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08 mayo 2007

El proyecto del "presidente" culto


Pese a sus tropiezos políticos y mientras afloran las consecuencias de su pésima gestión presidencial, Vicente Fox sigue valiéndose de los amigos que hizo en el poder. Gracias a ello avanza su proyecto de levantar un centro de “estudios” en sus dominios privados. Lo malo es que se construye sin que nadie pueda conocer el monto de los recursos públicos que se gastan en ésta y otras obras útiles a su sueño dorado. De cualquier modo, el “presidente Fox”, como él mismo insiste en hacerse llamar, vaga por el mundo –de la mano de su esposa– creyendo que se le necesita.

GUANAJUATO, GTO.- Mientras desde la Secretaría de Gobernación salen llamados para frenar el protagonismo del expresidente Vicente Fox –el último de ellos ante sus tronantes declaraciones contra el presidente venezolano Hugo Chávez–, la pareja expresidencial recoge los dividendos de su sexenio: en lo que alguna vez fue el casco de la hacienda de San Cristóbal, poco a poco va tomando forma el Centro de Estudios, Biblioteca y Museo Vicente Fox Quesada, Asociación Civil.

Su obsesión por irrumpir en la escena internacional –con la ayuda del presidente del Partido Acción Nacional, Manuel Espino– le ha permitido a Fox establecer conexiones y enlazar apoyos para su proyecto personal en San Cristóbal, que abriría a finales de año. Así lo hizo durante la gira que efectuó con Espino en Europa, donde se reunió con representantes del Grupo Socialista y del Grupo Liberal Europeo, integrantes de la Fundación Konrad Adenauer, y con el secretario general de la Internacional Demócrata Cristiana, Antonio López-Istúriz.

Fue en uno de estos encuentros –según el reporte oficial de las actividades de Fox– donde el expresidente coincidió con un grupo de opositores venezolanos “quienes compartieron su preocupación por la posible violación a la libertad de prensa en medios impresos, la radio y la televisión de Caracas, preocupación que fue compartida por todos”. Y regresó a México “trepado en el caballo”.

Mientras intenta lucirse en el exterior, Fox nada dice –ni siquiera en la página de internet que utiliza como órgano de difusión de sus actividades y las de su esposa– sobre el grupo de empresarios mexicanos que lo respalda ni en torno del financiamiento y costo que tendrá la construcción de su centro de estudios.

En esa página, la pareja más bien alimenta su nostalgia por los tiempos vividos en Los Pinos. Bajo el título de Momentos para recordar, se divulgan videos cortos sobre momentos de la campaña presidencial. En uno de ellos aparece al principio una residencia modesta; después, un caserón, y enseguida el propio Fox, al pie de la entrada a la casa, mientras hace el ademán de invitar a pasar. Se oye su voz:

“Esta es la casa de un candidato que se postula a la Presidencia de México. Y esta (el caserón) es la típica casa a la cual regresa cuando termina su sexenio. Aquí en esta casa nací y vivo con mi familia siendo gobernador de Guanajuato. Y es aquí donde viviré después de presidente. Esta es tu casa.”

Un locutor termina el mensaje: “Vicente Fox. Porque nos merecemos un México diferente”. Desde ahí surge la falsedad: el exmandatario sigue omitiendo su propiedad en Nuevo Jesús del Monte y su nueva vida en las elegantes cabañas en La Estancia, con la vista a los campos de agave, o del otro lado, a la represa construida por el personal del Ejército que estuvo destacado en su propiedad durante el sexenio.

En la hacienda las obras marchan, aparentemente sin contratiempos y con la ayuda de los poderosos empresarios de los que se rodeó Marta Sahagún en su proyecto de la fundación Vamos México (de la que ahora aparece como directora general, ya no como presidenta). También les ayuda el marcado interés que desde un principio ha mostrado en esas obras el presidente municipal panista de San Francisco del Rincón, Antonio Salvador García López, asiduo visitante del rancho San Cristóbal.

Ese grupo bien podría llamarse Amigos de Sahagún, a la manera del grupo que en 2000 coordinó Lino Korrodi para financiar la campaña presidencial de Vicente Fox.

Según dijeron algunos de los trabajadores en un recorrido de Proceso, tanto Olegario Vázquez Raña, quien con frecuencia envía representantes, como Sergio Díaz Torres –el leonés propietario de Bardahl, quien además organiza comidas en San Cristóbal–, acuden a supervisar el proyecto y se reúnen con Fox y Sahagún.

Entre tanto, al rancho San Cristóbal llegan cargamentos de cemento, acero y otros materiales. “Haga de cuenta que le están haciendo como con los Amigos de Fox: el de los aceros le regala; el de los cementos le regala”, cuenta uno de los vigilantes durante una visita realizada por la reportera a finales de marzo.

El caso es que Olegario Vázquez Raña y Sahagún se respaldaron mutuamente desde la fundación Vamos México y la presidencia de la Cruz Roja Mexicana, mientras que Sergio Díaz Torres participó como cuarto vocal de la directiva de Vamos México cuando ésta era presidida por Sahagún y dirigida por María Elena Valdés Ruiz.

También participaban como vocales (o permanecen ahí, en virtud de que no ha cambiado el directorio en la página de internet de Vamos México) Beatriz Sánchez Navarro de Pintado, Amparo Espinosa y Liliana Melo de Sada. Como asociados honorarios aparecen Nina y Lorenzo Zambrano (dueño de Cemex); Alfredo Harp Helú; Arturo Sánchez, Carlos Slim, Emilio Azcárraga, Juan Francisco Ealy, Roberto González Barrera, María Asunción Aramburuzavala, Manuel Arango, Ricardo Salinas Pliego y Roberto Hernández, entre otros.

Según las cuentas de la fundación, los donativos de esos y otros empresarios llegaron a los 71.9 millones de pesos en 2001; en 2002 ascendieron a 81.3 millones; en 2003 a 128 millones, y en 2004 descendieron a 101.8 millones de pesos.

El 4 de febrero de ese último año, en su columna Sociedad y poder, Raúl Trejo Delarbre publicó sus conclusiones sobre La charola de Vamos México:

“De los donativos por 71 millones 990 mil pesos que la fundación recibió en 2001, al menos 42 millones procedieron de entregas de, precisamente, 1 millón de pesos. No parecen contribuciones surgidas de una espontánea filantropía, sino una cuota fija que docenas de hombres de negocios facilitaron, resignados o interesados, ante la convocatoria de la esposa del presidente de la República. Hubo quienes como los Servitje, acaso por motivos fiscales, otorgaron el millón de pesos a nombre de varios integrantes de la familia.”

En ese mismo espacio, Trejo Delarbre resaltó la aportación del dueño de Bardahl: 5 millones de pesos, misma cantidad que aportó ese año uno de los cinco hombres más ricos del mundo, Carlos Slim, a través de la fundación Telmex.

Pero lo cierto es que la transparencia y la rendición de cuentas –que con frecuencia presumen el expresidente y su esposa en las conferencias que a partir de este año han ofrecido en Estados Unidos, Canadá y países africanos– se topan con la falta de informes sobre los donativos recibidos por la fundación desde 2004 hasta la fecha.



Reticencia informativa



La reportera acudió a la casa de los Fox, ubicada detrás de la congeladora que ahora tiene la marca X Tra Congelados y súbitamente se convirtió en la más exitosa de la región y la principal exportadora de vegetales como el brócoli.

Al solicitar con el personal encargado una entrevista, el acceso fue negado rotundamente por un guardia. Dijo tener instrucciones de impedir el paso, particularmente a los medios informativos, y de remitir a los interesados a la página de internet del centro.

En el sitio de la Presidencia de la República tampoco se informa con precisión qué funciones desempeñan los colaboradores de Vicente Fox que figuran en la nómina federal. En contraste, sí se conoce la actividad de los secretarios, archivistas, representantes y choferes que trabajan –también con cargo al erario federal– para los expresidentes Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo.

En el caso de las siete personas asignadas a Fox, sólo se cita su nivel jerárquico, de acuerdo con el tabulador de la oficina de la Presidencia que está en el apartado del propio sitio electrónico destinado a los expresidentes.

