Irak. Ese ‘éxodo silencioso’ fue paulatino: empezó a crecer hace dos años y se agudizó a partir del 22 de febrero de 2006, día en que se cometió un atentado contra la famosa mezquita chiita de Askariya, en la ciudad de Samara. Calculamos que en los últimos meses el número de desplazados internos fue de 730 mil personas. El fenómeno crece a un ritmo acelerado y oscila actualmente entre 30 mil y 50 mil desplazados adicionales al mes. Es difícil prever cuántas personas se quedarán en Irak y cuántas intentarán salir del país”.

Precisa la representante de ACNUR: “En 2003, cuando se desató la guerra contra Irak, desplegamos, junto con numerosos organismos internacionales y ONG, estructuras de asistencia en los países limítrofes con Irak porque temíamos la llegada de centenares de miles de refugiados. Nuestras previsiones fueron erróneas. Sólo llegaron unos pocos.

“Actualmente, cuatro años después, esa bomba de tiempo está explotando y nadie está listo para enfrentar sus consecuencias. Urge actuar porque los países vecinos de Irak, sobre todo Siria y Jordania, están rebasados por el problema.”

No es para menos: desde 2003, 1 millón de iraquíes llegaron a Siria (país con 18 millones de habitantes) y 750 mil se refugiaron en Jordania (con 6 millones de habitantes). Otros 150 mil se instalaron en Egipto, 50 mil en Irán, varias decenas de miles estarían repartidos en Líbano, los países del Golfo Pérsico y Turquía. Unos 20 mil lograron alcanzar Europa; casi la mitad de ellos está en Suecia, y los demás se ubicaron en los Países Bajos, Alemania, Grecia, Gran Bretaña y Bélgica.

Recalca Van Genderen: “Los primeros en dejar Irak fueron los hombres de negocios, la gente acomodada y profesionistas de alto nivel. Alquilaron o compraron viviendas en Jordania y Siria, sobre todo. Vivieron de sus ahorros o crearon pequeñas empresas con la esperanza de poder regresar pronto a su tierra.

“La situación empeoró. Parte de la clase media y de los intelectuales, así como muchos comerciantes, huyeron. Ahora sale gente mucho más humilde, mientras que la mayoría de los primeros exiliados se va empobreciendo…”.

Pesadilla cotidiana

Entre 2003 y 2005 ACNUR ayudó a 300 mil iraquíes exiliados en tiempos de Saddam Husein a regresar de su tierra: 80% de los que volvieron al norte de Irak y 35% de quienes se reinstalaron en el sur tuvieron que buscar mejor suerte en otras regiones del país. Los más ricos acabaron por exiliarse otra vez. En 2006 sólo 15 mil iraquíes pidieron asistencia a ACNUR para ser repatriados. En 2007 muy pocos manifestaron el deseo de volver a su país.

El pasado 4 de marzo Antonio Guterres, secretario general de ACNUR, reconoció que ese desplazamiento de la población iraquí dentro y fuera de su país es el más importante en Medio Oriente desde la Nakba, la huida de los palestinos de su tierra natal en 1948.

“Siria, Jordania y, en menor medida, Suecia no pueden seguir enfrentando solos semejante éxodo y la comunidad internacional no puede seguir ignorándolo. Fue la razón por la cual ACNUR convocó a una cumbre sobre la catástrofe humanitaria iraquí, que se realizará los próximos 17 y 18 de abril en Ginebra con la asistencia de 198 gobiernos, 65 organismos internacionales y 60 ONG”, enfatiza Van Genderen.

Y señala que son múltiples los motivos de esa huida: muchos dejan los barrios mixtos (sunitas-chiitas) de la capital para regresarse a sus áreas de origen: el sur para los chiitas, el centro y regiones occidentales para los sunitas. Todos se encuentran agobiados por la corrupción que gangrena al país, la inseguridad que los deja a merced de criminales y fanáticos, el desempleo y las condiciones de vida que empeoran cada día.

