El maestro debe saber siempre hacia dónde hay que orientarle en su actividad diaria (hablando sobre el estudiante) para que progrese en sus conocimientos y adquiera los hábitos de trabajo que modelen su conducta de acuerdo con los más altos valores del espíritu, con un sentido de colaboración social y dando de su capacidad todo lo que le sea posible.
Ramón Costa Jou
La educación ha sido y seguirá siendo un tema causante de polémicas. La educación funciona como la base fundamental de la sociedad. Desde escritos anteriores, en este espacio se le ha dado una secuencia a esta problemática. Pues somos concientes de que la educación que se da no es lo suficientemente buena para formas hombres y mujeres con valores y principios firmes.
Puedo hacer mención de dos tipos de educación. Ambas presentes en cualquier institución, en cualquier aula e impartida por profesores que pareciera que por momentos se olvidan de que están formando no a niños, a jóvenes o adultos del futuro, sino de un presente.
La primera, consiste en la llamada “educación tradicional”. Con ésta me refiero al control total que ejerce el profesor sobre los estudiantes. Así como al papel que ejercerá de saberlo todo. Por el contrario, el estudiante es un ser pasivo, en donde su voz, su participación no tienen suma importancia. Dicho de otra manera, el maestro, sentado en su mesa, siempre en un plano más elevado que el de los alumnos, con su mirada escrutadora domina la clase (Ramón, Costa Jou; El lenguaje a través de los textos libres; p. 123).
La segunda forma de educación, es aquella donde pasa a un segundo término la libertad siendo sustituida por el libertinaje. Es decir, el alumno lo es todo, y por lo tanto merece todo, prácticamente sin importar los medios que utilice para conseguir su objetivo.
Ambos tipos de educación anteriormente mencionados, no realizan en nada el objetivo de formar a un ser humano. Todo lo contrario, una, ahoga las capacidades del individuo, mientras que la otra, encamina sus capacidades a ser un hombre que desea más y más, sin importar que esto signifique llegar a ser lo más bajo.
La educación tradicional dará como resultado a un ser reprimido, a alguien que no será capaz de analizar ni criticar lo que se le pide que haga. Que necesitará que alguien lo observe y guíe para indicarle que lo que está haciendo lo hace bien.
La segunda, formará prácticamente a una persona materialista. Que con el solo chasquido de sus dedos deseará que se le otorgue lo que quiere y que aun se atreverá a pasar por encima de otros sin importarle quien sea, lo que tenga que hacer y como lo tenga que hacer para llegar a conseguir su objetivo.
Si bien, textos anteriores a estos exigen un cambio en la educación, éste no es la excepción. No debemos de olvidar que la educación es la llave que abre y cierra puertas. Es la que provee herramientas necesarias para enfrentarnos a los grandes retos que día a día se presentan en nuestro país y en el mundo entero.
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