Rafael Segovia, Proceso 1589
En la reunión de Campeche, como en todas las de su tipo, los problemas reales no se suelen abordar a las primeras de cambio. Se espera que alguien se atreva a decir alguna verdad y, cuando ésta se responda, empieza la discusión. En Campeche sólo tangencialmente se habló de las drogas, y así se alcanzó algún consenso: se consideró lo fundamental del cónclave, aunque se usó en lenguaje conveniente, o sea, se prohibió señalar con el dedo. Bastó con decir que es un problema y, como de costumbre, se pidió la ayuda de los Estados Unidos para intentar terminar con tan insoportable asunto.
Los presidentes de la región están de acuerdo con todo. Quizás hubieran preferido encontrar petróleo barato. México llegó con la rebaja y Calderón redujo a un tercio lo prometido por Fox. Si se cumple con ese tercio, los centroamericanos pueden darse por servidos: la caída de la producción mexicana no permite siquiera una diplomacia de promesas. Sólo el enemigo temido, Hugo Chávez, dispone de unas reservas y una producción que le permiten todo tipo de desafíos. Si algún medio ha aventurado la idea de que la reunión de estos presidentes es un intento quedará en eso, en el charloteo donde estos señores liberan sus angustias, fingidas pues los problemas auténticos de sus países se limitan a unas cuantas peticiones a los representantes de las multinacionales. Lo hemos visto en la construcción hipotética de una refinería también prometida por Fox. Se espera ahora las ofertas de seis compañías, porque los allá presentes no tienen capacidad alguna para llevar adelante la empresa. A Felipe Calderón se le puso por delante la Constitución para asegurar que ésta le prohíbe la construcción de una refinería extranjera en el suelo nacional.
Uno de los invitados, el presidente guatemalteco, acaba de solicitar a las Naciones Unidas que no envíe a sus representantes a inspeccionar la situación de los derechos humanos, de la educación, etcétera, hasta que termine su mandato. No se puede dar con una confesión más rotunda de lo logrado por él y su gobierno, es decir nada.
Uno de los más graves problemas que los derechos humanos encontraron en este continente es el racismo, heredado desde luego de Europa...
Aquí nota completa.
En la reunión de Campeche, como en todas las de su tipo, los problemas reales no se suelen abordar a las primeras de cambio. Se espera que alguien se atreva a decir alguna verdad y, cuando ésta se responda, empieza la discusión. En Campeche sólo tangencialmente se habló de las drogas, y así se alcanzó algún consenso: se consideró lo fundamental del cónclave, aunque se usó en lenguaje conveniente, o sea, se prohibió señalar con el dedo. Bastó con decir que es un problema y, como de costumbre, se pidió la ayuda de los Estados Unidos para intentar terminar con tan insoportable asunto.
Los presidentes de la región están de acuerdo con todo. Quizás hubieran preferido encontrar petróleo barato. México llegó con la rebaja y Calderón redujo a un tercio lo prometido por Fox. Si se cumple con ese tercio, los centroamericanos pueden darse por servidos: la caída de la producción mexicana no permite siquiera una diplomacia de promesas. Sólo el enemigo temido, Hugo Chávez, dispone de unas reservas y una producción que le permiten todo tipo de desafíos. Si algún medio ha aventurado la idea de que la reunión de estos presidentes es un intento quedará en eso, en el charloteo donde estos señores liberan sus angustias, fingidas pues los problemas auténticos de sus países se limitan a unas cuantas peticiones a los representantes de las multinacionales. Lo hemos visto en la construcción hipotética de una refinería también prometida por Fox. Se espera ahora las ofertas de seis compañías, porque los allá presentes no tienen capacidad alguna para llevar adelante la empresa. A Felipe Calderón se le puso por delante la Constitución para asegurar que ésta le prohíbe la construcción de una refinería extranjera en el suelo nacional.
Uno de los invitados, el presidente guatemalteco, acaba de solicitar a las Naciones Unidas que no envíe a sus representantes a inspeccionar la situación de los derechos humanos, de la educación, etcétera, hasta que termine su mandato. No se puede dar con una confesión más rotunda de lo logrado por él y su gobierno, es decir nada.
Uno de los más graves problemas que los derechos humanos encontraron en este continente es el racismo, heredado desde luego de Europa...
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