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16 marzo 2008

Detener al PRI

Jorge Zepeda Patterson
16 de marzo de 2008

No es que odie al PRI, lo que pasa es que encuentro muy pocas razones para quererlo. Sobre todo este PRI que apuesta al pasado y que se siente en la necesidad de sostener a ultranza a sus peores versiones como los gobernadores Mario Marín y Ulises Ruiz. Desde luego todos los partidos cuentan con personajes miserables, pero ninguno se toma las molestias de defenderlos hasta la ignominia como ha sido el caso del tricolor.

Por desgracia ese PRI que parecería más malo que el anterior es justamente el que está ganando una tras otra todas las elecciones estatales. Peor aún, incluso Ulises Ruiz en Oaxaca y Mario Marín en Puebla arrasaron en los últimos comicios locales. La única derrota reciente del tricolor fue en Baja California Norte, por estrecho margen, y simplemente porque su candidato, Jorge Hank Rohn, era absolutamente impresentable (digo, hay límites).

¿Cómo llegamos a esto? El problema no es sólo que el PRI esté ganando las elecciones locales. Mucho más grave que eso, está cogobernando el país con todas las ventajas pero ninguna de las desventajas. Desde el asiento del copiloto se apunta los éxitos del gobierno, pero no comparte el costo de ninguno de sus errores. Los coordinadores de las bancadas priístas han definido la última versión de cada una de las reformas conseguidas por Calderón. Al final no sólo han conseguido ajustarlas a beneficio de los distintos grupos de interés representados por Beltrones, Gamboa y los gobernadores. Además, en cada ocasión han “cobrado” altas facturas políticas a cambio de su firma.

El PRI está cogobernando el país pero tiene grandes esperanzas de hacerlo en solitario a partir del 2012. Para aspirar a ello busca un triunfo contundente en las elecciones parciales de 2009 para colocarse, de nuevo, como la primera fuerza en el Congreso. Los estrategas del tricolor consideran que pueden doblar su presencia en la Cámara de Diputados pasando de 104 curules a poco más de 200.

En caso de que el PRI consiga esa meta, el resto de sexenio de Calderón podría convertirse en mero trámite, en una gestión de transición. El Presidente y su equipo han estado tan ocupados defendiéndose de El Peje y el PRD que no se han dado cuenta que están a punto de entrar en un tobogán inexorable que termina en la entrega del poder al PRI.

¿Qué puede hacer Calderón para evitar que arrase el PRI en las elecciones de 2009? A mi juicio tiene una posibilidad a condición de emplearse a fondo en los tres niveles; económico, político y social. A su favor Calderón cuenta con una inesperada bonanza en los recursos públicos. Los niveles récord que han alcanzado los precios del petróleo mexicano, están generando enormes recursos económicos adicionales para la administración panista. La excelente e insospechada recaudación del nuevo impuesto ha propiciado otra chequera adicional.

El gobierno felipista tendría que asegurarse de que estos excedentes produzcan beneficios palpables para la población y la única manera de lograrlo es volcarlo en una agenda social intensa y en una serie de medidas económicas de alto efecto multiplicador. Por lo que respecta a la agenda social, Calderón tendría que inventarse una revolución similar a la que consiguió Carlos Salinas con Solidaridad. En las últimas semanas ha iniciado una serie de medidas de corte popular, pero demasiado tibias y endebles para el reto que tiene por delante. El mayor problema de Calderón es la ausencia de operadores que le permitan estrechar vínculos con el sector social, y el pago de cuotas a fracciones panistas que se han instalado en la red de delegaciones y organismos vinculados a la salud y al desarrollo social. Incluso contando con los recursos necesarios, el Presidente no parece tener ni el personal ni la claridad sobre la importancia de este tema.

En materia económica el gobierno se ha comprometido a un ambicioso plan de inversión en infraestructura (que aún está por verse). Adicionalmente ha anunciado diversas medidas para promover la actividad económica fortaleciendo al empleo y la mediana empresa. Podría ser.

El mayor problema para una estrategia exitosa reside en el plano político. Calderón tendría que jugarse el todo por el todo: dejar atrás su adicción política o dependencia del PRI, y apostar a un acercamiento decisivo con la opinión pública. Para ello necesitaría un quinazo (¿Bibriesca? ¿Fox?), un giro radical en el gabinete con la incorporación de verdaderos notables, y un deslinde impactante frente al viejo PRI. Todo eso ya lo había hecho Zedillo, por ejemplo, ¿sería mucho pedir?

La mayor parte de los mexicanos votaron a favor de algún tipo de cambio (por López Obrador los que deseaban un cambio significativo, por Calderón los que querían cuajar las promesas incumplidas de la alternancia de Fox). Pero lo que se ha obtenido hasta ahora es un gobierno que ni siquiera supera a las mejores versiones del PRI.

¿Qué sigue haciendo Camilo Mouriño en Gobernación y Sergio Vela en Conaculta luego de los escándalos generados? ¿Por qué el Presidente se deshizo de Ramírez Acuña (ex de Gobernación) y de Beatriz Zavala (Sedesol) cuando cayeron en desgracia, pero mantiene contra viento y marea a sus dos amigos personales? ¿Un doble rasero presidencial?

Muchos mexicanos han terminado por creer que panistas y priístas son lo mismo, salvo que los priístas tienen más oficio. A Calderón le queda un año para demostrar lo contrario. Después, ni eso.

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