Sam GarcíaCiudad de México, 20 de julio de 2007 (Revoluciones).- Ante la intención que tiene la iglesia católica en México de que sus sacerdotes puedan ser votados, distintas voces han reaccionado para reprobar está intentona de romper con el Estado laico, el cual fuera delineado en la Constitución de los mexicanos desde 1857 con el presidente Benito Juárez.
"Es algo imposible, la historia es maestra, enseña así, estamos bien que cada quien cumpla su función, que la iglesia se dedique a lo suyo y que deje al Estado conducir el desarrollo del país", dijo recientemente Heladio Ramírez, senador del PRI.
De igual manera especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), han expresado que no se puede permitir que los sacerdotes sean votados. Sustentan su postura en que “no puede haber derecho político en alguien que va a dictar por quien sí y por quien no votar”. Lo anterior es realmente entendible, dado que en un país donde la mayoría religiosa es superior al 90% católica, puede existir una competencia dispareja con candidatos que no profesen dicha religión o que simplemente no tienen las creencias que el clero católico si tiene y difunde entre la población.
El ciudadano Marcelo Robles, lector constante de Revoluciones expresó que: “no dudo que a muchos mexicanos nos guste ir a misa los domingos, yo en realidad casi no voy, pero cuando tengo ánimos de ir lo que menos quiero escuchar es lo mismo que escucho las 24 horas del día toda la semana: política, corrupción, mentiras, etc. ¿quiere ahora el clero quiere ser públicamente la pieza más sucia de nuestro sistema político? ¡Yo quiero escuchar de Dios y la salvación, no de huesos y posicionamientos en el poder!”.
Héctor Vasconcelos, coordinador de Defensa del Estado Laico del Frente Amplio Progresista, advirtió durante el foro ¿Estado laico contra libertad de expresión?, que aunque la sociedad en general está en favor del laicismo, "el gobierno tiene gente que es enemiga de él... el partido en el poder tiene personas y sectores que son, enemigos declarados del laicismo, se trata de gente perteneciente a los poderes fácticos, al gran capital, parte de la elite de medios de comunicación que comparte la agenda de la alta jerarquía católica. Esto deja una democracia desigual, porque son ellos los que tienen el hilo del poder en la mano y los que podrían decidir sobre esto".
Es evidente que el bienestar espiritual, material y social no está incluído en la agenda del clero católico. Ellos han tenido suficientes siglos de dominio y suficiente poder económico para desatar labor social y humana desde hace tiempo y no lo han hecho, porque simplemente primero están sus intereses, basta con revisar las posesiones personales de muchos jerarcas “servidores de Dios” en México, que hacen honor no solo al nombre que le atribuyen propios y extraños de paraíso fiscal a México, sino también el calificativo de “paraíso religioso”. Son más que nada las intenciones del clero católico poseer medios de comunicación, llevar asuntos políticos al púlpito, recibir presupuesto federal y tener injerencia en la educación pública.
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