Es un hecho probado que las comunicaciones internacionales con origen, destino o intermediación en EE.UU. se han interceptado durante más de 80 años.[1] Sin embargo, la arquitectura de la sociedad del control comenzó a modelarse en fecha más reciente, íntimamente relacionada con la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), la principal de los 16 organismos espías de EE.UU. y máxima responsable de la captura y el análisis de la información transmitida por cualquier medio de comunicación de interés para el gobierno de ese país.
Fundada por Harry Truman el 2 de noviembre de 1952 durante la guerra contra Corea, supuestamente para proteger a los estadounidenses de las amenazas foráneas, tuvo un carácter tan secreto que durante décadas el gobierno se negó a reconocer su existencia. Periodistas, congresistas y senadores solían burlarse de las especulaciones acerca de la superagencia y alimentaban la broma de que NSA realmente significaba “No Such Agency” (No existe tal Agencia).
En 1975 una investigación del Congreso confirmó que la NSA no solo existía, sino que se dedicaba a intervenir las llamadas internacionales bajo mandato de la CIA, fundamentalmente. Había violado sistemáticamente la Ley de Comunicación de 1932, sección 222, que prohibía a compañías telefónicas revelar información de los clientes a ciudadanos o entidades públicas.
La campaña contra las escuchas espías denominada Operación Shamrock[2] desembocó en la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA, por sus siglas en inglés), destinada a proteger a los estadounidenses del espionaje ilegal. Fue promulgada en 1978 y establecía los procedimientos para la vigilancia, que debía ser aprobada caso a caso por un tribunal de 11 miembros.
Pero la gran notoriedad de la NSA sobrevino en marzo de 1999, cuando el gobierno australiano confirmó que participaba en una red internacional denominada Echelon, que la NSA había montado con la ayuda de Australia, más Canadá, el Reino Unido y Nueva Zelanda. Controlado desde la sede de la Agencia en Fort Meade (Maryland) y dirigida por el Grupo de Seguridad Naval de EE.UU. y por los servicios de espionaje de la Fuerza Aérea estadounidense, el programa Echelon existe desde los años 70, aunque experimentó una gran ampliación entre 1975 y 1995. Se sustenta en una red planetaria de satélites espías que les permitía dirigir sus orejas a casi todo el mundo, interceptando millones de comunicaciones en el éter.
En un principio nadie quiso creer paranoicas historias sobre sistemas de espionaje computarizado, satélites vigilando noche y día las comunicaciones, filtros de correo electrónico. Sin embargo, en mayo de 2001 el Parlamento Europeo reconoció sin ambigüedades su existencia: “(...) No hay ninguna razón para seguir dudando de la existencia de un sistema de intercepción de las comunicaciones a nivel mundial en el que participan EE.UU., el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda en el marco del Acuerdo UK/USA; considerando, asimismo, que según las informaciones de que se dispone, es probable que su nombre sea ‘Echelon’, si bien no es este un aspecto de importancia primordial (...) El sistema no se utiliza para interceptar comunicaciones militares, sino privadas y económicas”[3].
Lite Machines Corporation ha estado mercadeando vigorosamente un UAV lanzado desde la mano, que vuela a baja altura, tan liviano que no parece más que un gran cohete de juguete plástico propulsado con agua por rotores de helicóptero en miniatura. La compañía imagina un futuro libre de privacidad en el que las zonas urbanas son sitiadas por “enjambres” de semejantes pequeños UAVs que no sólo se asomarán por las ventanas de la ciudad, sino incluso invadirán los hogares. Según un portavoz de la compañía, “realmente se puede cubrir un área con la cantidad de UAVs que se quiera... penetrar estructuras, ver a través de una ventana o incluso quebrar una ventana”, a fin de volar dentro de una casa y dar una vuelta.
Desde principios de los años 90 la NSA ha desarrollado sistemas de espionaje rápidos y complejos para interceptar, filtrar y analizar todas las formas de comunicación digital que utiliza Internet. Como la mayor parte de la capacidad de Internet del mundo está radicada en EE.UU. o se conecta con EE.UU., muchas de las comunicaciones que cruzan el ciberespacio pasan por estaciones intermedias ubicadas en este país. El 90 por ciento de las comunicaciones de Europa con Asia, Oceanía, África o Sudamérica viajan normalmente a través de EE.UU.. Los itinerarios que siguen los “paquetes” de Internet dependen del origen y destino de los datos, de los sistemas por los que entran y salen de la Red y de una multitud de otros factores, como la hora del día. De este modo, los routers situados en el oeste de EE.UU. se encuentran en su mayor parte inactivos a la hora en que el tráfico del centro de Europa es más intenso, y por tanto, los mensajes que recorren distancias cortas en una red europea muy ocupada, viajan, en su lugar, a través de centrales de Internet situadas en California fácilmente accesibles para la NSA.
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