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05 octubre 2007

Y Después del 2 de Octubre, ¿Qué?

Por Melchor López Hernández

Después del 2 de Octubre, el debate de ideas. Socializar que es un proceso sociopolítico. Que el orden institucional no cede. Que existió quien diseñó la matanza: el poder fáctico, gubernamental. Que varias situaciones de la sociedad cambiaron...

Pero sobre todo, tener presente a la historia.

“No se es buen observador cuando solamente se observa la mano que mata y no quien la dirige”, sentencia Nietzsche, entrecomillado que encontramos como uno de los epígrafes de Juan Miguel de Mora en su libro Tlatelolco T-68 (Ed. Edamex) en el que se narra algunos de los momentos del movimiento estudiantil de 1968 en el Distrito Federal, en la plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco.

Escribir de 1968 para no olvidar que hubo quien mato. Pero, también, quién dirigió la masacre. Y mantener la memoria histórica, colectiva para que el 2 de octubre de 1968 no quede inerme en el archivo. Que se perpetué como punzada contra la violencia institucional. Esa que se orquesta desde el poder del gobierno utilizado para arrasar al otro.

El entrecomillado de hoy: “Plaza de las tres culturas:

“Ejército. Mujeres. Soldados. Amenaza. Niños. Ametralladoras. Ancianos. Consternación. Fusiles. Sangre. Peligro. Cascos. Abuelas. Temor. Bayonetas. Horripilación. Botas. Patadas. Turbación. Tanques. Susto. Cañones. Temblar. Pistolas. Sobresalto. Disparos. Horrorizarse. Explosiones. Destrozos. Acobardar. Gritos. Fuego. Sobrecogimiento. Tiros. Morir. Agitación. Camiones. Palpitación. Crimen. Culetazos. Estudiantes. Dolor. Aterrorizar. Terrorífico. Angustia. Ráfagas. Muchachas. Pavoroso. Exclamaciones. Cadáveres. Cobardía. Tableteo. Sesos. Aterrar. Golpes. Muchachitos. Estremecimiento. Estruendo. Horripilante. Heridos. Batallones. Horrendo. Hemorragia. Regimiento. Fractura. Escuadrones. Muerte. Lluvia. Desgarramiento. Trauma. Gritos. Apocalipsis.

“El capitán dijo que avanzáramos. El capitán dijo que tirásemos. Avanzamos. Tiramos. Mucha condenada gente. Corren asustados. Tiramos. Algunos gritan. Tiramos. Son estudiantes, dijo el sargento. Pero los hay grandes. Tiramos. Hay muchas viejas. Crisóforo también dice que son estudiantes. Pero el capitán grita: ¡tiren! Tiramos. Un culetazo a esa mujer. Tiramos. ¡Cuánto cabrón escuincle! ¿Para qué le buscan? En lugar de estar en su casa. Tiramos. Hay muchos muertos. ¿Quiénes son los que disparan desde el balcón? ¡No les tires, pendejo! ¿No ves que traen el guante blanco? ¡Cómo corren las viejas! Lo dijo el capitán. Tiramos. Matamos (…)

“Unos cuerpos a tierra. Otros rodilla en tierra. Y todos disparan contra los que corren. Margarita Eurídice corre. Un hombre cae. Otros se arrojan al suelo. Dos mujeres corren.

“Ella no ve nada. Corre.

“Ernesto ha llegado a la esquina y desde el suelo ve, lejos, al frente, soldados disparando. Y ve, también, a Margarita Eurídice corriendo.

“Esa vieja está bien buena. Y la pendeja quiere morirse. ‘¡No le tiren, mi cabo, voy a jalarla!’ ‘¡Qué chingue a su madre!’.

“Un dolor que sacude. Margarita se quiebra al culetazo. ‘¡Túmbese, pinche hija de la chingada!’ Eurídice se siente agarrada y lucha por soltarse. El cabo le tira una patada. La segunda la alcanza en el sexo. Se dobla. El soldado la suelta. El cabo la sigue pateado…”.

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