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07 septiembre 2007

¡Una, dos, tres por mí, y todo mi Gymboree!

• Las reformas siamesas
• La deformación de la transformación

Un buen estratega no sólo ve la manera de alcanzar la victoria: también distingue cuando ésta es imposible. Mientras Felipe está huyendo, perdón, acumulando millas en originales giras —Nueva Zelanda... are u fucking serious?—que cuestan un billete, aquí en nuestro surrealismo legislativo de las condiciones, confrontaciones y contradicciones, todas mezcladas en un explosivo caldillo de reformitas que entre más confuso se presenta, más sospechosismos ocasiona, el cobro de facturas y la descomposición son vertiginosos.

Qué maravilloso el emblemático enlace coquetón entre iniciativas como la electoral, con la fiscal y ahora... con la Ley Televisa reloaded. Estupendo. Ahora sí que en San Lázaro, Xicoténcatl y Los Pinos andan con una muy extraña prisa. Y para andar igual mejor corra por su drink. ¿Listo? Ahí le va.

En estos días pasados el pasmado respetable ha sido testigo de un inquebrantable acelere, que se está desbordando y haciendo crisis, justamente, en este mes patrio. ¿A qué me refiero? Veamos.

Hubo prisa para vender internacionalmente una reforma fiscal con una empinada marca CETU... que ya se fue al nabo y prisa por meter las manos (limpias, por supuesto) en Estados Unidos para evitar el delicado tropezón llamado doble tributación.

Hubo prisa por cederle al PRI Yucatán a cambio de...? Peanuts.

Hay prisa por transformar a un frankenstein hacendario que antes de nacer está muerto en las expectativas recaudatorias que nublan el futuro económico del gobierno federal.

Hubo prisa por intercambiar fichas por fechas.

Prisa en la suma de un gasolinazo que resta credibilidad y que como resultado divide. Prisa por deslindarse del “aval”, prisa por negar la paternidad y prisa por justificar el atraco ya pactado. Y en el colmo, my friend, ligereza al asumir que los mexicanos somos unos imbéciles que no entendemos ni madres.

Y lo único claro es que México sigue polarizado. El legislativo es un espléndido escaparate de las formas y el fondo del tianguis político de las oligarquías. Y en la misma frecuencia PRI y PRD quieren venganza. El primero contra “la maestra” y el segundo contra “el espurio”... y para empezar a calmar su sed exigen a un IFE que navega —no como pintan esas originales encuestas nice sino como lo percibe el grueso de la población— en las aguas del descrédito. Ambos partidos saben que es hoy... o nunca.

Y como buitres al acecho, los consorcios televisivos mueven la$ aguas porque saben, de sobra, que es mejor hoy que mañana. Que la caja registradora del show mediático político (ahí está Enrique Peña Nieto) debe continuar. Business is business.

Para amenizar el bullicioso panorama el gobierno federal toca los instrumentos del poder desafinado, discorde y disonante ante un director de orquesta medio sordo, o sordo y medio. Y para no acabársela, el pronóstico integral del clima es de vientos muy huracanados castigando, como siempre, a los más desprotegidos.

Y originalmente lejano se escucha aquel discurso soberbio de que México debe transformarse aunque la transformación es hoy... deformación. De las formas y el fondo.

Malos augurios, my friend, puros malos augurios. De la clase empresarial, de la clase política, de las oligarquías, del cambio climático, del entorno económico y del ambiente social. Cuidado. Mucho cuidado.

Por la Mirilla

Simpático el debate (¿hay debate?) que se quiere comenzar a orquestar alrededor de la ceremonia del Grito cuando no hay cimientos para negar que Calderón saldrá al balcón a vociferar. Lo que ya hizo fue gritar (¡una, dos, tres por mí y todo mi Gymboree!), desde Nueva Zelanda, que estará en el Zócalo y convocó a que todos respeten los símbolos patrios (this guy is drinking something weird o la tribu de los Maoris en el ritual de bienvenida le dio el espadazo en la cabeza) mostrando unidad en torno a estas fiestas (¿?) y después escupió su deseo de que las reformas siamesas (electoral y fiscal) sean aprobadas por sus propios méritos y no por intereses menores. Ajá (Léase como que al PRI y al PRD les dijo enanos o, ¿habrá querido decir chaparritos?... para nivelar, pues).

En fin, ingredientes volátiles se cuecen por la barbaridad del atraco al aumento del precio de las gasolinas y el diesel. Una vez más, el timing es muy, pero muy inoportuno... Y en esta dinámica, mi estimado, ya entrada la próxima semana, se seguirá estirando la endeble cuerdita. Uuuufff... ¡Adiós!

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