Evgeni Parfenov, responsable para Medio Oriente y África del Norte de la Federación Internacional de las Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, aporta algunos datos concretos:

“Según el Ministerio del Trabajo y de Asuntos Sociales, 63% de la población iraquí está desempleada. El Ministerio de Finanzas habla de una inflación de 70%. Los ataques incesantes contra los comercios, la violencia generalizada, los toques de queda, la escasez de corriente eléctrica –disponible cuatro horas por día– y de gasolina –que sólo se vende en el mercado negro a precio prohibitivo–, la falta de sistemas de distribución de agua y de drenaje provocaron el colapso total de la vida económica del país y convirtieron la existencia cotidiana de millones de iraquíes en una pesadilla.”

Sigue Parfenov: “Por lo menos 4 millones de personas dependen totalmente de la distribución de alimentos para sobrevivir, 23% de los niños padecen desnutrición crónica, 70% de la población ya no tiene acceso al agua potable y 80% vive en condiciones insalubres (carece de drenaje, servicios de recolección de basura y sufre escasez de productos de aseo personal)”.

Al igual que Van Genderen, Parfenov insiste en que la catástrofe humanitaria iraquí no sólo afecta a los desplazados internos y a los refugiados –que representan 15% de la población–, sino casi a la totalidad de esa población.

Subraya Parfenov: “Los desplazados y refugiados no están albergados en campos como lo estuvieron los palestinos. En Irak viven en casas de familiares y de amigos o en edificios abandonados. Acoger a los desamparados representa un esfuerzo enorme para quienes los hospedan, pues éstos ya viven en una situación de suma vulnerabilidad. Los empleados y voluntarios de la Media Luna arriesgan diariamente su vida para atenderlos. Junto con algunas ONG y gracias a la ayuda de nuestra federación, del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y subsidios gubernamentales, les entregan comida, medicinas, cobijas, estufas y les facilitan materiales para construir cuartos adicionales en las casas que los albergan”.

Creada en 1932, la Sociedad de la Media Luna iraquí tuvo un desarrollo exponencial en los años noventa. Cuenta actualmente con 9 mil 400 voluntarios, mil 565 empleados y numerosas oficinas en las 18 provincias del país.

“Es la única estructura humanitaria que cubre todo el territorio iraquí –insiste Parfenov–. En sus primeras décadas de existencia se desempeñaba como una especie de club de caridad, pero después de la sangrienta guerra Irak-Irán (1980-1988) la ayudamos a crecer para que pudiera responder a las inmensas necesidades de la población.

“Desde entonces sus miembros están sobrecargados de trabajo: auxiliaron a sus compatriotas más necesitados durante la primera Guerra del Golfo; luego durante el período del embargo económico, y ahora les toca atender a ‘los nuevos pobres’: millones de iraquíes que cayeron en la precariedad absoluta con la guerra y el colapso de la economía nacional.”

A riesgo de la vida

En medio de la violencia sectaria que sacude al país, la Media Luna iraquí es un caso único debido a que logró mantener intacta su estructura pluriconfesional: su presidente kurdo cuenta con un asistente árabe chiita, mientras que el secretario general de la organización es árabe sunita. Todos sus miembros pertenecen a comunidades distintas y, según Parfenov, están unidos por una hermandad inquebrantable. Pagan también un precio muy alto por su entrega: 13 de ellos fueron asesinados, 31 heridos, 44 secuestrados, 62 detenidos, mientras que 25 de sus convoyes, 10 bodegas y 14 oficinas sufrieron ataques violentos.

El secuestro de 14 empleados y voluntarios, el pasado 17 diciembre en Bagdad, obligó a la organización a interrumpir sus actividades en la capital durante dos meses. Pero actualmente sus 35 oficinas dentro de esa ciudad volvieron a trabajar, a pesar de que no se tiene noticia alguna de sus miembros que fueron raptados.

