Lectura popular de la Biblia Serie: El Evangelio según Marcos
1 Se acercaron los fariseos a Jesús, con unos maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén. 2 Estos, al ver que algunos discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin haber cumplido con la ceremonia de lavárselas, los criticaron. 3 (Porque los fariseos y todos los judíos siguen la tradición de sus antepasados, de no comer sin antes lavarse las manos debidamente. 4 Y cuando regresan del mercado, no comen sin antes cumplir con la ceremonia de lavarse. Y aun tienen otras muchas costumbres, como lavar los vasos, los jarros, las vasijas de metal y las camas.) 5 Por eso, los fariseos y los maestros de la ley le preguntaron: --¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras? 6 Jesús les contestó: --Bien habló el profeta Isaías acerca de lo hipócritas que son ustedes, cuando escribió: 'Este pueblo me honra con la boca, pero su corazón está lejos de mí. 7 De nada sirve que me rinda culto: sus enseñanzas son mandatos de hombres.' 8 Porque ustedes dejan el mandato de Dios para seguir las tradiciones de los hombres. 9 También les dijo: --Para mantener sus propias tradiciones, ustedes pasan por alto el mandato de Dios. 10 Pues Moisés dijo: 'Honra a tu padre y a tu madre', y 'El que maldiga a su padre o a su madre, será condenado a muerte.' 11 Pero ustedes afirman que un hombre puede decirle a su padre o a su madre: 'No puedo ayudarte, porque todo lo que tengo es corbán' (es decir: "ofrecido a Dios"); 12 y también afirman que quien dice esto ya no está obligado a ayudar a su padre o a su madre. 13 De esta manera ustedes anulan la palabra de Dios con esas tradiciones que se trasmiten unos a otros. Y hacen otras muchas cosas parecidas. 14 Luego Jesús llamó a la gente, y dijo: --Escúchenme todos, y entiendan: 15 Nada de lo que entra de afuera puede hacer impuro al hombre. Lo que sale del corazón del hombre es lo que lo hace impuro.
EL PRETEXTO
No hay nada en esta vida que por muy revolucionario y liberador que sea, no corra el riesgo de petrificarse y neutralizar lo que originalmente representaba una alternativa esperanzadora. Ni las propuestas socialistas, ni el cristianismo han escapado de ser domesticadas por quienes se han considerado sus máximos representantes e intérpretes. “No hay nada más antimarxista que el dogma y la petrificación de las ideas... algunas de las ideas esgrimidas en nombre del marxismo parecen auténticos fósiles… el marxismo necesita desarrollarse, superar su condición de anquilosis…y actuar como una fuerza revolucionaria y no como una Iglesia pseudorevolucionaria” (Fidel Castro). Si estas afirmaciones se las atribuimos al cristianismo, encajarían perfectamente.
EL TEXTO
En este texto tenemos otra vez una confrontación entre Jesús y los representantes por excelencia de la religión judía: los escribas y los fariseos. La historia se puede dividir en tres momentos. El primer momento (V.1-5) tiene que ver con la violación de un rito de purificación por parte de los discípulos, al comer con las manos sucias. Los líderes religiosos eran extremadamente celosos en el cumplimiento de una serie de códigos, practicas y ritos que regulaban la vida socioreligiosa del pueblo, y en este caso el lavado de manos era fundamental para la pureza de las mismas, a la hora de tomar los alimentos. Por eso la indignación y reclamo de los lideres antes esta falta. El segundo momento (V. 6-13) lo marca la respuesta de Jesús: “Este pueblo me honra con la boca, pero su corazón está lejos de mi”. La referencia al profeta Isaías sirve para desenmascarar la hipocresía de los fariseos y escribas, Su preocupación no es la falta de higiene de los discípulos, sino las implicaciones que tienen las múltiples costumbres establecidas por ellos para su hegemonía religiosa. Le dieron la espalda a los mandamientos de Dios para esclavizarse a mandamientos establecidos por hombres. En otras palabras, domesticaron por medio de normas y costumbres institucionalizadas, el verdadero sentido de la obediencia a Dios. Y el tercer momento (V. 14-16) lo representa la inclusión del pueblo como auditorio ampliado de la respuesta de Jesús. Ahora, con el pueblo de testigo, Jesús responde directamente el cuestionamiento de sus detractares: “Nada de lo que entra de afuera puede hacer impuro al hombre. Lo que sale del corazón del hombre es lo que lo hace impuro”. La institucionalización de la fe que habían hecho esto lideres, había generado una serie de costumbres y prácticas que pasaba por alto los aspectos más significativos de la obediencia a Dios y la vida, y sobredimensionaban otros de carácter secundarios.
EL CONTEXTO
No es tiempo de absolutizar procesos, ni de canonizar practicas. Dios se mueve en una historia dinámica cambiante, y es relativamente fácil establecer nuestro propio “talmud ideológico y teológico”, para caer en lo mismo que se ha combatido: una vida dogmatizada y anquilosada social y políticamente. Los procesos de emancipación en América Latina tienen que seguir abiertos a nuevos aportes, visiones, propuestas, dinámicas que refresquen constantemente los mecanismos y estructuras populares. Y para quienes hacemos vida de iglesia hay que preocuparse más por la humanidad que por la sobrevivencia de nuestros propios grupos. Quienes consideran que es más importante su doctrina que las necesidades del mundo, y que se pueden defender los intereses de Dios sin preocuparse por la humanidad, están comiendo con las manos limpias, pero mantienen un corazón en extremo impuro.
Cesar Henríquez Marapacuto
Ministro Evangélico
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