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05 marzo 2008

Inseguridad; el Pan Nuestro de Cada Día

Por Iván H.

A últimas fechas no nos resulta extraño escuchar comentarios acerca del alza de los índices de delincuencia en nuestro país. Diariamente escuchamos y leemos en los diferentes medios de comunicación sobre algún homicidio, asesinato, asalto, violación y demás actos violentos que nos mantienen presas del miedo y la angustia. Seguramente la gran mayoría de nosotros nos hemos visto envueltos en esta terrible situación. Y ante el avance de los grupos de delincuencia (tanto organizada como de aquellos delincuentes de las calles o peor aún, de los de cuello blanco), parece que las autoridades no ven (o no quieren ver) la amenaza que para la seguridad de la población representan.

Es terrible saber que hoy en día, la delincuencia organizada le está ganando terreno a las autoridades policíacas y sus fuerzas especiales. En un día común y corriente nos enteramos de que mataron a tres en tal lado, o de que balearon a algún miembro de las altas cúpulas de justicia. Y nuevamente, ante los hechos, el gobierno (tanto local como federal) prefiere mantenerse callado. De pronto vemos por ahí a los directores de las áreas de seguridad que nos hablan sobre las acciones que se llevan a cabo para frenar la delincuencia, sobre los millones de pesos invertidos en patrullas, armas, uniformes, equipos de seguridad y capacitación de personal, pero la realidad es que en las calles esos números no son más que cifras sin fundamento y con una credibilidad poco menos inferior que la del IFE (y ahora que vienen los nuevos consejeros, más atole con el dedo).

Las autoridades se muestran “atentas” a la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia, contra la violencia y la agresión, pero la realidad es que esta atención parece más una forma de poder ganar adeptos y credibilidad en unos organismos que están más desgastados que las propias plataformas políticas de los que los han nombrado jefes y dirigentes. Los procuradores de justicia, los jefes de la policía y en general todos aquellos que están involucrados de algún modo con la lucha contra la inseguridad al parecer viven en otro país, donde no se cometen atrocidades y donde el orden, la paz y la tranquilidad imperan. Ojalá nos dijeran dónde se encuentra ese país, porque en este, nuestro México fregado, salir a trabajar, a la escuela, a pasear, a convivir, es una hazaña, y lo peor es que vivimos con tal inseguridad que ya ni en los “polis” podemos confiar, porque hasta ellos comenten actos de delincuencia y agresión.

Ante esto, no nos queda más que exigir a las autoridades y las personas encargadas de la procuración de justicia y las fuerzas públicas que la lucha contra la violencia se lleve a cabo de forma real, no solamente meros discursos que enaltecen acciones vacías y huecas, donde la palabra hace justicia, pero el hecho acusa a autoridades que incluso se encuentran confabuladas con la delincuencia.

Busquemos que las autoridades enfrenten de forma real a la delincuencia y no la ayuden a seguir secuestrando nuestra libertad, nuestro derecho de vivir en paz y de poder ir a nuestros destinos de forma segura, sin riesgo de ser asediado por los delincuentes que día a día aumentan en proporción desigual a la realidad que nos pintan.

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