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20 abril 2007

Cosas importantes

Me preocupa la evidente ruptura del contrato social en México. Punto. No puedo ser más claro. Me consterna sobremanera ver que las bases necesarias de una sociedad medianamente armónica, donde cada quien es libre de perseguir su individual objetivo de vida sin estar en constante estado de tensión con los semejantes, están resquebrajadas o totalmente ausentes. Me preocupa que la pólvora esté esparcida sobre el país, y no es posible ya adjudicar la responsabilidad de la violencia a ningún grupo, sino a la pérdida total de fe en el futuro compartido de la nación.

Me preocupa que la violencia tenga sus bases en la miseria económica y cívica y que la culpa de ello no sea más que del deficiente y corrupto aparato gubernamental, así como de la pésima estructura de distribución de la riqueza. Es la jungla, sin duda, y al abrir el periódico cada mañana y ver el conteo de muertos, no sabemos ya si se trata de Bagdad, una universidad norteamericana, Tijuana o Monterrey.

Y me preocupa asimismo que la pregunta que flota en el aire es "¿qué deben hacer los ciudadanos para estar y sentirse protegidos?". Es una pregunta que por el simple hecho de formularse genera chispas, las cuales son precursoras de los incendios; porque los mexicanos deberían ocupar su tiempo en preguntarse cómo lograr sus objetivos de vida y ser felices, no en cómo no morir de hambre o en cómo protegerse de su vecino, del sujeto que está sentado al lado, de los tránsitos, de los narcotraficantes, de los militares, de los funcionarios corruptos.

Esto se debe a que estas preguntas, si se les adereza con resentimiento y desesperanza, con pérdida de fe en el país y en el futuro, terminan siendo respondidas con crimen y violencia. "¿Dónde puedo comprar un arma?, ¿cómo le saco provecho a ese incauto?, ¿cómo evito cumplir con esta obligación?, ¿a quién le robo?, ¿a quién mato?... si el presidente/gobernador/alcalde/policía lo hace, ¿por qué yo no?". Y eso me preocupa.

Asimismo me preocupa que es un hecho indiscutible el que un gobierno es sólo tan fuerte como su gente, y la fortaleza de los mexicanos como sociedad no existe actualmente. El adhesivo social se encuentra sumamente débil, por decir lo menos, y por definición el gobierno es, entonces, débil. No olvidemos que el contrato social, como lo desarrolla Rousseau en su obra homónima (1762), es "firmado" por la gente para proveerse a sí misma en conjunto de más poder del que gozaría en lo individual en un estado natural. Para Rousseau, la sociedad ideal es en la que el individuo contrata con su semejante, no con el gobierno y, al igual que Locke, creía que un gobierno solamente puede ser legítimo si ha sido confirmado por el pueblo. A quién le queremos mentir, las autoridades mexicanas, desde la cúspide hasta el más elemental policía, no tienen la confianza del pueblo. Me preocupa eso.

Sin embargo, me pregunto, ¿realmente le importan a la autoridad y a las élites lo que me preocupa en este momento? ¿Será que el Presidente, el Gobernador de Nuevo León, los alcaldes de Tijuana y de Monterrey, así como los que se han beneficiado de la corrupción y la inequidad en México, perderán el sueño por lo que a mí, al igual que millones de mexicanos, me preocupa y consterna el día de hoy? No lo creo, pues cuando veo a esas personas en la pantalla, las portadas, o comiendo en el restaurante, a todos ellos los veo muy cachetoncitos, saludables y despreocupados.

No considero, pues, que les preocupen mucho ni las cotidianas preocupaciones de la mayoría de los mexicanos, ni el cómo harán sus semejantes para comer o evitar ser baleados al día siguiente. A eso hemos llegado, a que el país se divida entre los de arriba y los de abajo, donde los primeros construyen muros emocionales y físicos que los separen de la fealdad de los jodidos, y los de abajo fermenten en su alma un odio que, eventualmente, terminará por explotar.

Así, pues, consciente de que a los de arriba les vale, y desencantado de todo este "merequetengue", desde hoy lo que me preocupa sinceramente es Lionel Messi.

Sí, me preocupa el futbolista Messi. Sobre todo porque desde tiempo atrás, pero más aún luego de su fantástico gol contra el Getafe en la semifinal de la Copa del Rey, al pobre chaval se le compara con Maradona. La elegancia del nacido en Rosario en 1987 para ir desde medio campo hasta gol, con el balón adherido al pie y la elegancia de una bailarina en su cintura, me recordó por qué demonios me gusta el futbol a pesar de ser negocio de mafiosos.

Pero poco me duró el gusto. Esa misma noche, en casi todos los diarios del mundo, se comparó no sólo el gol con aquella joya del Mundial de 1986 entre Argentina e Inglaterra, sino al mismo Messi con Diego Armando. Y eso me preocupa. Mucho. A un chaval tan joven, con tanta calidad, y sabiendo todos de qué pie cojean los argentinos, se le puede ir al demonio el futuro si el ego se le hincha como globo aerostático. Mira nada más cómo está el "Pelusa", caray.

Sí, me preocupa Messi. Y a usted, señor Presidente, gobernador, o alcalde, ¿qué les preocupa?

Fuente: Javier Alberto Reyes (nota enviada al correo por lector).

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