Casi todos los mexicanos creen que la política es aquello que hacen los “políticos” y entonces la política sería el echar puro rollo y declaraciones rellenas de mentiras sobre la “agenda nacional”, para al final votar una reforma de ley que permitirá que las cosas sigan estando igual o peor de jodidas.
Desde esta perspectiva, la política se presenta como algo roñoso que debiera evitarse y dejarse para esa bola de parásitos llamados diputados, gobernadores, presidentes, partidos, etcétera. Es tal esta concepción de rechazo a la política que inclusive los familiares, amigos o compañeros de trabajo suelen ver con malos ojos cuando alguien se le ocurre discutir sobre algo relacionado con el Estado, los partidos, el presidente, o la lucha social. Sin embargo, lo que si está permitido es hablar de fútbol, de telenovelas, de chismes de los famosos, de borracheras, relaciones de pareja, etcétera.
Pero cuando de plano las condiciones se hacen demasiado canijas, entonces no puede evitarse el hablar de la sociedad y quejarse de lo mal que nos trata la vida, Dios, el universo y a veces el Gobierno, los partidos, el presidente y todos esos políticos que hacen pura política.
Pero resulta que hay por ahí escondidos cada vez más mexicanos que comienzan a darse cuenta que la política no es de los diputitos ni de los gobernantes en turno, ni tampoco de los partidos. Empiezan a entender que la política es todo aquello que nos incumbe a todos, y por lo tanto es de todos; que la política tiene que ver con el modo en que como sociedad educamos a nuestros hijos y por eso se habla de que la Universidad no se privatice; que la política tiene que ver con la salud, los hospitales y las medicinas que nos deben de dar las instituciones que pagamos con nuestros impuestos y por eso se habla de Yunes y de Elba Esther Gordillo. Entonces ven que la política tiene que ver con lo que cuesta el metro, el micro, el huevo, la leche, incluso con el salario que no alcanza para nada.
Y precisamente cuando los mexicanos se dan cuenta de esto, osea de que la política es de ellos, entonces comienzan a sentir que algo tienen que hacer, que no pueden quedarse diciendo “ es que pinche gobierno ” “ es que pinche Calderon” “ es que pinche horóscopo ” sino que tienen que hacer algo. Sienten en sus manos un coraje, unas ganas de hacer algo grande, grandísimo, o ya de plano pequeño pero que pueda transformar el modo en que se está organizando este país.
Algunos de estos mexicanos deciden que tienen que apoyar una visión, un partido o un líder, y salen llenos ánimo a las marchas, y entonces se dan cuenta que hay otros mexicanos como ellos, y se llenan de euforia, y gritan consignas, y entonces pareciera que todo es posible, que lo que sigue es irrumpir en la recamara de diputitos y recuperar lo que nos corresponde a todos, es decir, el poder decidir el país que queremos, osea el ejercer la soberanía popular pues.
Pero resulta que la marcha termina con un discurso, y un aplauso, y de repente ya estamos otra vez los mismos de siempre, en el metro, rumbo a nuestras pobrezas y tristezas de siempre.
Entonces estos mexicanitos que saben que la política es de ellos, que las riquezas y las instituciones sociales son del pueblo, entienden que no bastan las marchas para cambiar el país, y comienzan a preguntarse y a reflexionar sobre ellos y la historia. Algunos toman un libro o un periódico y empiezan a ver cómo funcionan las cosas: se dan cuenta que la televisión es un medio para controlar al pueblo, que quien sabe algo tiene más poder, que para transformar este país se requiere luchar con aquellos que no quieren transformarlo. Estos mexicanos se dan cuenta que tienen que organizarse, y esto implica reconocer bien quien es su amigo y su enemigo. Y entonces estos mexicanos quisieran salir con el vecino para explicarle que si se puede cambiar esta vida de jodidos, pero que es necesario organizarse.
Pero resulta que el vecino no entiende o no quiere entender; entonces el mexicano este se da cuenta que tiene que enseñarle lo que el aprendió para que entonces puedan unirse para ir con el otro vecino de enfrente, y luego con la vecindad de al lado.
Y entonces, aunque parezca un cuento de otro planeta, resulta que así nació un proyecto que hoy se llama Escuela de Cultura Popular. Y ahora estamos buscando otros mexicanos que estén así: queriendo aprender y enseñar para poder organizarnos. Y por todo esto andamos invitando, solicitando y gritando por todos lados para que se acerquen todos esos mexicanos que puedan transmitir algo que sepan: hacer comida, pintar, componer relojes, enseñar matemáticas, o lo que sea, pero sobre todo, buscamos personas que hayan aprendido tan bien, que puedan no sólo enseñarlo a otros, sino que puedan hacer que “enseñar” sea un modo para “organizar” y recuperar juntos nuestra política, nuestra economía y nuestra dignidad.
Si eres de estos mexicanos, comunícate con nosotros, manda tu solicitud y participa con nosotros en el campamento pedagógico de semana santa, en Atenco.
Esta es una oportunidad para organizarte, aprovéchala, hoy es cuando, aquí te damos un teléfono: 57824090, una página www.opcescuela.org, un correo electrónico esculturapopular@yahoo.com.mx y hasta una fecha de encuentro: Domingo 9 marzo a la 1 pm, en el local de La Alianza de Tranviarios de México , ubicado en la calle de Rafael Lucio No. 29, Col. Doctores, casi esquina con la Calle Río de la Loza , a una calle larga del metro Cuauhtémoc. Justo a lado de la Arena México. No tienes pretexto para no organizarte y tienes muchas razones para intentarlo.
Atte.
Unos mexicanos que se cansaron de que otros políticos decidieran por ellos.
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