Lila Sarai
Ciudad de México, 4 de julio del 2007 (Machete Arte).- Tras el anuncio del cierre de las emisiones radiales que mantenía Grupo Monitor bajo la batuta de José Gutiérrez Vivó, queda más que clara la política de bloqueo informativo que realiza el gobierno espurio de Felipe Calderón.
Como lo nombrara Ignacio Alvarez (quien es el relator para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos), la forma en la que ha venido actuando el gobierno mexicano es una especie de “censura sutil”. No obstante, dichas acciones se hacen cada vez más latentes que sutiles.
Las declaraciones de Calderón sobre el supuesto auxilio que le fue otorgado a dicho consorcio, en vez de exponer su ‘buena voluntad' dejó muestra de cómo se utiliza el erario público para favorecer a unos medios o a otros no.
Se jacta de no coartar la libertad de expresión sólo porque los medios represivos han cambiado. Ya no es preciso el entrar a salto de mata y destruir las instalaciones o matar a quien ‘hable de más' (aunque lo siguen haciendo, muestra de ello es que en México se goza de mayor inseguridad para periodistas que en otras partes del mundo). La nueva modalidad de represión mediática es a hurtadillas. Poco a poco ir asfixiando por distintas vías a los medios hasta que ya no puedan sustentar sus proyectos comunicativos.
Los mismos asesinatos a periodistas son un atentado a la libertad de expresión hayan sido víctimas de homicidios realizados por personas del gobierno o hasta por gente de la mafia. La responsabilidad del Estado sobre estos hechos son directamente de éste ya que nos enfrentamos a una total vulnerabilidad de quienes están en los medios de comunicación ya que se ven inducidos a la censura y la autocensura resultante de la incapacidad del Estado para ofrecer y garantizar su seguridad en el ejercer de una verdadera libertad de expresión.
Es así como el expresar del vox populi va perdiendo cada vez más la posibilidad de hacerse de un espacio comunicativo que responda a su vivir y a su sentir. Cuántas emisiones no sólo radiofónicas sino televisivas y de imprenta han sido calladas y no sólo hablando de medios alternativos o ‘pequeños' sino que estamos presenciando que el gobierno ha tenido los recursos económicos, legales y políticos de pegarle a una empresa sólida, con más de 40 años de laborar en el ámbito y con una presencia firme en los miles de receptores que sintonizaban la estación.
Luego entonces, con la mano en la cintura, cualquier día pueden estirar la mano desde ‘allá arriba' y aplastar a cualquier medio que no se adapte a sus necesidades o que no convenga a sus intereses (como recientemente se han excusado). Tal vez es el momento preciso para que empresas comunicativas reconsideren para quiénes están comunicando; para un pueblo firme que lucha, que vive, que habla y construye en la cimiente de las acciones o para un gobierno espurio, sin compromiso y que cualquier día sin pena ni gloria se olvida de su existencia enterrándolos en lo más profundo del olvido. Es cierto. En México, la libertad de expresión NO existe.
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