Pero nadie de estos demagogos se acuerda de los mineros, de esos que están en los socavones. Tampoco dicen que el papá de Napito fue un cacique charril que controló el sindicato por décadas y que se lo heredó a su junior, Napito, que ni tomando Prozac ni tomando muchos Red´s Bull podría cargar un poco de mineral en un socavón. Nadie dice que ese seudo líder nunca trabajó en una mina, como tampoco lo ha hecho el otro charro, Elías Morales. [pos yo si digo pero no me hacen caso].
Se les olvida que tan charro y tan corrupto el uno como el otro. Que ambos se han hecho millonarios con la sangre minera y que son corresponsables de la muerte de los mineros en Pasta de Conchos y de la agresión a disidentes en SICARTSA. No se dice que ambos se quedaron callados cuando los mineros de Lázaro Cárdenas y de Cananea, por solo mencionar algunos, se opusieron a la privatización de las minas. Que ambos no han dicho nada ahora que la siderúrgica michoacana se vendió a una trasnacional.
Eso y más lo olvidan los políticos tradicionales que ahora callan ante la violencia ecológica producida por una industria canadiense que está explotando una mina en el cerro de San Xavier en San Luis Potosí, misma que contaminará toda la región. Tampoco sobre esta injusticia ha dicho nada Napito ni Elías.
A ellos les importa un comino que los mineros se llenen los pulmones de silicosis o que trabajen en condiciones infrahumanas con riesgos que los llevan a morir prematuramente o sepultados por un derrumbe en un túnel.
A los verdaderos mineros, a los que luchan por sus derechos, durante décadas, la familia de los Napoleones (padre e hijo), se han encargado de quitarles sus derechos sindicales para que después sean corridos por las empresas. Y en muchas ocasiones los han golpeado y hasta asesinado.
Por esto y mucho más, queremos levantar la voz por esos mineros concientes, por esos luchadores obreros que desde el anonimato luchan día a día. No por charros montaperros ni por políticos convenencieros, que utilizan los dramas de los trabajadores para llevar agua a su molino personal, de grupo o de partido.
Por ellos, por los mineros explotados gritamos a todo pulmón: ¡NI Napito ni Elías, Vivan los verdaderos mineros!
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