Las fuerzas armadas de un país no solo representan las armas, los uniformes y el hecho de defender la soberanía, se supone debe ser orgullo, un simbolo de todos pero que hoy ha sido reducido a un aparatito, artefactito legitimador. Bueno fuera que su objetivo lo cumpliera pero al espurio se le ocurrió echarles a narco encima ¿podrá de ese modo el ejército legitimar a calderón, con puras derrotas? no, y lo que es peor, deja abierta la posiblidad de que en un futuro no muy lejano el narco controle una guerrilla, para poner más adelante a quien ellos quieran en el poder o a quien este ponerlo en jaque como ya le esta pasando al espurio. Y es que esto sucede cuando uno que se hace pasar por presidente es el primero en violar la ley ¿podrán los criminarles temer a calderón y a su ejército espurio? NO. Acá una muestra:
Emboscada
Cinco días antes de que presuntos sicarios abatieran a cinco militares en Carácuaro, Michoacán, el secretario de la Defensa Nacional, general de División Guillermo Galván Galván, presentó el operativo militar contra el narcotráfico en ese estado, como una muestra de que el gobierno de Felipe Calderón iba “por el camino correcto”.
El general, que había aprovechado su comparecencia ante la Comisión de Defensa Nacional de la Cámara de Diputados para poner el operativo en Michoacán como ejemplo de lo acertado de la estrategia del gobierno de Calderón, estaba lejos de imaginar que el asesinato de sus soldados, justamente en ese estado, iba a incrementar las dudas y las críticas a la manera en que, a partir de este sexenio, se decidió enfrentar el narcotráfico.
Dijo el general en esa reunión con los diputados el jueves 26 de abril: “Los resultados que tenemos hasta este momento por lo que se refiere a Michoacán II en cuanto a la superficie sembrada, han disminuido en un 50 por ciento. Ello nos indica que vamos por el buen camino”.
Como consecuencia de esa reducción, previó, “lograremos que la oferta no sea capaz de cubrir la demanda” y, en consecuencia, el precio bajará. “Destruir un número muy significativo de plantíos en Michoacán para nosotros es un indicio de que vamos por el buen camino”.
Fue notorio que el general puso énfasis en el operativo Michoacán, donde Calderón tiene un especial interés por ser su estado natal y donde el 11 de noviembre próximo se renovará por completo el poder, mediante la elección para gobernador, del Congreso y los ayuntamientos.
El asesinato de los militares, incluido un jefe del Ejército que era coronel de infantería Diplomado de Estado Mayor, colocó a esa fuerza –la principal reserva armada del país– en una condición de vulnerabilidad, pues el ataque a los elementos del 12º Batallón de Infantería presentado como emboscada, indica que el poder del narcotráfico en algunas zonas del país es superior al de los militares destacados en los operativos.
De acuerdo con la información de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), las víctimas fueron emboscadas y recibidas a tiros y granadas de mano. Lamentablemente, no ha dado más elementos, excepto una vaga explicación de que los militares se habían desplazado al lugar de los hechos para responder a una denuncia ciudadana.
Los detalles sobre la manera en que incurrió el ataque son importantes para saber qué tan preparados están los efectivos del Ejército para estas reacciones que eran previsibles.
Lo único que se puede inferir de lo dicho por el general Galván en esa comparecencia, es que en Michoacán, como uno de los principales territorios de siembra de enervantes en el país, la Sedena ha organizado “fuerzas de tarea potentes”.
Esos grupos están concebidos para actuar en periodos cortos y se integran por elementos de alto mando y control. Al parecer, a una de estas fuerzas pertenecían los militares asesinados.
En Michoacán, según dijo Galván, el Ejército también ha organizado agrupamientos de tropas de combate terrestre, anfibias y aéreas.
Los mismos tipos de fuerzas están desplegados en Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Jalisco y Nayarit, así como en el llamado “triángulo dorado”, formado por la región montañosa, que comparten Sinaloa, Durango y Chihuahua. Todos esos territorios, junto con Michoacán, están identificados como los principales en la producción de drogas en el país.
Pero Michoacán es también, según la exposición de Galván, parte de la ruta del Pacífico para el trasiego de estupefacientes. El puerto de Lázaro Cárdenas forma parte de esa cadena, que se extiende desde Tapachula y Arriaga, Chiapas, hasta Mexicali y Tijuana, en Baja California.
