Buscar este blog

17 octubre 2007

Para un Modelo de Economía Social Redistributiva


Celso C. Hernández Rojas-*

La crisis social, en la que se ha traducido el largo período de estancamiento económico que vive el país, hace obligatorio un ejercicio prospectivo de los elementos con los que se pueden reconstruir, tanto el tejido social, como las relaciones productivas en la formación social mexicana.

La imposición de la derecha, al mando del gobierno, luego del robo de la elección presidencial del 2006, hace evidente que la polarización social persiste e incluso se manifiesta en cualquier coyuntura o momento político del país; si la apuesta fue que con el tiempo, se iría diluyendo el malestar político, esto no ha sucedido.

La continuidad económica del gobierno PANísta, Fox-Calderón, ha devenido en una especie de enajenación, donde se han inventado una realidad ficticia e inalterable donde sólo existen cosas buenas y maravillosas. Perplejos venimos oyendo, desde el sexenio anterior, hablar de un país donde no hay crisis económica, ni social; un país que, corrigiendo los errores del pasado, cuenta con un empleo siempre creciente y una gran estabilidad macroeconómica, éste país de los discursos, esta cada vez más divorciado del México real. Esta misma formula, se repite, con la presidencia ilegitima, para encubrir una pésima gestión, carente de resultados económicos tangibles, no sólo en las grandes cifras macroeconómicas, sino fundamentalmente en el plano de los ingresos de las familias.

Una de las salidas a la crisis social, en el terreno de la falta de creación de empleos, ha sido la masiva fuga de fuerza de trabajo hacia la frontera norte para ingresar en los Estados Unidos. En el sexenio Foxista la cifra de emigrantes se estimó en más de 400 mil trabajadores, suma que se traduce en un poco más de 2.5 millones de personas menos en el país durante todo el sexenio. Los mismos organismos encargados de la estadística nacional en materia de población, INEGI y CONAPO, se han visto obligados a realizar un ajuste en sus proyecciones en cuanto a niveles de población, en 2006, aprovechando las cifras del conteo de 2005, seguimos siendo 105 millones de mexicanos y no los 109 estimados, debido a que la migración esta creando una crisis poblacional; prueba de ello es la existencia de más de 12 mil poblaciones que se han convertido en pueblos fantasma. Al inicio de este sexenio, la cifra de emigrantes se incrementó a más de 500 mil personas y la tendencia de la crisis poblacional y social es más que latente.

Este aspecto del problema migratorio, como salida a la crisis social y a la falta de empleo, debería de ser una de las prioridades para ser atendida por el gobierno, mediante políticas sociales, lo cual no sucede. Aún recordamos la anécdota de la “enchilada completa”, refiriéndose a la propuesta migratoria en el sexenio de Fox, y ahora se ha pasado a la critica por la homofobia de los emigrantes mexicanos en Estados Unidos, pero sin que se realice una sola acción en su defensa o para solucionar de fondo el problema migratorio.

La crisis social en nuestro país asume proporciones descomunales, la población que vive en la pobreza, según los datos reconocidos por SEDESOL, en la Cámara de Diputados durante la glosa del 1ª Informe de Gobierno, dice que es mayor a los 44 millones de personas; y la población en pobreza alimentaría, es decir la población que no alcanza a cubrir sus requerimientos nutricionales, se ubica más allá de los 14 millones de personas. Este sólo dato, nos muestra la magnitud de la lacerante pobreza existente. y que pese a la inversión en gasto social, ésta no ha revertido el atraso, la marginación y la exclusión social de un amplio sector de la población. El discurso de la administración PANísta de combate a esta situación social es poco frecuente, pero salta en los actos gubernamentales porque es parte de la realidad económica del país.

Podríamos revisar y dar cuenta de otros muchos indicadores sociales, como pudieran ser los indicadores de salud -muy a pesar del seguro popular-, educación, vivienda, de los de desarrollo humano y bienestar, etc., pero encontraríamos esta constante de asignaturas pendientes, de atraso, de desatención y de metas que no logran revertir o dar atención o cobertura a los problemas más urgentes en algunos casos y que, en otros, al desnaturalizar los derechos sociales, los han pervertido convirtiéndolos en jugosos negocios en manos de la banca y de empresarios voraces, como sucede con la vivienda, las pensiones, el contratismo dentro de la administración pública, entre otros.

Para recuperar la economía nacional, se requiere una visión nacionalista, los procesos de la globalización no sólo no tienen beneficios tangibles, como empleos bien remunerados o ventajas comparativas de parte de los productores nacionales, sino por el contrario, la invasión de productos y marcas extranjeras nos ha hecho muy vulnerables, al grado que ahora ya es impensable tener una autosuficiencia alimentaria, es decir, para comer, desde hace mucho dependemos de la producción extranjera.

Si ahora hiciéramos un corte de caja, para revisar el origen de los capitales de las empresas, en nuestro país, seguramente encontraríamos que pese al proteccionismo que se práctico por décadas para fomentar la inversión nacional y, por ende a los empresarios mexicanos por parte del Estado, la apertura comercial que se dio desde la entrada al GATT y se consumo con la firma del TLC, barrio literalmente con la inversión nacional, la entrada en masa del capital extranjero, principalmente norteamericano, nos ha hecho una economía que depende de las corporaciones trasnacionales; por eso en buena medida, en el caso de México, la globalización debe leerse como la desnacionalización de las inversiones de capital.

Adicionalmente la estructura productiva del país tiene la característica de tener una distribución del ingreso altamente centralizada, los estudios al respecto muestran que sólo el 10% de la población, la de los más altos ingresos, dispone del 60% del PIB, esto da como resultado natural que abunden los multimillonarios de clase mundial, como Carlos Slim (Telmex, Grupo Carso), Roberto Hernández (exBanamex), los Arambula Zavala (Grupo Modelo), los Azcarra Jean (Televisa), los Salinas Price (Azteca), por citar algunos que están considerados en la elite mundial. Junto a estos están los más de 14 millones de mexicanos que no satisfacen siquiera sus requerimientos nutricionales. Pueden decir lo que les venga en gana, tal vez que esto no es culpa de los empresarios multimillonarios, pero sin embargo, cuando menos, tanto la política social, como la acción del Estado debiera de estar encaminada a combatir la desigualdad social y realizar acciones para revertir la concentración del poder económico y propiciar el desarrollo social y económico de la población más pobre.

Para recuperar la economía nacional se requiere decisión para reorientar el gasto público hacia la inversión productiva y social. Diversas iniciativas en países de Suramérica, como Brasil, Bolivia, Uruguay, Chile, Argentina y Venezuela, han mostrado la forma de aprovechar el intercambio comercial para incrementar el bienestar social, organizando y propiciando desde la inversión publica proyectos sociales gestionados por la población organizada, desde formas cooperativas o de economía social.

Estos dos elementos, una actitud nacionalista por un lado y una política social que propicie la inversión productiva y el desarrollo social por el otro, podrían poner al país en la vía de un futuro mejor. Sin embargo no desconocemos que siendo el elemento “democracia” esencial en una sociedad -sencillamente no puede estar ausente-, hoy nos encontramos en una situación crítica, dado que se cuestiona su existencia por la usurpación de la derecha PANísta.

* Miembro del Taller de Economía Social y Políticas Públicas de la Facultad de Economía de la UNAM.

No hay comentarios.: