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11 septiembre 2007

Telecracia vs. partidos

Cuando se discute de política suele suceder que nos perdemos en la superficie y no entramos al fondo. Eso pasa con la reforma electoral en discusión.

Desde abril, cuando se aprobó la Ley para la Reforma del Estado, se veía que gravitaría sobre cuestiones electorales. El promotor tanto de la Ley de Reforma del Estado como de la propuesta de reforma electoral fue el priista Manlio Fabio Beltrones, quien como presidente del Senado se posicionó como líder de ambos proyectos.

Siendo tercera fuerza en la Cámara de Diputados y segunda en el Senado, el PRI está posicionado como partido fiel de la balanza, en tanto que el PRD se niega a reconocer el "triunfo" panista, aprovechando que el PAN todavía no logra acomodar la relación con su Gobierno. Por supuesto que las reformas no son las llamadas reformas estructurales. Nada hay en los debates de cómo reactivar la economía mexicana, seguimos en la que ya parece eterna: reforma electoral.

Lo escandaloso que resultó la decisión de remover a los consejeros electorales atrajo la atención de la opinión pública y pasaron inadvertidos otros aspectos que también son relevantes. Las empresas televisoras emprendieron una dura defensa de la permanencia de los consejeros argumentando que al sacarlos de esa posición se vulneraría la autonomía del IFE. Ugalde se volvió una más de las estrellas del Canal de las Estrellas.

Ese debate escondía otra de las reformas propuestas que no se contenía en la iniciativa firmada por Beltrones: la prohibición absoluta de que los partidos políticos compren tiempo en televisión y radio. La iniciativa de reformas no planteaba esa prohibición, sólo mencionaba que en esta materia se adaptaría a lo que decidiera el Constituyente permanente, órgano encargado de reformar la Constitución, En lo oscurito se fraguaba que salieran del aire los partidos políticos en las campañas. No obstante que no era una parte expresa de la iniciativa, los senadores dictaminaron sacar del aire a los partidos.

Precavidos, los senadores ocultaron su intención para evitar la presión que las televisoras ejercieron el año pasado en la discusión de la Ley de Radio y Televisión. Sólo después de la revisión que hizo de esta ley la Suprema Corte, algunos, entre ellos notablemente Santiago Creel, reconocieron que el "poder" de las televisoras se impuso a los legisladores. Mucho influyó que el Gobierno y los partidos se habían acostumbrado a ver a las empresas televisoras como poderes fácticos incapaces de desafiar.

La discusión se centró en este aspecto y dejó fuera otros puntos relevantes, como son la reducción de las campañas, la presidencial y la de diputados y senadores de casi 200 a sólo 90 días. También se reducen las precampañas, se prevé que el IFE pueda acordar con los organismos electorales locales manejar las elecciones en los estados y municipios. También se considera que exista un órgano especializado en el IFE que fiscalice los gastos de campaña, dejando fuera un poco a los consejeros de esa ingrata tarea. Otros aspectos importantes se conocerán más ampliamente.

Los perdedores de esta reforma, si es que se aprueba en sus términos, serían las empresas televisoras; los ganadores serían los destinatarios de lo que ahora son gastos de campaña y que pueden encontrar mejor destino. Los ahorros serían notables.

Si a alguien habría que culpar de la radicalidad de esa medida es a las propias empresas que se engolosinaron con el poder que les habían transferido los últimos gobiernos que, incapaces de otra forma de comunicación con la sociedad, hicieron de los "spots" un sustituto virtual del verdadero espacio público.

El año pasado miles de millones de pesos fueron a parar a dos empresas del ramo. No conformes, tomaron también dinero proveniente de la segunda campaña, la de Vicente Fox contra López Obrador, y de la tercera, las de los empresarios con el mismo propósito. Fue una victoria pírrica, pues en ese triunfo se finca el recelo de los legisladores a seguir subordinados al poder de la televisión. Hasta ellos tienen límite para enajenar su autonomía política. Bien dicen que la ambición rompe el saco.

El pueblo enfrenta dos alternativas: la política la dirige la televisión o los partidos.

Sergio Elías Gutiérrez 11 Sep. 07 Grupo REFORMA

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