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03 septiembre 2007

Si me Corren es Aceptar que Hubo Fraude: Ugalde

Y si se Queda es Porque es Parte del Fraude…

Por Ivan H.

Semana agitada la que acaba de terminar. Y dentro del caos político previo al 1er. Informe de Calderón, la remoción de las cabezas (o cabecillas) del Instituto Federal Electoral (IFE) no pudo brillar más. Luis Carlos Ugalde, consejero presidente del tan aclamado órgano, ha declarado que la destitución de los altos mandos no es más que una forma de reconocer el fraude electoral del 2006. Menuda declaración, que además de poco pensada y hasta absurda, resulta descarada (y francamente) cínica.

Y es que luego de más de un año de “sospechosismo”, la disputa no ha tenido respuesta, pero si ha lanzado al aire más y más dudas, las cuales ni el IFE, ni los poderes de la nación han podido aclarar. Los principales grupos políticos de nuestro país han invadido los medios con declaraciones que más que resolver, vuelven más conflictivo el asunto. Y ni que decir de la actitud de Ugalde. Ahora resulta que el puesto (de confianza) en el que se encuentra es inamovible, irrenunciable, irrevocable, irrefutable, (insufrible, para ponerla fácil).

Se ha levantado el consejero presidente en el estrado más alto de su ego para afirmar categóricamente que la legalidad, la constitucionalidad, la confianza, la democracia, la creencia, la absoluta fidelidad y dignidad de la justicia política de nuestro país descansa en sus hombros. Ante esto, no podemos más que pensar en lo presuntuoso que resulta aseverar que la validez de un gobierno descansa sobre él y no en la soberanía del pueblo que acude a ejercer su derecho libre del voto. Total, cada quien pone al frente al que cree que es capaz de hacerla. Y vaya que la ha hecho, aunque claro, ayudado y apoyado por todos aquellos que lo colocaron al frente de tan difamado órgano.

Recordemos que Ugalde fue nombrado bajo los designios de la política (grillísima) mexicana. Los miembros del poder legislativo que hoy lo atacan fueron los mismos que lo colocaron al frente del IFE, mismos que identificaron en él la capacidad (incapacitada) de dirigir y mantener la (poca, si no es que ya mínima) imagen de legalidad y democracia que tiene nuestro México.

Entonces, los cuentos chinos han sido superados. La validez de un gobierno se pone en duda. La legalidad, confianza y representatividad de los órganos de gobierno es arrastrada por los suelos mientras aquél, con aire altivo, se vanagloria de ser lo mejor que le pudo haber pasado a este país. Y no conforme con eso, se pasa a los demás poderes, a una nación, a un pueblo y a la Constitución misma, por el arco del triunfo.

Qué importa si la legalidad ha sido o no quebrantada, al final existe un gobierno que legitima la acción. ¿Entonces a qué acudimos a las casillas electorales? ¿por qué se gastan millones de pesos en elecciones irrelevantes e innecesarias? ¿por qué construimos (construyen más bien) órganos colegiados que se encargan de velar los intereses de una nación? ¿por qué continuamos creyendo en el sueño guajiro de una democracia plural, integradora y conciliadora? ¿por qué seguimos interesándonos en una política que no puede estar más desgastada? ¿por qué todo este conflicto a nadie nos sorprende? ¿por qué Ugalde sigue al frente y sigue desprestigiando (aún más) a una Institución que se reconoce como la más legal y transparente (aún mas que el IFAI)?

A estas alturas, las respuestas a estas preguntas parecen ser más confusas, o quizá menos visibles entre la neblina de las declaraciones tendenciosas. Los hechos son los que nos permiten seguir cuestionando a las Instituciones. Y es que en estos tiempos postfoxistas, o mejor dicho, calderonistas, las irregularidades siguen siendo el pan nuestro de cada día (de por sí ya desde años atrás lo eran, pero se han vuelto más que evidentes y descaradamente obvias). Hoy vemos cómo el poder no reside en los pueblos que votan y nombran a sus líderes, ni en las cámaras y todos los poderes que los representan. Desgraciadamente nuestro México se ha convertido en el gran teatro (o más bien changarro) de la ilegalidad, de la injusticia, de la falta de tolerancia, y desgraciadamente, de la poca (poquísima) inteligencia política (e incluso humana). Esperemos que la legalidad sea tomada en serio, que las Instituciones vean verdaderamente por los intereses del pueblo, y no se preocupen, eso de que la remoción es aceptar el fraude ni nos sorprende, ya lo habíamos pensado (y desde hace largo rato).

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