Sam García
El día del Señor, 22 de julio de 2007 (Revoluciones).- En la semana informábamos que la Iglesia Católica ha tenido siglos y siglos de dominio, de dinero no sufre, como para poder impulsar labor social de sobra y hacerlo desinteresadamente en un país de más de 50 millones de pobres. Obviamente eso traería un efecto inmediato en nuestra población, la gente le daría más credibilidad al clero que a los políticos títeres del imperio, pero el clero no tiene cerebro o si lo tienen no lo han estrenado, pues por el camino más egoísta buscan ahora reformar las leyes ¿para beneficiar a los creyentes? ¡No sea ingenuo, para llenarse los bolsillos!
¿Sabía usted que el dinero que entra a las sinagogas en medio oriente (claro en medio oriente, no en México), usted fácilmente puede requerir la información a los jerarcas religiosos para saber en que se ocupa su dinero?, ¿sabe usted que sí se atreve usted a cuestionar en su parroquia al sacerdote, aunque sean buenas sus intenciones, lo toman por una amenaza al liderazgo eclesiástico? Muchas de estas cosas nos ponen a pensar y mucho, en que está detrás de esta intentona del clero por cambiar algo que en 1857 quedó plasmado clarito para los mexicanos: la laicidad del Estado.
Hagamos un poco de memoria: ¿recuerdan que en el 2003 la empresa Viatron adquirió los derechos exclusivos sobre el uso de la imagen de la Virgen de Guadalupe –misma “virgen” nunca registrada o sustentada en la doctrina cristiana bíblica- y que el negocio le dejo 12 millones a las arcas del clero católico? (Fuente: Imparcial, 11 de febrero del 2003). Este es un simple ejemplo de cómo la realidad del clero mexicano en verdad solo pretende llenarse y llenarse del dinero de la gente sincera y honesta, repito, fácilmente el catolicismo mexicano ya pudo haber sacado a México del medioevo moderno en el que está sumergido por contar –me atrevo a decirlo- con recursos incluso mayores a los que ostenta el mismo gobierno mexicano.
¿Qué pasaría si el clero católico reformara primero su vida para poder pensar en poner por obra ese gran mandamiento de “amarás a tu prójimo como a ti mismo”?, ¿entenderá el clero católico que “no mataras” es un mandamiento que aplica no solo a la eliminación física de alguien, sino también en manera moral y espiritual?, ¿cuántos han sido víctimas de los atropellos, no solo por pederastia, sino por otras cosas, de éste heroico clero que quiere poner las leyes quesque para que haya chance de que sean votados en las urnas? Yo le pregunto a usted estimado lector y sin ánimo de ofender, pero: ¿votaría por Norberto Rivera?, ¿se atrevería a permitir que el marco institucional en México le amplíe los privilegios a la Iglesia de Roma y retomemos ahora sí de lleno la experiencia vivida del siglo V al XV en la Edad Media?
En mi experiencia personal, como evangélico desde la cuna, hubo un tiempo en que asistía por puro compromiso a la iglesia, cantaba, leía la Biblia nada más por encimita. Es muy fácil estar sumergidos en una gimnasia religiosa, pero nada cambiaba en mi vida, seguía siendo hijo desobediente, un adolescente sin comprometerse con su medio, un individualista de primera y fanático a la televisión (Goku era la moda). Pero como cambian las cosas cuando lo primero que se cambia no es la mente, ni el conocimiento, ni la forma de vestir o de hablar, sino que renuevas primeramente tu corazón. Dios me ha enseñado a perdonar y saber pedir perdón, ser humilde y de mente sana, pero sobre todo agradecido con la vida y dándole un propósito y sentido. Muchos religiosos que me han rodeado de hace años no entienden porque me inmiscuyo tanto en la política, ni siquiera captan la esencia de este blog Revoluciones, pero si tengo claro que lo que pretendo es una reforma en mi país, que lleguemos todos al progreso, que obtengamos una nación digna para todos. Eso damas y caballeros no lo voy a conseguir convocando a líderes protestantes a que hablemos con los legisladores o con el presidente, ya sea el “legítimo” o el espurio. LO VAMOS A LOGRANDO RENOVANDO NUESTRA VIDA, SIENDO PRACTICOS CON LAS ENSEÑANZAS BÍBLICAS, HACEDORES Y NO SOLO OIDORES, PERO SOBRE TODO EXPRESANDO EL AMOR POR MÉXICO EN CADA ORACIÓN Y EN CADA ACCIÓN.
Ya lo he dicho y lo repito, no son hombres y nombres los que le darán a México la reforma espiritual que requiere para sacar adelante el resto de cosas. Vamos a ser como sociedad, en un equipo de trabajo y sin mirar quien hace más o quien hace menos. No tenemos la oportunidad de bombardear a la gente en los medios como lo hace Perverto y sus aliados, pero en el mundo espiritual con nuestras acciones podemos conquistar más terreno del que imaginamos y luego, de ser necesario, la Constitución se reformaría por si sola, sin necesidad de que religiosos espurios metan mano como lo quieren hacer ahora.
