ÍNDICE POLÍTICO
FRANCISCO RODRÍGUEZ
"No hay ningún antecedente (mundial, histórico) de que después de un fraude electoral, un año después, la gente siga en pie y el movimiento esté pleno de vida"
Andrés Manuel López Obrador
DECÍA VOLTAIRE QUE quien revela el secreto de otros pasa por traidor; mientras que el que revela el propio secreto pasa por imbécil.
Muchas imbecilidades, en efecto, hemos conocido los mexicanos en el transcurso de los últimos 365 días.
La mayor de todas, sin duda, la de quien es el mayor de los estólidos que con poder ha tenido México: Vicente Fox.
Y es que éste se desnudó y encueró a la política a la mexicana cuando, el 13 de febrero, en Washington, relató que en su primera confrontación con Andrés Manuel López Obrador --el diferendo respecto al camino "ilegal" a un hospital, el problema de El Encino que derivó en el proceso de desafuero-- "tuve que retirarme y perdí. Pero 18 meses después, me desquité cuando ganó mi candidato (Felipe Calderón)".
De que ilegalmente Fox metió la nariz, la mano y, finalmente, la pata en el proceso electoral no hay duda. Duda que para los señores ex magi$trado$ del Tribunal Electoral nunca fue certeza, pese a la enorme cantidad de evidencias públicas al respecto.
Otro alelado que desveló su propio secreto fue el ahora secretario del gobierno guanajuatense, Gilberto Mosqueda –un prominente "yunquista" del "establo" de Carlos María Abascal--, quien en un arranque de cinismo y, sobremanera, de estulticia, reclamó a Calderón no dotar de recursos presupuestales a la administración de su entidad, no obstante que ahí rellenaron las urnas con 300 mil votos más a los realmente emitidos, con lo que pone en la picota al IFE de Luis Carlos Ugalde y sus muchachos, no sólo por el conteo de sufragios, incluso por la impresión de cientos de miles de boletas electorales fuera de control. De ahí, entonces, la férrea negativa a recontar los votos.
Y a propósito de imbéciles, decía Balzac que uno de ellos "que no tiene más que una idea fija en la cabeza es más fuerte que un hombre de talento que tiene miles". Muy probablemente sería el caso de Manuel Espino, el peculiar dirigente del PAN que pareciera haber saltado de una historieta de Quino –"Manolito", el hijo del tendero, amiguito de "Mafalda"--, quien en uno de sus viajes al sur del continente informó haberse puesto de acuerdo con ocho gobernadores del PRI, por ahì del mediodía del primer domingo de julio del 2006, para sacar adelante la campaña presidencial del blanquiazul, que me imagino estaba en ese momento a la retaguardia.
¿Cómo olvidar las imbecilidades del dizque empresario Carlos Ahumada, quien ¿en su defensa?, ya excarcelado, confesó haber contribuido con su "granito de arena" –los video-escándalos en cuya difusión estuvieron involucrados su patrón Carlos Salinas, Diego Fernández de Cevallos, Marta Sahagún, et al— en aras de desacreditar, fallidamente, al señor López Obrador.
Al paso del tiempo, aflora el mayor de los secretos, dando la razón a Voltaire. Son los imbéciles a quienes se encargó guardarlo, quienes lo develan.
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