Michoacán, o buena parte de su territorio, es por tanto uno de los espacios controlados por el narcotráfico. Por eso, si en verdad fue una emboscada contra el Ejército, como lo asegura la Sedena, el narcotráfico no sólo ganó una batalla –según el discurso guerrero del gobierno–, sino que ya abrió un camino para causar nuevas bajas militares. Peor todavía sería el escenario si la muerte de los militares hubiera sido resultado de un enfrentamiento. (4 de mayo de 2007)
Emboscada
Cinco días antes de que presuntos sicarios abatieran a cinco militares en Carácuaro, Michoacán, el secretario de la Defensa Nacional, general de División Guillermo Galván Galván, presentó el operativo militar contra el narcotráfico en ese estado, como una muestra de que el gobierno de Felipe Calderón iba “por el camino correcto”.
El general, que había aprovechado su comparecencia ante la Comisión de Defensa Nacional de la Cámara de Diputados para poner el operativo en Michoacán como ejemplo de lo acertado de la estrategia del gobierno de Calderón, estaba lejos de imaginar que el asesinato de sus soldados, justamente en ese estado, iba a incrementar las dudas y las críticas a la manera en que, a partir de este sexenio, se decidió enfrentar el narcotráfico.
Dijo el general en esa reunión con los diputados el jueves 26 de abril: “Los resultados que tenemos hasta este momento por lo que se refiere a Michoacán II en cuanto a la superficie sembrada, han disminuido en un 50 por ciento. Ello nos indica que vamos por el buen camino”.
Como consecuencia de esa reducción, previó, “lograremos que la oferta no sea capaz de cubrir la demanda” y, en consecuencia, el precio bajará. “Destruir un número muy significativo de plantíos en Michoacán para nosotros es un indicio de que vamos por el buen camino”.
Fue notorio que el general puso énfasis en el operativo Michoacán, donde Calderón tiene un especial interés por ser su estado natal y donde el 11 de noviembre próximo se renovará por completo el poder, mediante la elección para gobernador, del Congreso y los ayuntamientos.
El asesinato de los militares, incluido un jefe del Ejército que era coronel de infantería Diplomado de Estado Mayor, colocó a esa fuerza –la principal reserva armada del país– en una condición de vulnerabilidad, pues el ataque a los elementos del 12º Batallón de Infantería presentado como emboscada, indica que el poder del narcotráfico en algunas zonas del país es superior al de los militares destacados en los operativos.
De acuerdo con la información de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), las víctimas fueron emboscadas y recibidas a tiros y granadas de mano. Lamentablemente, no ha dado más elementos, excepto una vaga explicación de que los militares se habían desplazado al lugar de los hechos para responder a una denuncia ciudadana.
Los detalles sobre la manera en que incurrió el ataque son importantes para saber qué tan preparados están los efectivos del Ejército para estas reacciones que eran previsibles.
Lo único que se puede inferir de lo dicho por el general Galván en esa comparecencia, es que en Michoacán, como uno de los principales territorios de siembra de enervantes en el país, la Sedena ha organizado “fuerzas de tarea potentes”.
Esos grupos están concebidos para actuar en periodos cortos y se integran por elementos de alto mando y control. Al parecer, a una de estas fuerzas pertenecían los militares asesinados.
En Michoacán, según dijo Galván, el Ejército también ha organizado agrupamientos de tropas de combate terrestre, anfibias y aéreas.
Los mismos tipos de fuerzas están desplegados en Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Jalisco y Nayarit, así como en el llamado “triángulo dorado”, formado por la región montañosa, que comparten Sinaloa, Durango y Chihuahua. Todos esos territorios, junto con Michoacán, están identificados como los principales en la producción de drogas en el país.
Pero Michoacán es también, según la exposición de Galván, parte de la ruta del Pacífico para el trasiego de estupefacientes. El puerto de Lázaro Cárdenas forma parte de esa cadena, que se extiende desde Tapachula y Arriaga, Chiapas, hasta Mexicali y Tijuana, en Baja California.
Michoacán, o buena parte de su territorio, es por tanto uno de los espacios controlados por el narcotráfico. Por eso, si en verdad fue una emboscada contra el Ejército, como lo asegura la Sedena, el narcotráfico no sólo ganó una batalla –según el discurso guerrero del gobierno–, sino que ya abrió un camino para causar nuevas bajas militares. Peor todavía sería el escenario si la muerte de los militares hubiera sido resultado de un enfrentamiento. (4 de mayo de 2007)
Fuente: jorge carrasco araizaga, agencia Apro.
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