Les dejo este texto del siglo IV obra de San Juan Crisóstomo, haber si en pleno siglo XXI alguien se atreve a tomarlo en serio:
El día del Señor, 22 de julio de 2007 (Revoluciones).- En la semana informábamos que la Iglesia Católica ha tenido siglos y siglos de dominio, de dinero no sufre, como para poder impulsar labor social de sobra y hacerlo desinteresadamente en un país de más de 50 millones de pobres. Obviamente eso traería un efecto inmediato en nuestra población, la gente le daría más credibilidad al clero que a los políticos títeres del imperio, pero el clero no tiene cerebro o si lo tienen no lo han estrenado, pues por el camino más egoísta buscan ahora reformar las leyes ¿para beneficiar a los creyentes? ¡No sea ingenuo, para llenarse los bolsillos!
¿Sabía usted que el dinero que entra a las sinagogas en medio oriente (claro en medio oriente, no en México), usted fácilmente puede requerir la información a los jerarcas religiosos para saber en que se ocupa su dinero?, ¿sabe usted que sí se atreve usted a cuestionar en su parroquia al sacerdote, aunque sean buenas sus intenciones, lo toman por una amenaza al liderazgo eclesiástico? Muchas de estas cosas nos ponen a pensar y mucho, en que está detrás de esta intentona del clero por cambiar algo que en 1857 quedó plasmado clarito para los mexicanos: la laicidad del Estado.
Hagamos un poco de memoria: ¿recuerdan que en el 2003 la empresa Viatron adquirió los derechos exclusivos sobre el uso de la imagen de la Virgen de Guadalupe –misma “virgen” nunca registrada o sustentada en la doctrina cristiana bíblica- y que el negocio le dejo 12 millones a las arcas del clero católico? (Fuente: Imparcial, 11 de febrero del 2003). Este es un simple ejemplo de cómo la realidad del clero mexicano en verdad solo pretende llenarse y llenarse del dinero de la gente sincera y honesta, repito, fácilmente el catolicismo mexicano ya pudo haber sacado a México del medioevo moderno en el que está sumergido por contar –me atrevo a decirlo- con recursos incluso mayores a los que ostenta el mismo gobierno mexicano.
¿Qué pasaría si el clero católico reformara primero su vida para poder pensar en poner por obra ese gran mandamiento de “amarás a tu prójimo como a ti mismo”?, ¿entenderá el clero católico que “no mataras” es un mandamiento que aplica no solo a la eliminación física de alguien, sino también en manera moral y espiritual?, ¿cuántos han sido víctimas de los atropellos, no solo por pederastia, sino por otras cosas, de éste heroico clero que quiere poner las leyes quesque para que haya chance de que sean votados en las urnas? Yo le pregunto a usted estimado lector y sin ánimo de ofender, pero: ¿votaría por Norberto Rivera?, ¿se atrevería a permitir que el marco institucional en México le amplíe los privilegios a la Iglesia de Roma y retomemos ahora sí de lleno la experiencia vivida del siglo V al XV en la Edad Media?
En mi experiencia personal, como evangélico desde la cuna, hubo un tiempo en que asistía por puro compromiso a la iglesia, cantaba, leía la Biblia nada más por encimita. Es muy fácil estar sumergidos en una gimnasia religiosa, pero nada cambiaba en mi vida, seguía siendo hijo desobediente, un adolescente sin comprometerse con su medio, un individualista de primera y fanático a la televisión (Goku era la moda). Pero como cambian las cosas cuando lo primero que se cambia no es la mente, ni el conocimiento, ni la forma de vestir o de hablar, sino que renuevas primeramente tu corazón. Dios me ha enseñado a perdonar y saber pedir perdón, ser humilde y de mente sana, pero sobre todo agradecido con la vida y dándole un propósito y sentido. Muchos religiosos que me han rodeado de hace años no entienden porque me inmiscuyo tanto en la política, ni siquiera captan la esencia de este blog Revoluciones, pero si tengo claro que lo que pretendo es una reforma en mi país, que lleguemos todos al progreso, que obtengamos una nación digna para todos. Eso damas y caballeros no lo voy a conseguir convocando a líderes protestantes a que hablemos con los legisladores o con el presidente, ya sea el “legítimo” o el espurio. LO VAMOS A LOGRANDO RENOVANDO NUESTRA VIDA, SIENDO PRACTICOS CON LAS ENSEÑANZAS BÍBLICAS, HACEDORES Y NO SOLO OIDORES, PERO SOBRE TODO EXPRESANDO EL AMOR POR MÉXICO EN CADA ORACIÓN Y EN CADA ACCIÓN.
Ya lo he dicho y lo repito, no son hombres y nombres los que le darán a México la reforma espiritual que requiere para sacar adelante el resto de cosas. Vamos a ser como sociedad, en un equipo de trabajo y sin mirar quien hace más o quien hace menos. No tenemos la oportunidad de bombardear a la gente en los medios como lo hace Perverto y sus aliados, pero en el mundo espiritual con nuestras acciones podemos conquistar más terreno del que imaginamos y luego, de ser necesario, la Constitución se reformaría por si sola, sin necesidad de que religiosos espurios metan mano como lo quieren hacer ahora.
Les dejo este texto del siglo IV obra de San Juan Crisóstomo, haber si en pleno siglo XXI alguien se atreve a tomarlo en serio:
Lectura frecuente de la Sagrada EscrituraSan Juan Crisóstomo s. IV.
Queridísimos, es una cosa muy buena la lectura de las divinas Escrituras. Da sabiduría al alma, eleva la mente al cielo, hace al hombre agradecido, nos impulsa a no admirar las realidades de aquí abajo, sino a vivir con el pensamiento puesto allá arriba, a realizar todas nuestras obras con la mirada fija en la recompensa que nos dará el Señor, a dedicarnos al trabajo de la virtud con gran entusiasmo. Gracias a ellas, podemos conocer la providencia de Dios, siempre dispuesta a prestar auxilio; la valentía de los justos, la bondad del Señor, la grandeza de los premios. Nos pueden impulsar a imitar fervorosamente la piedad de hombres generosos, para no adormecernos en las batallas espirituales y para confiar en las promesas divinas antes de que se cumplan.
Por esto os exhorto: ¡leamos con mucha atención las Escrituras divinas! Alcanzaremos su verdadera comprensión si nos dedicamos siempre a ellas. No es posible, en efecto, que quien demuestra gran cuidado y deseo de conocer las palabras divinas se quede en la estacada. Incluso si no tiene ningún maestro, el Señor mismo entrará en nuestros corazones, iluminará nuestra inteligencia, nos revelará las verdades escondidas; será Él nuestro Maestro en lo que no comprendamos, con tal de que nosotros estemos dispuestos a hacer lo que podamos (...).
Cuando tomamos en nuestras manos el libro espiritual, hemos de poner en vela nuestro espíritu, recoger nuestros pensamientos, echar fuera cualquier preocupación terrena. Dediquémonos entonces a la lectura con mucha devoción, con gran atención, para que se nos conceda que el Espíritu Santo nos guíe a la comprensión de lo que está escrito, sacando así gran utilidad. Aquel hombre eunuco y bárbaro, ministro de la reina de los etíopes, que era un hombre importante, no descuidaba la lectura de la Escritura ni siquiera cuando estaba de viaje. Teniendo en sus manos al profeta [Isaías], leía con mucha atención, incluso sin comprender lo que tenía ante sus ojos; pero como ponía de su parte cuanto podía -diligencia, entusiasmo y atención-, obtuvo un guía (cfr Hech 8,26-40).
Considera, por tanto, qué gran cosa es no descuidar la lectura de la Escritura tampoco durante los viajes, ni yendo en carro. Escuchen esto quienes ni siquiera en su propia casa admiten que haya que leer la Sagrada Escritura, con la excusa de que conviven con su mujer o militan en el ejército, porque están preocupados por los hijos, dedicados al cuidado de los parientes, o comprometidos en otros negocios.
Ese hombre era eunuco y bárbaro: dos circunstancias suficientes para que hubiese sido negligente. Otros factores eran su dignidad y sus grandes riquezas, y el hecho de viajar en una carroza, pues no es fácil dedicarse a la lectura cuando se viaja así; más aún, resulta costoso. Y, sin embargo, su deseo y su celo superaban cualquier impedimento. Hasta tal punto estaba enfrascado en la lectura, que no decía lo que muchos repiten en el día de hoy: "No entiendo lo que contiene, no logro comprender la profundidad de la Escritura; ¿por qué, pues, voy a sujetarme inútilmente y sin fruto a la fatiga de leer, sin que nadie me guíe?". Nada de eso pensaba aquel hombre, bárbaro por la lengua pero sabio por el pensamiento. Creía que Dios no lo despreciaría, sino que le mandaría alguna ayuda de lo alto, con tal de que él hubiese puesto lo que estaba de su parte, dedicándose a la lectura. Por eso, el Padre benigno, viendo su íntimo deseo, no le descuidó ni le abandonó a sí mismo, sino que le mandó enseguida un maestro.
Este bárbaro está en condiciones de ser maestro de todos nosotros: de quienes llevan una vida privada, de quienes están enrolados en el ejército, de quienes gozan de autoridad. En una palabra, puede ser maestro de todos; no sólo de los hombres, sino también de las mujeres -tanto más que siempre están en casa-, y de los que han elegido la vida monástica. Aprendan todos que ninguna circunstancia es obstáculo para leer la palabra divina, que es posible hacerlo no sólo en casa, sino en la plaza, de viaje, en compañía de otros o cuando estamos metidos en plena actividad. Si nosotros hacemos lo que está en nuestra mano, pronto encontraremos quien nos enseñe. Porque el Señor, viendo nuestro afán por las realidades espirituales, no nos despreciará, sino que nos mandará una luz del cielo e iluminará nuestra alma. No descuidemos, por tanto -os lo ruego-, la lectura de la Escritura.
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