Escrito por zAPPOteca | jueves, 19 de julio de 2007 Eran las 19:10 y luego de mi trabajo de oficina, luego de una jornada de altibajos, me dispuse a dar una pequeña caminata por el paseo Juárez el Llano, caminaba bajo una muy ligera lluvia que más que mojar acariciaba a los transeuntes, a todos aquellos que vemos a la lluvia como una bendición, la tarde era perfecta, pero lejos estaba de darme cuenta de lo que pasaba, no me extrañó en absoluto que un par de sujetos vestidos de civil me miraran desafiantemente, eso ya es común en nuestra ciudad, es casi cosa de todos los días, seguí sin dar tanta importancia, avancé sobre la calle de Pino Suárez dirigiéndome al norte. Dos tipos más, uno de chamarra roja muy delgado y bastante moreno, uno más de playera azul y con un artilugio en la oreja izquierda y con un objeto que dibujaba un relieve perfecto y rectangular en el cinturón. Respiré profundo y seguí avanzando, ya un poco nervioso, no es tan común ver a personas armadas en la plancha, a unos 50 metros vi un grupo de chicos que hacían suertes con sus patinetas, una pareja besándose en una de las bancas, tres tipos más con actitud extraña, unos pasos más, me encontraba frente a una sucursal bancaria, un carrito de hamburguesas y cerca de 10 tipos dispersos en un radio de 10 metros en el centro dibujado perfectamente tres o cuatro tipos más, con cara de maleantes, de esos de cuello blanco con actitud prepotente y postura de hijo de puta. La sensación hasta el momento no la puedo describir, el pinche bigote, los malditos lentes y la sonrisa siniestra, un verdadero cuadro maldito, ahí estaba el hijo de puta, ahí estaba el cabrón asesino, a solo veinte pasos de mi, mis piernas temblaron un poco, hijo de la re-gran chingada, no le basta con asesinas a mi pueblo, no le basta con se el artífice de mis más tristes recuerdos en mi memoria inmediata, ahora se daba el placer de venir hasta donde yo estaba, en ese preciso momento pensé en amigos que han tenido que salir del país por su persecusión y hostigamiento, pensé en la Chivis, en el Güero (un maestro de Tlacolula detenido el lunes pasado) , pensé en mis amigos que hemos visto de cerca la violencia de las autoridades, ahí estaba Ulises Ruíz, ahí estaba el ejemplo perfecto de la prepotencia, de la farza de la democracia y las instituciones, ahí estaba saludando a la nada por que nadie se acercaba, ahí estaba con sus jeans y su camisa blanca a rayas verticales. Ahí estaba el muy maldito, ahí precisamente donde el 14 de junio del 2006 por la mañana me detuve para respirar y organizar mis ideas, para regresar al centro histórico y repeler la agresión a los maestros.
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