Los servidores públicos federales asignados al servicio de Fox, como los empleados de Vamos México, desempeñan sus funciones de manera indistinta. Uno de los excolaboradores de Sahagún, Alejandro Olalde López, ahora está asignado al staff de Fox (Proceso 1581) como subdirector de área y con un salario de 25 mil 254 pesos mensuales, más prestaciones.

Otro empleado al servicio de los Fox es Jorge Cabrera Bohórquez, exdirector de Apoyo Bibliotecológico en la Dirección General de Bibliotecas del Consejo Nacional para la Cultura (Conaculta) desde el sexenio de Ernesto Zedillo, y quien permaneció en el área en la gestión de Sari Bermúdez.

Presumiblemente, Cabrera Bohórquez sería uno de los encargados de dar forma al proyecto de la biblioteca foxista, que se presenta en la página de internet del centro como “un vínculo adicional con la comunidad”, con más de 10 mil volúmenes, “abierta a niños, jóvenes, adultos y adultos mayores”. También ofrecería el acceso a cuatro secciones básicas: colección general, de consulta, infantil y de publicaciones periódicas, y servicios de préstamo interno o a domicilio, así como talleres, internet, videoteca, hemeroteca y ludoteca.

Como en su momento se difundieron los alcances de la megabiblioteca José Vasconcelos inaugurada por Fox –hoy cerrada y con indicios de que se cometieron irregularidades millonarias en su construcción y equipamiento–, el Centro Fox difunde que la nueva biblioteca de San Cristóbal (que ya tenía una) podrá “responder a las expectativas crecientes de los usuarios que demandan servicios de calidad y con la tecnología más avanzada, para acceder a la información generada durante la gestión gubernamental del Lic. Vicente Fox Quesada.

“Las obras y objetos, así como las bases de datos con millones de documentos impresos, sonoros y multimedia, así como las revistas de acceso electrónico, dialogarán con los visitantes, ya sea presenciales o a distancia, que deseen conocer los hechos ocurridos durante el sexenio de Vicente Fox, mediante servicios propios de una biblioteca digital”, se indica en la mencionada página web.

En el mismo sitio se anuncia que el nuevo espacio se integrará a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, que depende del Conaculta. Incluso se reproducen las colecciones y servicios que presta ese tipo de bibliotecas para describir los que se ofrecerán en la de Fox.

No obstante, Proceso consultó al personal de Comunicación Social del Conaculta, organismo que preside Sergio Vela, y dirigió solicitudes de información al correo electrónico de la Dirección General de Bibliotecas. Semanas después, el director de información, Noé Agudo, señaló a la corresponsal que no había llegado solicitud alguna del expresidente Fox o del Centro de Estudios para afiliar su biblioteca a la red nacional.

Si los Fox llegan a cumplir con el trámite respectivo y su biblioteca cumple los requisitos, la DGBP del Conaculta le entregará, como al resto de las más de 7 mil bibliotecas de la red, una colección bibliográfica inicial con anaqueles incluidos, colecciones para mantener actualizado el acervo, capacitación al personal y asesoría sobre normatividad.



Reaparición en casa



Todo se le pone en bandeja de plata al proyecto de los Fox. La modernización de la carretera federal 108 León-Cuerámaro llega justo a la altura del acceso principal a la comunidad de San Cristóbal. En ese tramo se han invertido recursos federales, aplicados a través del gobierno del estado, por casi 64 millones de pesos.

Según la Secretaría de Obras Públicas (SOP) de Guanajuato, esta obra fue concursada y está bajo supervisión del gobierno estatal pese a que se realiza en una carretera federal, porque al final de los años noventa la Secretaría de Comunicaciones y Transportes transfirió a las entidades la responsabilidad de conservar y vigilar algunas carreteras, como la León-Cuerámaro.

La ampliación de dos a cuatro carriles en esta vía se realiza con recursos del erario federal e implica la construcción de una calzada de 21 metros de ancho, concreto asfáltico de 10 centímetros de espesor, guarniciones, banquetas, ciclovía, agua potable, paisaje urbano, alumbrado público y señalamientos.

