La Biblia indica claramente, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, que el matrimonio no está prohibido para quienes quieren agradar a Dios, ni siquiera para quienes quieren servir a Dios a tiempo completo. El Nuevo Testamento lo dice con claridad cuando establece los requisitos para los oficiales de la iglesia. Es necesario, pues, que no se le pueda reprochar nada al obispo. Marido de una sola mujer... Un hombre que sepa dirigir su propia casa y cuyos hijos le obedecen y respetan (1 Timoteo 3:2-4). Esta es la misma regla que se da a los diáconos: Los diáconos deben ser hombres casados una vez solamente, hombres que sepan dirigir a sus hijos y su propia casa (3:12). Los sacerdotes del Antiguo Testamento también tenían libertad para casarse, y por lo general se casaban, al igual que los líderes de la iglesia del Nuevo Testamento.
Además, aunque Dios condena severamente toda relación sexual entre personas que no están casadas entre sí, El explica que el contacto sexual entre personas casadas no es pecado. Más bien, El ordena a cada persona en la unión matrimonial que se dé a sí mismo, o a sí misma, al cónyuge. ¡Cuidado con las relaciones fuera del matrimonio! Que cada uno, pues, tenga su esposa y cada mujer su marido. El marido cumpla con sus deberes de esposo y también la esposa. La esposa no dispone de su propio cuerpo, el marido dispone de él. Del mismo modo, el marido no dispone de su propio cuerpo, la esposa dispone de él. No se nieguen el derecho del uno al otro, sino cuando lo decidan de común acuerdo, por cierto tiempo, con el fin de dedicarse más a la oración, pero después vuelvan a juntarse (1 Corintios 7:1-5). Este pasaje explica claramente que la falta de deseo en algún momento, o aun la idea de que el sexo es pecado, no es razón suficiente para que una persona casada prive a su esposo o a su esposa. Dios quiere que los casados encuentren satisfacción en el hogar, para que sean fortalecidos contra toda tentación externa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario