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13 mayo 2007

Zorrillo Ernesto, tu compadre a escena

Ju, juy!!! Venga de ahí, ahora todo mundo sale pa'defensa del espurio o pal'entierro del mismo. Miren que es tan lindo este show político medíatico en México ¡que envidia ser mexicano!

Zedillo, a escena

Ernesto Zedillo, personaje emblemático de la política y la economía nacionales recientes, artífice del cambio económico desde la perspectiva neoliberal en boga en el mundo, ha vuelto a los reflectores. Y no faltará quien ponga el grito en el cielo.

Último de los presidentes de la extensa era del PRI en el gobierno, ha sido ubicado en una lista de candidatos no estadunidenses para suceder a Paul Wolfowitz, en el cargo de presidente del Banco Mundial, a quien se ha acusado de favorecer laboral y económicamente a su novia y, con ello, crear una crisis de liderazgo y de imagen en el organismo.

Aunque capacidad no le falta, en realidad son pocas las posibilidades de que el expresidente Zedillo pueda llegar al puesto. Difícilmente Estados Unidos, que es el principal contribuyente del BM y origen natal de los dirigentes del organismo –los diez presidentes que ha tenido el banco, desde 1946, han sido estadunidenses--, va a ceder una plaza desde la que se decide en buena parte el rumbo económico de las naciones, sobre todo de las más urgidas de recursos.

México, para no ir tan lejos, por décadas fue víctima de condicionamientos severos –drástica austeridad presupuestal, presencia magra del Estado en la economía, contenciones salariales recurrentes, privatizaciones, las más de las veces-- para poder acceder a los financiamientos del banco que, paradójicamente, llevaron al país –cuando más se necesitó del BM-- a periodos largos de alto desempleo, mayor pobreza y bajos salarios. Todo en aras de los famosos equilibrios macroeconómicos que, sí, nos tienen como una de las 15 economías más importantes del mundo, pero con niveles de bienestar social indignos de esa posición.

Otro punto que hace improbable la llegada de Zedillo a esa instancia internacional es la propia resistencia que él mismo pone. De hecho, cuando antiguos colaboradores suyos –muy cercanos-- le llamaron para felicitarlo, él les dijo que agradecía a quienes pensaron en él para incluirlo en la lista de presuntos sucesores de Wolfowitz, pero que en realidad no le interesaba. Igual como pasó cuando se le mencionó como posible reemplazo, en 2005, de Supachai Panitchpakdi al frente de la Organización Mundial del Comercio, organismo con el que Carlos Salinas soñó con dirigir –y cabildeó duro para ello--. Zedillo, de plano, se descartó públicamente.

De cualquier manera resulta interesante esa precandidatura de Zedillo no solicitada para dirigir al Banco Mundial. Obviamente, puede suscitar los sentimientos más encontrados. La presidencia de Zedillo en México no fue precisamente muy brillante. Su eficiencia como técnico de la economía está fuera de duda e internacionalmente se le reconoce. Cómo olvidar el alarde mostrado para superar –realmente en poco tiempo-- la más grave crisis en la historia económica del país, que se inició con la dramática devaluación del peso en diciembre de 1994. De un desplome de la economía de más de más del 6% en 1995 y una inflación de 52%, el sexenio concluyó con un crecimiento del PIB de casi 7% y una inflación de 9%.

Para más, el gobierno de Zedillo pudo pagar, anticipadamente incluso, el extraordinario costo del rescate de la economía mexicana --producto de la devaluación, que llegó a ser de 60% y desquició el sistema financiero nacional--, que requirió de cerca de 52,000 millones de dólares, que lograron reunirse con préstamos del tesoro estadunidense, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, de gobiernos e instituciones crediticias europeas.

El manejo de la crisis económica de esos años le valió a Zedillo el reconocimiento internacional. Grandes consorcios internacionales se lo pelean. Hoy es miembro de los consejos de administración de Procter & Gamble, Union Pacific y Alcoa; es asesor de Daimler-Chrysler y Coca-Cola; también, miembro activo de organizaciones internacionales dedicadas a la reflexión y el debate sobre el futuro del mundo, y a las que sólo pertenecen expresidentes y exprimeros ministros, como es el caso del Club de Madrid y el Consejo Interacción. Zedillo, además, forma parte del Consejo Asesor de la Initiative for Policy Dialogue de la Universidad de Columbia.

Más: es profesor visitante del London School of Economics; miembro del Consejo de Presidentes y Primeros Ministros del Centro Carter for the Study of Globalization de la Universidad de Yale, cuna académica donde se doctoró. Escribe regularmente en la revista Forbes sobre temas de globalización. Acude a invitaciones de cuanta organización internacional le hace para dictar conferencias y, como se recordará, tuvo un papel relevante en la organización y conducción de la célebre Conferencia Internacional sobre Financiación del Desarrollo --por invitación de Koffi Annan, el entonces secretario general de la ONU--, que se realizó en Monterrey en febrero de 2002, aquella del igualmente célebre “comes y te vas” que Vicente Fox le endilgó a Fidel Castro.

Por supuesto, son muchos los pendientes que dejó la presidencia de Ernesto Zedillo: inconcluso el caso Chiapas con la irrupción zapatista; la absoluta opacidad en muchas de las grandes privatizaciones; la presunta complicidad de funcionarios de su gobierno en el atraco que significó el rescate de los bancos a través del Fobaproa; la incapacidad para avanzar más decididamente en el combate a la pobreza…

La lista puede ser larguísima --que no se mitiga ni con el hecho de haber sido un presidente priista que permitió la alternancia en el poder y esbozó líneas para una transición democrática que no llega--, pero ante las corruptelas del gobierno de Carlos Salinas, la petulancia y el egocentrismo de éste; el desastre y las desvergüenzas de Vicente Fox; y el inicio desesperanzador del cuestionado gobierno de Felipe Calderón, la de Ernesto Zedillo Ponce de León, es una figura que sin duda crece, al tiempo que frente a los otros resulta mejor evaluado su trabajo al frente de la Presidencia de la República. Y eso, por mucho que le guste mantenerse en un perfil bajo.

Fuente: carlos acosta córdova, Apro.

Comentarios: lo que es verdad es que Zedillo de ley debe salir al quite y defender al neoliberalismo dentro y fuera de México, le guste o no, él es un titere de chorrocientos que hay dentro y fuera del país para saquear a los pueblos latinos y demás naciones del mundo. Señores, estemos alertas se acomodan las fuerzas de un lado, tanto las oscuras como las de la luz y las verdaderas batallas, están por comenzar, GANAREMOS CON LA INTELIGENCIA AMIGOS LECTORES, JAMÁS CON LA VIOLENCIA.

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