
Madre de Dios, madre de los mexicanos. Al no ser su hijo, no eres mi hermano y por ende tampoco eres mexicano.
Nos ofende el desprecio y trato que brindan nuestros vecinos del norte a los mexicanos que tratan de ganarse la vida de aquel lado. No entendemos por qué su racismo y su intolerancia hacia nosotros.
Aquí en México nos jactamos de que, aun sufriendo el monstruoso abismo que separa las clases económicas, todos somos iguales. El rico, el pobre, el obrero y el campesino, todos valemos lo mismo, todos merecemos el mismo trato.
Esto es cierto, mientras todos sean hijos de la Virgen de Guadalupe. De aquel que practique otra creencia, que Dios (su dios) se apiade de él.
En gran parte, la marginación que han sufrido los indígenas y otros grupos minoritarios en México ha sido porque practican creencias religiosas diferentes a la católica. La religión de la mayoría.
La intolerancia religiosa en México es un mal que muchos ignoran.
A diferencia de la discriminación racial, donde se repudia la cultura, el idioma, el color de otra persona, en la intolerancia religiosa se recriminan los pensamientos y sentimientos de la persona que no piensa y cree la misma religión que el intolerante.
En México a veces se respeta más al que no cree verdaderamente en la religión católica, pero se dice ser católico, sobre aquel que en realidad siente y razona su religión si esta religión es otra.
Es un hecho que la segregación es una de las principales características de las sociedades capitalistas avanzadas. Y México, queriendo formar una, muestra su segregación en el ámbito laboral practicando una cero tolerancia religiosa en su fuerza de trabajo.
Esperan homogeneizar el pensamiento y el sentimiento en el área de trabajo. No importa si el jefe es blanco, y el obrero es moreno. No importa si la secretaría es alta y güera y la conserje es de rasgos indígenas. Lo que importa es que todos crean lo mismo. Que sean hermanos.
¿Pero por qué se da esta intolerancia religiosa en México? ¿Y en qué grado se presenta?
Para sorpresa del lector, escribo que se presenta en varios ámbitos y en diversos grados que llegan a ahondar hasta en la violencia física.
Las religiones minoritarias en México reciben un trato especial o descubierto explícitamente, como si fueran discapacitados o niños down.
Se les hace a un lado, se les ignora, hacen burlas de ellos y de ninguna manera serán proveídos de las mismas oportunidades equitativas. Cuando los medios se ocupan de ellos, se les asigna en una sección especial, o una página marginada, como si fueran noticias internacionales... extranjeros, dentro de su propio país.
La intolerancia religiosa puede pasar desapercibida en nuestra sociedad por muchas razones: la mayoría pertenece a una religión. Y al practicar los usos y costumbres de la mayoría se observa como algo normal ser intolerantes hacia las demás religiones existentes en el territorio nacional.
Pensamos por el simple hecho de que constitucionalmente está garantizado que “Todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade...” [ART. 24. Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos] se respira un aire de tolerancia en la nación en cuanto a materia religiosa. Pero esto no es así.
Existen comunidades como la de Ixmiquilpan en Hidalgo donde el barrio de San Nicolás tiene un acuerdo que fue firmado en una asamblea de 1998 que decreta: “Toda persona que profese otra religión que no sea la católica, no tendrá derecho a ningún servicio como agua potable, alcantarillado, luz eléctrica y mucho menos panteón.” El delegado del ayuntamiento, Heriberto Lugo González afirmó que hará cumplir ese decreto y que comenzará a expurgar la comunidad de todos aquellos que se nieguen a cooperar en las celebraciones religiosas que son parte de la población.[1]
¡Claudio Salvador Rodríguez Maldonado, director de Gobierno de la Secretaría de Gobernación del estado está todavía ponderando si la situación es un problema civil o de intolerancia religiosa!
Al presentarse esa duda, claramente queda demostrado la ignorancia en respecto a la materia de intolerancia a las demás religiones. Se practican los abusos en nuestra sociedad diariamente, de la manera más abierta, y se considera algo normal. Un evento que “hay que ver si es o no es”.
Los abusos ejercidos por la intolerancia religiosa no tienen que ser tan gráficos como hombres-bomba suicidas o tan explícitos como marchas y manifestaciones neo-nazis como sucede en otros países.
Son igual de dañinos y atroces en nuestro país cuando se le niega trabajo, el único medio de subsistir dentro del marco legal, a las personas que no profesan la religión católica. Se manifiesta la intolerancia cuando no se conceden los permisos de construcción para que levanten sus sinagogas, mezquitas y templos respectivos. Cuando se le niega su derecho gregario a una comunidad y les otorgamos una marginación congregada. Como los ghettos.
Antes de divagar sobre cómo podríamos empezar a solucionar este problema debemos meditar por qué se da este racismo, esta discriminación religiosa. La intolerancia se presenta por razones que a veces están encontradas: predican el amor al prójimo al mismo tiempo que coadyuvan en los asuntos de Estado, junto con el gobierno para participar de alguna manera en el rumbo político y económico de la nación.Sabemos que el frenesí religioso incontrolado puede llevar a actos violentos, salvajes y hasta de índole terrorista. La religión y la discriminación se van ligando de está manera. Si no hay tolerancia, hay racismo, hay separación, está el olvido por parte de una sociedad que profesa una religión. En este país, donde el partido en el poder es miembro de la Internacional Demócrata Cristiana, se escuchan quejas por parte de líderes de otras religiones como Abner López (director de la Sociedad Bíblica de México) quién dijo que "Una de las primeras funciones del Estado no es sólo promover la legítima libertad de culto de los individuos, sino protegerla y garantizarla".[2]La intolerancia religiosa ha probado ser a través de la historia una causa de innumerables desaciertos y agravios a la humanidad. Es imposible que ignoremos la discriminación que forma parte nuestra cultura en México al no permitir una coexistencia pacífica e igual para todos aquellos que practican otra religión que no sea la católica. Si ampliamos nuestro criterio a aceptar que hay una diversidad religiosa y cultural enriquecedora, evitaríamos y estaríamos ayudando a resolver algunos de los problemas que actualmente nos aquejan, como la cuestión indígena, extrema pobreza, analfabetismo, monopolios injustos y prácticas racistas que sólo fomentan el odio y la violencia.
Rezo porque toda está intolerancia termine. Y prosperemos en santa paz. Como hermanos. Mexicanos.
[1] El Norte. “¿Una Guerra Santa?” Los Estados. Domingo 22 de abril 2001. Pág 21-A.
[2] La Jornada. “Bomba de Tiempo, la intolerancia religiosa, advierte la CNDH.” 19 de abril 2001.
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