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18 abril 2007

Los Capitalinos sin Protecion Civil Adecuada VivenTemblando

Los Temblores en la ciudad de México destapan tragedias: 19 de septiembre de 1985, la realidad de las costureras y muchas de ellas aplastadas en los edificios cárceles de explotación; 13 de abril del 2007, la llamada “protección civil” elitista, sin planes y programas de emergencia instalados, que solo atino a repetir expresiones desafortunadas, lo mejor fue que no se mezclo la situación de emergencia con aspersores de brisa refrescante en los que se invirtieron recursos, que a bien se pudieron usar mejor en esa secretaria de reciente creación para precisamente acelerar trabajos de instalación de programas y acciones preventivas para toda la ciudad y para toda su población y no solo a las zonas de oficios, de clase media alta y alta o en donde se concentran las grandes empresas.

Que una ciudad como el D.F. no tenga una buena y adecuada visión de protección civil a corto, mediano y largo plazo es una tragedia y una necedad en no aprender de la experiencia y el dolor, pero también es una grave omisión institucional.

La protección civil debería ser un organismo supra gubernamental permanente, plural y que no este supeditado al orden electoral partidista. En eso vamos todos.

La madrugada del viernes 13 de abril, unos minutos antes de la una de la mañana, un fuerte sismo de 6.9 grados se sintió en la ciudad de México, y en los estados Michoacán y Guerrero. El epicentro se localizó según las autoridades federales de protección civil el epicentro se localizó en las costas del estado de Guerrero.

En la ciudad de México en algunos medios de comunicación, la televisión y la radio –faltando de incorporar el servicio telefónico celular como tanto se había dicho- se activo la alarma sísmica con un sonido que pasa desapercibido por su suavidad y la frase

“- alerta sísmica” pero sin dar ninguna orientación o instrucción que complete el llamado; como es una alerta auditiva lamentablemente un sector de la población como es el de los sordo-mudos queda excluido y marginado del llamado de la alerta.

A breve tiempo el movimiento sísmico se empezó a sentir, la tierra se mese, perros y gatos u otros animales donde los hay se quedan totalmente en silencio, es un silencio único, casi completo a no ser por el crujir de estructuras, el rechinido de metales, el tronido de vigas, trabes o escaleras.

La energía eléctrica se corta y la luz se va, hecho muy perceptible e impactante de noche, la televisión por lo regular siempre se corta y sale del aire, la radio con sus posibilidades puede permanecer más tiempo, transmitiendo a veces señalando lo que sucede, lo que la hace medio importante de orientación a la población ante un evento de este tipo antes, durante y después.

En los medios impresos el hecho fue minimizado para pasar a notas de última y penúltima página porque la hora sorprendió el cierre, no hubo nota roja y el rating de morboso fue bajo.

Quienes se enteran -porque sucede ya por la hora, las circunstancias o capacidad de percepción de personas que no lo sienten- por lo regular salen a la calle o a espacios sin orden o apuradamente fuera de rutas trazadas en casos pero no se ubican, como tanto se recomendó, en zonas seguras o en un plan de protección.

Lejos quedan las tantas frases y poses de funcionarios para fotografía y recomendaciones burocráticas de qué hacer, rutas de evacuación, “jefes” de brigadas, botiquines, silbatos, áreas de seguridad, primeros auxilios, agua, gas, electricidad, comunicación, documentos importantes, un inacabado e incompleto atlas de riesgo, y más y más que no hicieron cultura.

Se llego a tener unos días antes a un secretario de protección civil más preocupado por aspersores para brisas refrescantes que para instalar acciones, equipos, programas e infraestructuras preventivas y de emergencia.

Lo bueno es que no paso nada, pero los responsables de la prevención y la protección siguen en sus sueños con brisas y negros… hasta que tengamos que lamentar y sufrir…

No tenemos una cultura de protección civil.

No hay políticas coherentes de protección civil, ni públicas ni privadas.

Y la sociedad civil enfrenta las situaciones de alerta o graves.

Lamentablemente en medio de esto la protección civil en el Distrito Federal tiene un sello de clase, se atiende prioritariamente a unos y se relega a otros.

A todo el último sismo fuerte en la ciudad de México paso de noche…

Fuente: Por José Jiménez, Machete Arte

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