Melchor López Hernández
Ciudad de México, 19 de julio de 2007 (Machete Arte)- “Cuando a Estados Unidos le vienen las fiebres de liberación, en todas partes del mundo, suenan las alarmas”, entrecomillado de M. Benedetti. Frase que se puede aplicar a la masacre de personas de Irak (u otro país con reservas petroleras o naturales útiles para EU) por estos días y durante más de tres años.
Pero en realidad la frase la localizamos en un libro titulado El fin de la tregua, crónica de la invasión norteaméricana a Panamá (Ed. Diana) , de la periodista Itzel Velásquez en el que se hace referencia histórica contemporánea de la invasión de Estados Unidos a un país centroamericano: Panamá. La finalidad: el control estratégico, geopolítico para tener el poder económico transcontinental, depredador, con “defensa electrónica antiaérea, alta precisión, operaciones combinadas, ‘robotización de de armas, computarización del ataque, en fin, armas mortales que consiguen deslumbrar al mundo y derrotar al enemigo”.
El libro del que sacamos los entrecomillados es la despiadada invasión a la población de los barrios de Panamá. A las 00:35 hora de la madrugada del 20 de diciembre de 1989 fueron los primeros minutos de la estrategia del Pentágono que “consistía en descargar bombas en torno a los cuarteles panameños y sembrar el terror”, para tener el manejo del Canal de Panamá.
El pretexto del entonces presidente estadounidense George Bush, de ordenar el envío de más de 24.000 soldados a Panamá, fue el de expulsar del gobierno al general Manuel Antonio Noriega y trasladarle a Estados Unidos para proceder a su enjuiciamiento por asuntos relacionados con el tráfico de drogas.
Pero fue sólo eso. Un pretexto. Para que “las tropas norteamericanas iniciaran esa noche su gran cruzada ‘liberadora' por el mundo; Panamá fue su primera escala, continuaron con Irak, Somalia y Haití. La cruzada no ha terminado”.
En el diccionario norteamericano liberar significa quitar al otro para ocupar su lugar con el detonador de la violencia utilizando el avance tecnológico: “¿Qué fue lo que ocurrió en el edifico del apartamento donde Luz de Lee vivía con su marido y sus cuatro hijos? ¿Por qué dispararon contra la ventana del edificio donde cientos de personas dormían sin sospechar la tragedia? ¿Quién ordeno abrir fuego contra esas casas?
—Pero mami, ¿Quién nos hizo esto?
—Es una guerra, yo no sé, los gringos nos tiraron una bomba—, le respondió adolorida Luz de Lee a su pequeña hija.
—¿Pero por qué nos hicieron eso?— la niña de seis años iba sangrando mientras huían por la escalera del edificio”.
Cientos de escenarios donde la masacre se extendió:
“Escucharon como si de pronto se hubiera roto una rama. El ruido se hizo más fuerte y era como si algo se precipitase fuertemente arriba en los techos de las casas. Tuvieron un impulso incontrolable de ir a ver qué ocurría, pero el miedo los detuvo. Sin embargo, cuando los perros empezaron a ladrar la familia de Celedonio Escobar decidió salir a ver qué pasaba. Vieron un soldado norteamericano colgado de un árbol con su paracaídas enredado en las ramas. Sacó un arma.
—Vimos al soldado norteamericano cuando le metía un tiro al perro que intentaba morderlo—, dijo Maritza Atencio”.
Así algunos trozos de muchas historia de las familias que sufrieron directamente desde el primer día de la masacre, de la “invasión norteamericana a Panamá… inicialmente la orgía informativa se centra en las acciones del ejército de Estados Unidos que:
- Ataca con espectacular poderío militar un país infinitamente más pequeño.
- Estrena importantes novedades tecnológicas en el campo de las armas y de la información.
- Destruye unas fuerzas armadas nacionales aparentemente corruptas y desprestigiadas.
“Por supuesto, casi nada se dice de que esa hazaña militar cobra miles de victimas entre la población civil panameña”.
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