Mientras injustificadamente y con saña inaudita el putrefacto Estado mexicano decidió condenar a Ignacio del Valle, Felipe Álvarez y Héctor Galindo , reconocidos y admirados líderes de Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) de San Salvador Atenco, con ominosas e injustas condenas hasta por 67 años de cárcel, presuntamente por el delito de secuestro agravado (jamás probado en medio de un proceso con inocultables vicios de origen, amén de una ostensible parcialidad de los “magistrados”), y justo a un año de los acontecimientos que derivaron hacia la bestial toma del insurrecto pueblo mexiquense con un operativo criminal en que se violaron personas y derechos humanos fundamentales, incluso asesinando al joven universitario Alexis Benhumea , un esperpento de dizque “partido político” denominado PRD, arribó a la conquista de su “mayoría de edad”, tras 18 años de arrastrar su nombre glorioso (el de supuestamente encabezar una “revolución democrática”) y una precaria realidad de divisiones tribales y corporativas, nunca exentas de corrupción, completamente ajenas a un genuino pasado de “izquierda” del que dice orgullosamente proceder y que contradice todos los días.
Ambos acontecimientos, aparentemente sin relación, sirvieron la semana que pasó como telón de fondo de la grave condición de crisis al parecer irreversible del Estado mexicano y su gobierno federal , que ni siquiera se percata de que su presunta “guerra contra el narcotráfico” (y en general “contra la delincuencia organizada”), está de antemano perdida porque los presupuestos desde los cuales se coloca y sustenta una campaña más mediática que otra cosa, no son los correctos y explican muy bien por qué lo han conducido a vivir, cotidiana e impertinentemente, una contradicción en acto permanente. Un régimen emanado de un fraude electoral no puede pretender eficientemente combatir a la delincuencia, sin morderse la lengua ni empezar por fincarle responsabilidades judiciales a todos los inodados en los graves delitos que hoy tienen postrada a la república por una impunidad que comienza con los propios políticos profesionales y que actualmente ocupan importantes cargos de “elección popular” con cinismo desmedido.
Empezando por “el presidente” de facto , Felipe Calderón, que no puede conquistar legitimidad alguna al dilapidar cuantiosos recursos del erario público, sólo para dar palos de ciego, en una lucha que no comprende y que viene ensangrentando a la nación en medio del cotidiano descubrir de decenas y decenas de víctimas, en ésa guerra sí muy real y perceptible que se libra entre los carteles de la droga. Se trata, efectivamente, de hostilidades en donde abundan, por cierto, los descabezados y los mensajes cifrados de los que el Estado mismo y su propio gobierno federal, son meros testigos presenciales y no los actores centrales, ni mucho menos encarnan al agente restaurador de “estado de derecho” alguno que, si bien se ve, brilla por su ausencia a la luz de las sentencias contra los luchadores sociales atenquenses y hace del propio gobierno federal el principal beneficiario de la impunidad que todo lo corroe. Y es que si “el buen juez por su casa empieza” , nada que haga el régimen espurio , podrá ser capaz de restituir una representación genuina y legítima al Estado y su gobierno que se pudren, de cara a la nación, si permite horrores como los de Atenco o el reciente de Ernestina Ascensión , en Zongolica, mientras pillos de baja estofa como el ex presidente Salinas, por ejemplo, o Fox, su señora y los hijastros no se les toque ni con el pétalo de una averiguación previa mientras respetables luchadores sociales, como los del FPDT, los condenan y enclaustran como si fuesen peligrosos delincuentes que evidentemente no son.
Por eso no deja de ser sintomático el grave sainete protagonizado por algunos de los más conspicuos e inefables personajes de las tribus que han secuestrado de largo tiempo atrás al PRD, justo también cuando éste “instituto político” arriba en medio de la celebración de su Consejo Nacional al cumplimiento de los primeros 18 años de su existencia orgánica, y reflejando ser, al menos en parte, corresponsable del naufragio democrático de la nación al traicionar ideales y causas emancipadoras que los perredistas afirman haberlos inspirado.
Mucha gente sincera del propio PRD, reconoce que sus corruptibles dirigencias han terminado defraudando a una esforzada militancia de base, que en muchísimos casos incluso ha caído en la lucha y que, en todo caso, es responsable candorosa de haber creído en las deleznables prácticas de las cúpulas de un partido maiceado que ha terminado siendo comparsa de la imposición a rajatabla del rampante neoliberalismo económico, en una paradoja singular, la suya, habida cuenta de que el nacimiento del PRD había sido precisamente para derrotar al mal llamado “modelo económico” capitalista y salvaje, a fin de construir un sistema político elementalmente democrático, tras el fraude electoral de 1988.
Pero no, el PRD actual, no es ya ni la sombra de los edificantes propósitos que lo inspiraron, aunque no podemos dejar de reconocer que nunca, desde su gestación misma, el PRD pudo siquiera con sinceridad representar la continuidad histórica de las legendarias luchas de la izquierda mexicana verdadera, si sus nutrientes iniciales fueron, de un lado, el mismísimo PRI con su “Corriente Democrática” estatólatra y corporativa, y de otro, el PCM de infausto pasado estalinista, que de comunista tuvo lo que el cardenal Norberto Rivera tiene de representante de Dios en la tierra , como fuera denunciado oportunamente, en su tiempo, por el eximio luchador social mexicano y genuino comunista José Revueltas , en su libro todavía imprescindible e intitulado Ensayo sobre un proletariado sin cabeza . 18 años después de la gestación del PRD, los anhelos emancipadores de los explotados y oprimidos mexicanos, todavía esperan la maduración de la nueva propuesta organizativa para la lucha revolucionaria, como única salida ante la crisis terminal y la putrefacción irremediable del Estado y su gobierno en el país.
Por cierto ya regrese de los festejos del 10 de mayo.
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