Buscar este blog

12 enero 2008

Víctima de la postpolítica


Alfonso Elizondo | Ene. 08 | El Norte / Grupo REfORMA


La salida de Carmen Aristegui del noticiero "Hoy por hoy", de la W Radio, constituye un artero golpe a la tambaleante democracia y un mal augurio para el presente y el futuro de la libertad de expresión en México.

Expresa también la falta de capacidad del Gobierno de Calderón para comprender el efecto tonificante de una crítica lúcida, ejercida siempre con un método racional y despojada de las pasiones generadas por las ideologías o las militancias partidarias.

La indispensable función de la crítica del Estado estuvo durante varias décadas a cargo de intelectuales con reconocimiento internacional que fueron cooptados por los Gobiernos priistas y finalmente seducidos por los poderes fácticos actuales, cuando éstos tomaron el control de la política nacional durante el sexenio de Fox. De modo que la crítica racional del Estado quedó reducida a unos cuantos periodistas de alto nivel intelectual y moral, cuya actividad se realiza en la prensa y en la cátedra, donde las audiencias son mínimas.

Aun cuando la libertad de expresión creció en México cuando el PRI perdió el monopolio político en el año 2000, el desastroso manejo de la política por el Presidente Fox -a través del duopolio televisivo- condujo al País a una crisis de gobernabilidad que lo mantuvo en crispación y al borde de una explosión social durante todo el 2006; por lo que es muy probable que el nuevo Presidente y los poderes fácticos hayan decidido limitar la comunicación política al ámbito del "mass media" que tienen bajo control.

Aristegui ha sido la primera víctima notable de la sociedad postpolítica en México, donde la realidad se deforma por medio de la digitalización del espacio social y cultural. Las ideas producidas por las palabras pierden terreno en medio de la dialéctica que surge entre los mercados y los medios de comunicación. En la postpolítica ya no se manifiestan las diferentes ideologías, sino que los aparentes destellos de pluralidad sólo expresan diferentes estilos de vida regidos por las modas y por los ciclos del mercado.

En la postpolítica, las ideologías ya no inducen patrones de conducta social, modales y mecanismos de control, sino que prevalecen las coerciones económicas como instrumentos de inclusión o exclusión social y como censores que indican al ciudadano cuando está dentro de lo que considera correcto el grupo dominante. Se vive una especie de "autocolonialismo" impulsado por las corporaciones globales que relevan a los viejos patrones coloniales y al Estado-Nación.

Aparece un multiculturalismo que aunque se basa en la aceptación a los demás, es una modalidad de racismo negado o inverso que marca con aparente respeto las distancias en la escala social. Las corporaciones globales son el equivalente histórico a las instituciones laborales de la sociedad industrial donde se respetaba a los obreros porque eran indispensables, pero detrás de todo estaba una clara conciencia de la diferencia de clases sociales.

Aristegui ha sido un rayo de esperanza dentro de la brutal postpolítica mexicana a quien se permitió por un corto espacio de tiempo la expresión lúcida y desinteresada de sus ideas ante un amplio auditorio, tal como debe suceder en una nación democrática.

Hizo pensar a los mexicanos que existe la posibilidad real de discrepar y enfrentar las acciones del Estado mexicano sin recurrir a la violencia, mediante el uso de la razón, el valor cívico y la ética.

El Gobierno de Calderón tiene la palabra para corregir el camino, abriendo los espacios de la telecomunicación política a sus críticos o esperar a que las actuales discrepancias entre la sociedad civil y el Estado se expresen en forma violenta.

No hay comentarios.: