Cobra carta de naturalidad que la ofensiva militar y policiaca en contra del narcotráfico y el crimen organizado sea referida sin más como una guerra . En el extremo de la frivolidad se habla de “la guerra de Calderón”.
De acuerdo al Manual de operaciones en campaña del Ejército Mexicano “La guerra se manifiesta por el uso de la fuerza armada, por parte de un país o grupo de países, contra otro más débil o en condiciones desventajosas, como único medio de dirimir diferencias existentes entre ellos.”
Y “Guerra regular es la que se lleva a cabo con las fuerzas militares organizadas de los estados beligerantes, conforme a normas operativas regulares de observancia general y ajustadas a las leyes internacionales de guerra.”
Ni forzando las interpretaciones de Karl von Clausewitz --“La guerra es la continuación de la política por otros medios”--, ni las de Cyril Falls –“Guerra es una contienda entre dos naciones, o entre dos partes de una misma nación, resulta de la fuerza de las armas. Es el esfuerzo de una nación o de un grupo de naciones realizando para imponer su voluntad a otra nación o grupo de ellas--, se logra hacerle el caldo gordo a Felipe de Jesús Calderón Hinojosa , quien encontró en su guerra el camino más idóneo para conquistar con las fuerzas armadas lo que no obtuvo con las urnas. Por eso en Los Pinos festejan el 7 por ciento de aprobación ciudadana que ya logró.
Para el general José Francisco Gallardo Rodríguez “La lucha contra el crimen organizado no es una guerra. Es un acto de gobierno en el que se está utilizando la máxima fuerza del Estado que son las fuerzas armadas. Ni siquiera es un asunto de orden interno que justifica la actuación del Ejército, es un asunto de seguridad pública que ya hizo crisis por la corrupción de las policías y del gobierno”.
Sin el menor rigor conceptual, académicos en tareas del análisis político y del periodismo –incluidos algunos políticos en retiro obligado y otros que emergen a través de actividades como periodistas-- , arman un ruidoso coro para sumarse a los esfuerzos de Calderón Hinojosa en la embestida anticriminal y antinarcóticos, además de convocar a las fuerzas y actores políticos a hacer lo propio, simultáneamente a que ocultan muy mal que el Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina están desempeñando funciones que el 129 constitucional les prohíbe explícitamente.
Con la teoría “de los males, el menor” y capitalizando el hartazgo ciudadano con la incontrolable espiral de violencia que superó el millar de asesinados bajo el gobierno de Calderón, pretenden eludir una cuestión esencial: el creciente y peligroso protagonismo de las fuerzas armadas en tareas policiacas.
Dicho de otro modo: es muy fácil sacar a la milicia de los cuarteles. Lo difícil será regresarla.
Además, el proceso de reconversión de las fuerzas armadas en funciones policiacas y que se materializa a marchas forzadas desde el 1 de diciembre de 2000, casualmente es muy caro a los objetivos geoestratégicos de Washington en México y América Latina.
Voces como la de Jorge Alcocer Villanueva – Hoy por Hoy , 15-V-07--llegan al extremo de rasgarse las vestiduras porque se “politiza la guerra contra el narcotráfico”. Como si existiera algún asunto público que, de suyo, no sea político. Y ya entusiasmado con el micrófono, el guanajuatense habló de “la guerra de los partidos”.
Se comprende su desacuerdo, mas no oculta el afán de congraciarse con el Ejecutivo federal, no importa en manos de que partido esté, pues Alcocer Villanueva en esta materia se volvió un oportuno experto, al punto de que repitió: “¡Para que nuestros hijos vivan mejor!”
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