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27 agosto 2008

Que se vaya Felipe porque no puede

Laura Itzel Castillo

Causa pena ajena que los escribanos del régimen descubran, hasta hoy, que las instituciones de la República son inoperantes e ineficaces. Pero el derrumbe data de tiempo atrás, como muchos lo dijeron, a riesgo de ser linchados mediáticamente.

La crisis en materia de seguridad pública que vive el país tiene verdaderamente aterrada a la población, y sobre todo a la élite económica. Por eso, diversas voces identificadas con el oficialismo se han visto obligadas a variar posturas y asumir posiciones más críticas, aunque siguen omitiendo el nombre del responsable de la catástrofe, es decir, del presidente espurio Felipe Calderón Hinojosa.

Pero ya están hartos, igual que todos. Algunos de quienes creían que no se requería de legitimidad para gobernar se están dando cuenta de su error. No falta mucho para que varias de esas voces, que antes apoyaban el ascenso al poder del panista haiga sido como haiga sido —según confesión de su parte—, griten a los cuatro vientos que abandonan ese barco a la deriva.

El panista lo sabe. Por eso quiso convertir en fortaleza su debilidad. Se valió de la indignación ciudadana que provocó el secuestro y asesinato del menor Fernando Martí, para convocar a una cumbre de seguridad en la que reunió a casi toda la clase política del país —con sus honrosas excepciones—, que a primera vista parecía acumular varios años de cárcel, penalidades no purgadas a causa del mal mayor de México: la impunidad.

Calderón creyó que con una buena escenografía y con la complicidad de los medios, podía transformar la realidad. Pero no pudo. El riesgo de la manipulación es que en cualquier momento se le revierte al manipulador.

La exigencia del empresario Martí de que renunciaran quienes no pudieran con el paquete de la seguridad pública, no le gustó en lo más mínimo al usurpador. Y es que las cifras que ahí se dieron pusieron de relieve el tamaño de su fracaso. Ebrard le tomó la palabra posteriormente. Lo propio hizo Amalia García. Ambos gobernantes ofrecieron someterse a referéndums revocatorios de mandato. El panista, en cambio, guardó silencio. Hasta hoy guarda un ruidoso silencio, porque seguramente no pasaría la prueba de las urnas.

Si el Estado no es capaz de garantizar la vida y la seguridad de los ciudadanos es un Estado fallido. En todo caso, su vigencia es materia de debate. Consecuentemente, la chamba del jefe de facto del país, Felipe Calderón, puede y debe de estar en riesgo.

En 2006 un chiste circulaba entre jóvenes de clase acomodada. Decían que votarían por AMLO porque sus papás les habían anticipado que si el tabasqueño ganaba, se irían a vivir a Miami. Desafortunadamente eso es lo que está pasando hoy en día con Felipe Calderón. Y eso ya no es un chiste. Sí, que se vaya Felipe porque no puede.

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