“No todos resisten a tanta presión –reconoce Parfenov–. Algunos acaban por huir del país o renuncian a su misión porque temen por su vida, y sobre todo por la de sus familiares. Los delincuentes saben que los empleados de la Media Luna perciben un salario. Eso los convierte en blanco de secuestradores ávidos de dinero por rescates. Pero lo más increíble es que siempre aparecen nuevas personas dispuestas a incorporarse a la organización.”

Los médicos iraquíes también huyen del país porque ejercer su profesión es cada vez más difícil.

Dorothea Krimitsas, vocera para Irak del CICR, cuenta: “Hasta hace dos años todavía Irak contaba con 34 mil médicos. En 2006 se fueron 18 mil. Nadie se imagina en qué condiciones trabajan los que se quedaron: corren por supuesto el riesgo de ser secuestrados y muchos fueron asesinados cuando se dirigían a los hospitales. Existen tantos puestos de control por todas partes que a menudo no pueden llegar a su trabajo.

“Ocurre con frecuencia que grupos armados irrumpen en los centros médicos para ajusticiar a enfermos o exigir que los heridos que llevan consigo sean atendidos en forma prioritaria. Sin hablar de la falta de medicinas, de la escasez de material médico y de la infraestructura inutilizable por falta de repuestos (…) Cada día la violencia cobra más víctimas, cada día aumenta el número de enfermos y cada día hay menos médicos para atenderlos.”

El CICR es la única organización internacional que ha logrado mantener una presencia permanente en Irak en los últimos 25 años. Inició sus actividades en ese país a raíz de la guerra contra Irán. A pesar de múltiples dificultades, logró cumplir con una de sus misiones más importantes: visitar a los presos de guerra, establecer lazos con sus familiares y buscar el paradero de los desparecidos.

Recalca Krimitsas: “Tres meses después del atentado contra la sede de la ONU en Bagdad, nuestras oficinas en la capital iraquí fueron también atacadas. Eso ocurrió el 20 de octubre de 2003 y nos obligó a modificar nuestro modus operandi. Si bien estamos presentes en Irak, nuestra oficina central para ese país está en Amán.

“Desde hace tres años miembros del CICR salen de la capital jordana para visitar a 15 mil 400 iraquíes encarcelados por la fuerza multinacional. También visitamos los 18 centros de detención del Kurdistán iraquí. Realizamos un mínimo de 100 visitas anuales. En 2006 logramos entregar unos 30 mil mensajes a los detenidos y hacer llegar 37 mil cartas de éstos a sus familiares. Hicimos 5 mil 800 llamadas telefónicas dentro y fuera de Irak para mantener informados a los parientes de los presos.”

Según Krimitsas, los enormes problemas de seguridad que afectan a Irak impiden que les representantes del CICR tengan acceso a todos los centros de detención. Tampoco pueden intervenir en los llamados “lugares de detención transitoria”, que son en realidad centros donde la fuerza multinacional realiza los interrogatorios a los arrestados.

Es imposible obtener de la vocera del CICR la mínima información sobre las condiciones actuales de los presos de guerra iraquíes capturados por la fuerza multinacional. Sólo acepta decir que no conoce su número exacto. La cifra de 15 mil 400 de estos detenidos corresponde a los que el CICR tiene registrados, visita regularmente y puede seguir atendiendo cuando se les traslada de una prisión a otra.

“Hablar públicamente de lo que pasa en estos lugares no es nuestro papel. Después de cada visita entregamos un informe detallado a las autoridades competentes. Con discreción y firmeza buscamos que se respeten las convenciones internacionales sobre los presos de guerra”, comenta escuetamente.

