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14 marzo 2008

¡No callarán la masacre a los estudiantes mexicanos!

Por: Melva Josefina Márquez Rojas

En la vía a Xochimilco los olores se pelean entre sí para ver cual le causa más repulsión a los caminantes. Cuanto más cerca están los canales, tanto más desagradable es el olor ¡Cómo nos disgusta oler lo que nosotros mismos producimos! ¡Cuánto nos molesta ver lo que nosotros mismos ideamos! Las imágenes explícitas de matanzas, hambrunas, moscas en ojos de niños, cuerpos destrozados y animales con sus dentaduras a un lado son menos que una razón para dejar de lado el plato de comida y no soportar ver esas imágenes, pero ¡cuánto no hemos contribuido a que esas moscas se paren sobre la piel marchita y desaguada de ese bebé de tres años con cuerpo de dos meses de edad! Nuestro silencio buscando nuestra propia comodidad por encima de los demás "que se jodan" ha sido nuestra mayor contribución a que unos cuantos, whisky en mano y perfume cacharel regado, hayan decidido lo que nos conviene o no, lo que nos gusta y no nos gusta, lo que debemos llamar ´democracia´ y lo que debemos bautizar como ´terrorismo´.

Las flores de Xochimilco son hermosísimas. Julio me las mostró con sus ojos digitales. Al centro en perfecta armonía los pistilos; en la periferia, la tersura de su piel reflejada por la luz del sol. Nacen muchas entre olores a cuerpo piche, crecen muchas con la basura que les tiramos. Las chinampas muchas veces las protegen; desde las trajineras se les ve su sonrisa. A través de ellas, la naturaleza se reconcilia con nosotros y nos dice que la esperanza aún vive en lo más oscuro que podamos ver. Por ello, las flores de Xochimilco, como los estudiantes masacrados en Ecuador, no mueren. En medio de la tristeza, del horror de darnos cuenta lo solos que estamos los pueblos, emerge la dulzura y la tersura de estas flores que nos dicen que las luchas de estos chicos para crecer sin mácula en medio de la hipocresía y antivalores que emergen como hongos por todas partes, no quedarán en el vacío. Juan, Verónica, Franco y Soren brillan en la naturaleza porque ella permitió a Lucía vivir y denunciar, pero también cantar sus sueños, sueños de muchos, de niños y jóvenes.

La cumbre inédita de presidentes nos puso un sello en la boca a las gentes que no tenemos poder financiero ni político ni económico. ¡Qué dirán los refinados gobernantes ligaditos si osamos comportarnos luego como aguafiestas! Me imagino que en su lenguaje eufemístico nos dirán que nos odian si nos ponemos con denuncias de violaciones de derechos humanos y tal, de asesinatos con alevosía y tal, de cinismo y tal, de toda una trampa bien urdida para jodernos a todos y tal...en fin, si nos montamos con denuncias en contra de la muerte que un gobierno está esparciendo por toda una región de flores como las de Xochimilco. Bueno, pues eufemismos aparte, el pueblo tiene derecho a llorar a sus muertos de la violencia, pero también tiene derecho a la dignidad de saberse ser humano, no para vender tapetes deshilados a cinco pesos ni sombreritos tejidos a mil bolívares.

Mucho leemos y oímos de luchas sociales, de grandes teóricos dándonos clases magistrales de moral y buenas costumbres; son muchas las campañas mediáticas para liberar presos políticos, sanguinarios políticos, perros políticos. Pero ante esta cruel matanza de unos estudiantes comprometidos de verdad con sus ideas, no hablan ni apuestan los gobiernos con sus políticas internacionales ni sus lenguajes cultos. Pero ante el resultado del odio sobre la pureza de la investigación social, de la lucha social para que ese mismo odio se diluya, ningún funcionario apuesta. Puede que nunca haya visto las flores de Xochimilco en los ojos y las manos de la sonrisa de un joven.

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