En la primera etapa (de la Central de Abastos de León hasta la altura del Centro de Readaptación Social) se invirtieron 43 millones de pesos. A la segunda (los cinco kilómetros del Cereso a San Cristóbal) se le destinaron poco más de 20 millones y medio; actualmente está en construcción, a cargo de la empresa VISE. En total, la carretera se amplía 15 kilómetros para llegar hasta San Cristóbal.

Una tercera etapa se encuentra apenas en proceso de contratación para el proyecto ejecutivo. Pero la ampliación únicamente está prevista hasta las inmediaciones de la comunidad de La Sandía. Quedarán pendientes 6.6 kilómetros para llegar a ella, según la ficha informativa entregada por la SOP a solicitud de Proceso.

Camiones de volteo entran y salen; cuadrillas de peones trabajan incluso sobre los viejos muros y torres del antiguo casco de la hacienda de San Cristóbal. Así avanza la edificación del auditorio en el centro deportivo, que estará a cargo del Consejo Estatal del Deporte y Atención a la Juventud (CEDAJ).

Sus puertas se orientan hacia la hondonada donde se instalará el archivo del sexenio foxista, en el complejo que incluye el centro de estudios.

La nueva delegada de la comunidad, Mercedes Ángel Pacheco, ha declarado ante medios locales que aún no conoce los detalles del centro, pero que pedirá la información a los Fox. No pudieron encontrar una delegada más a modo: además de vivir enfrente de la hacienda, Mercedes Ángel fue ahijada de Mercedes Quesada, la madre de Vicente Fox, y siguió siendo una aliada incondicional de la familia y del Estado Mayor Presidencial, pues a ella se le consultaba sobre la identidad de los visitantes antes de autorizar el paso, como comprobaron los reporteros que durante el sexenio foxista acudieron cada fin de semana a San Cristóbal.



Encuentro cancelado



Vicente Fox y Marta Sahagún tenían previsto recibir, el miércoles 9, una visita que había procurado mantenerse en secreto: la del alcalde de Los Ángeles, California, Antonio Villarraigosa –de padre y abuelo leoneses–, a quien querían presumirle el proyecto.

Sin embargo, el encuentro se frustró, pues Villarraigosa, quien inició una gira en México el jueves 3, tuvo que suspenderla intempestivamente el mismo día. En una entrevista con Joaquín López Dóriga transmitida ese jueves en el noticiario nocturno de Televisa, Villarraigosa anunció su regreso a Los Ángeles para encabezar las investigaciones sobre los actos de represión perpetrados por la policía de esa ciudad en contra de una manifestación pacífica de inmigrantes, el pasado 1 de mayo.

Con el pretexto de una visita a nombre de Vamos México al Centro de Asistencia y Rehabilitación Para Indigentes (CARPI), el pasado 12 de abril Fox apareció ante la prensa del brazo de su esposa, ambos relajados y sonrientes. Ahí, el expresidente anunció que emprenderá una campaña de trabajo social en la fundación de Sahagún: “La idea es sumarnos a la tarea de cada uno y ofrecernos como personas, como ciudadanos, no como políticos ni como gobernantes”.

Pero Fox interrumpió su discurso abruptamente ante las preguntas que le hicieron los reporteros sobre la falsificación de firmas que derivó en la destitución del líder minero Napoleón Gómez Urrutia. Con gesto de fastidio aseguró no tener “nada qué ver” en el asunto.

La nostalgia por Los Pinos afloró cuando Marta Sahagún se refirió a su esposo como “el presidente Fox”. El término se empleó también en el comunicado a los medios sobre la entrega de cereal y ropa que la pareja realizó mediante la fundación “en inesperada visita” al CARPI.

También se le sigue llamando presidente –de manera indebida– en algunos de los comunicados que detallan sus giras, encuentros y actividades como la firma de un convenio con los rectores de las universidades de Guanajuato, Colima y los planteles de la Iberoamericana y el Tecnológico de Monterrey en León, efectuada el sábado 28 de abril.

Fuente: Verónica Espinosa, Proceso 1592.

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