Entre los principales centros de detención visitados destacan los campos de Cropper en Bagdad, de Bucca y Shaibeh en el sur del país y de Fort Suse en el norte. Según Krimitsas, en la mayoría de los casos los integrantes del CICR logran hablar a solas con los presos. Desde octubre de 2005 también facilitan encuentros entre presos y sus familiares costeando los gastos de viaje y de hospedaje de estos últimos.

Lo que hasta ahora no ha logrado hacer el CICR es visitar a los 30 mil presos que, según la MANUI, fueron detenidos por la policía y el ejército iraquíes y que se encuentran en las cárceles de ese país. “Necesitamos un mandato específico para intervenir así en asuntos internos iraquíes. Es factible pero más complejo. Estamos en plena negociación con las autoridades del país para poder atender también a estos presos y servir de enlace con sus familias”, precisa Krimitsas.

El carácter imparcial y la discreción del CICR sobre sus actividades le permiten estar en contacto con los líderes de todas las fuerzas en pugna, incluidas las más extremistas. Ese respeto de parte de los beligerantes no impidió, sin embargo, el asesinato de cinco miembros de este organismo internacional. Además, por razones de seguridad, los vehículos del CICR no pueden circular en el país con su emblema de la Cruz Roja.

Atrapados en Bagdad

Al igual que Van Genderen y Parfenov, Krimitsas evoca el grave problema de los refugiados extranjeros que fueron acogidos por el régimen de Husein y que actualmente son el blanco de la venganza popular.

En 2003 eran 50 mil oriundos de Irán, Siria, Sudán y Turquía, pero la mayoría de ellos –34 mil– eran palestinos. Vivían en Bagdad en buenas condiciones. Numerosos iraquíes consideran que gozaron de demasiados privilegios durante la dictadura y los atacan. Las fuerzas públicas y las milicias de todo tipo los detienen, torturan y matan. Muchos palestinos tuvieron que huir de los barrios de Hurriyya y Al-Baladiyyat, donde radicaban en Bagdad.

“El problema de los palestinos es que no tienen pasaporte ni documentos de identificación y nadie quiere acogerlos. Los gobiernos sirio y jordano rehúsan categóricamente aceptarlos, puesto que sus países albergan ya decenas de miles de palestinos desde los éxodos masivos de 1948 y 1967”, explica Van Genderen.

Dice que 19 mil palestinos, los más adinerados, compraron pasaportes falsos o pagaron a “coyotes” locales para escapar de Irak. Pero unos 14 mil quedaron atrapados en Bagdad a merced de la violencia diaria, mientras que varios centenares se encuentran encerrados en campos ubicados en las fronteras de Irak con Siria y Jordania.

“Son los únicos refugiados que viven en carpas y en condiciones tremendas –de

nuncia Van Genderen–. Hay tres campos en la frontera con Siria: los de Al-Hol y de Al-Walid albergan respectivamente a 305 y 80 refugiados, pero el peor de todos es el de Al-Tanf, que se encuentra en una tierra de nadie entre Irak y Siria y donde sobreviven 350 refugiados.

“Esas zonas fronterizas son desérticas, inhóspitas, con cambios de temperatura muy fuertes. Junto con el CICR y algunas ONG hacemos lo imposible para mantener vivos a los refugiados palestinos, pero la comunidad internacional debe asumir su responsabilidad hacia ellos.”

Parfenov quiere subrayar un punto positivo en ese cuadro tan sombrío. A pesar del caos y de la violencia que desgarra al país, la Media Luna iraquí logró vacunar contra la poliomielitis a 255 mil niños en los últimos meses. “Una gota de agua en ese mar de desesperanza”, suspira.

Pero su conclusión es pesimista. Si no se enfrenta de manera determinada la crisis humanitaria iraquí, que ya desborda a Siria y Jordania, corre peligro la vida de millones de personas y el ya muy quebrantado equilibrio regional.

Fuente: Anne Marie Mergier, Revista Proceso

Y y de todo esto tiene la culpa el imperio, por pretender ser salvación del mundo cuando en realidad son la vil perdición...

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